Opinión

Un país para caricatura


“Resulta –decía Antonio Castillo Casco- que el Bachiller Lora tuvo una rara aventura en Managua después de movilizarse hasta allá atendiendo una invitación oficial. Yo después de ver el papel membretado, le dije que debía de ser una broma. El nuevo escudo parecía un barco que se hubiera ido a pique después de haber chocado contra el arco iris, y al enderezarse quedar de lado. Pero el Bachi estaba muy confiado en que, tal y como decía la misiva, lo iban a nombrar Primer Lustrador Oficial, y además le iban a imponer una Orden de las que andan repartiendo ahora con tanta generosidad. Será la orden de que se regrese a Masatepe, le dije yo. Pero William Tapia lo convenció de que fuera, pues ese escudo alegre era el del Reino y que el viejo había sido de la desaparecida República, y que no anduviera haciendo caso de quienes le habían dicho que el tal escudo era una caricatura de Molina. De Molina no, pero de la Primera Ama sí, comentó Onofre quien también andaba por Masatepe. El caso es que el Bachiller Lora se fue a Managua, no sin antes dejar a su idolatrada viejita bien apertrechada y recomendada a los vecinos”.
“Como se fue por la carretera de Jinotepe a Managua, un pasajero liberal que lo había oído decir que iba donde los que mandan, le dijo que tenía que bajarse en El Crucero y dirigirse a la Casa Penal de El Chile, cosa que ingenuamente hizo el Bachi, y al llegar ahí lo recibió en persona el Reo Real Arnoldo Alemán, quien le confirmó que gracias al pacto en esa Casa Penal, que era a su vez la verdadera del Partido Liberal Constitucionalista, descansaba la mitad del poder de Nicaragua, que de momento era algo así como el poder suplente, y que el poder propietario, que era el que hacía nombramientos y ponía medallas, estaba en la Real Secretaría del FSLN, por el Parque El Carmen. Ahí está la otra mitad del poder, le insistió advirtiéndole que ni se molestara en pasar por el Olof Palme, pues esas instalaciones en el futuro se convertirían en el Palacio de la Zarzuela, y que muchos menos se le ocurriera pasar por la Casa Mamón, pues estaba destinada a ser la sede del Parlacen”.
“Agradeció el Bachi las recomendaciones del Caudillo Liberal, y con ellas se dirigió hacia donde el otro caudillo. Después de muchas dificultades consiguió llegar y aguantar unas tantas horas de espera, pues al parecer los antiguos miembros de la Seguridad del Estado lo habían confundido con un periodista. Por fin lo atendió una lacónica secretaria quien leyó la misiva, y le hizo la observación de que su nombramiento era para trabajar en el Palacio de la Zarzuela Nicaragüense, cuando estuviera listo gracias a una ayuda que se gestionaría ante el Rey Juan Carlos. De todas maneras, agregó, dicho nombramiento se produciría con los del Nuevo Gabinete, el cual sería escogido por los Consejos Reales, el año que viene. En lo que se refería a la Orden, le explicó que la que le iba a corresponder aún no había sido creada, pero que de un momento a otro le enviaban el decreto directamente a La Gaceta, pues ahí no había burocracia, y que le avisaría para que la viniera a recoger, aun cuando era más probable que se la otorgarían en un acto de masas en Masatepe, y valga la redundancia, sonrió por primera vez la secretaria quien para despedir al desconcertado visitante quiso contentarlo diciéndole que la pareja de mandatarios le enviaban sus más reconciliadores saludos, con las bendiciones e indulgencias del propio Cardenal Obando”.
“Se regresó, pues, el Bachi, más pobre de lo que se fue, por haber gastado tanto dinero en solo pasajes. Ahí tiene la carta, los saludos reales, las bendiciones y las indulgencias, pero dice que no acaba de saber en dónde fue que estuvo: Si en la casa del partido danielista, en un Palacio Real o en la Casa de Gobierno de Nicaragua. Yo, -estaba por finalizar su historia Antonio Castillo- le dije que ahora en el Reino Socialista de Nicaragua, todo era lo mismo y que no anduviera creyendo en burocracias ni en órdenes y mucho menos en nombramientos como Primer Lustrador Oficial, pues con tanta competencia como la que hay, iba a durar en su puesto menos que la Glenda Ramírez Noguera u Orlando Núñez. El colmo es que el Bachi me contestó: La verdad es que yo nunca creí en esa carta”.
Estaban gozando con esta historia y dirigiéndose hacia la Punta de Plancha donde Coma Rico a degustar unas deliciosas tortitas de sardina, propias de estos tiempos y una Sopa de Queso, cuando el de Masatepe concluyó: “Ya hay algo muy bueno aquí en Masatepe, y es que se puede dormir por las noches, pues gracias a unas sabias disposiciones del Alcalde, no se debe hacer bulla más allá de las diez de la noche. Así, hasta el Bachiller Lora podrá soñar tranquilo y no tener pesadillas despierto”.

Jueves, 8 de marzo del 2007.