Opinión

El banquete


El ex presidente Enrique Bolaños ha manifestado que le deja la mesa servida a Daniel Ortega. Veamos qué es lo que le deja:
Más de un millón de niños sin posibilidades de asistir a la escuela. La mitad de los nicaragüenses viviendo con menos de dos dólares diarios. Más del 30% de la Población Económicamente Activa sin empleo. Un déficit de energía de más de cien megavatios. Barrios y poblaciones enteras sin el vital líquido: el agua. Una clase política corrupta, gansteril y mafiosa. Salarios del Estado que son la envidia de los países desarrollados. Un sistema financiero de dudosa reputación, enriquecido en operaciones financieras fraudulentas, que una vez consumadas se lavan a través de fusiones con bancos internacionales. Un déficit habitacional de más de doscientas mil viviendas. Una deuda interna impagable, ilegal, ilícita e inexistente.
A pesar de que el 62% del pueblo le dijo no a Daniel Ortega, los intereses creados le dieron el beneficio de la duda. Es así como los banqueros manirrotos dijeron sí señor. La Cámara de Comercio dijo sí señor. La Cámara de Industrias dijo sí señor. La Cámara de Comercio Americana dijo sí señor. La industria de los vicios (guaro, ron, cerveza y cigarros) dijo sí señor. En fin, el Cosep dijo sí señor.
De lo anterior no hay que asustarse, es normal que los vasallos rindan pleitesía a sus conquistadores.
No obstante, me llama la atención que todos los agentes económicos que dijeron sí señor lo hicieron con las manos dentro de los bolsillos. No sé lo que esto signifique, pero me parece que no están siendo sinceros con Daniel Ortega.
El presidente de los sandinistas al lograr que los diputados suspendieran la aplicación de las reformas constitucionales, se apuntó una victoria brillante que inmediatamente capitalizó a través de una serie de decretos de corte inconstitucional y dictatorial. Esto lo presenta ante el pueblo como el hombre fuerte que el país necesita, distinto al débil y tímido Bolaños.
Ortega como presidente de los sandinistas tiene pocas opciones políticas. Una unión fuerte, sostenida y mantenida de las fuerzas democráticas daría al traste con sus pretensiones populistas y de democracia del montón. La extinta URSS y el MURO DE BERLÍN son mudos testigos de un pasado que pudo ser mejor.
En el aspecto económico, el presidente de los sandinistas les está poniendo peros al Fondo Monetario Internacional, institución que, como es sabido, recomienda y controla la sanidad de las economías de los Estados miembros. Esta incomodidad del presidente de las minorías es comprensible, pues los Estados con pretensiones dictatoriales no les convienen que les controlen sus planes económicos, máxime aquellos gobiernos que dejaron una agenda inconclusa y que tanta miseria causó a su pueblo.
Daniel Ortega basa sus expectativas económicas en la lepra negra del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. La lepra verde de Bush no fue capaz de unir a las fuerzas democráticas. Dicho de otra forma, pudo más el petróleo que los dólares. El subsidio de Chávez a Daniel se basa en ciertos límites de los precios del petróleo y en el corto plazo esos precios tienden a subir, por lo tanto, el subsidio está asegurado. Esto precisamente es lo preocupante, porque cuando los sandinistas aseguran los tres tiempos, la eficacia y la eficiencia salen sobrando.
Mientras todo esto sucede, los líderes religiosos se aprestan a participar en el festín y un hombre humilde y harapiento se presta a ser crucificado por segunda vez. Alguien me dijo que se llama Jesucristo.
Pueblo nicaragüense: el presidente Ortega te invita a un banquete; el ex presidente Bolaños le dejó la mesa servida. El menú es el mismo de siempre, la especialidad de la casa: pan para los ricos y excremento para los pobres.

El autor es Contador Público y Administrador de Empresas