Opinión

Quien calla otorga


El inaudito silencio de la Iglesia Católica nicaragüense sobre el caso del padre Dessi, enjuiciado por seis jóvenes en Italia de abusar sexualmente a un grupo indeterminado de niños en su centro en Chinandega, pretende quitar notoriedad al caso, pero consigue en realidad evidenciar el tremendo menosprecio de esa iglesia hacia los abusos sexuales contra la niñez.
No sólo eso, sino que también la jerarquía calla respecto a las amenazas de muerte que ciertos personajes han hecho públicamente, declarando que esos jóvenes deberían ser quemados en el parque de la ciudad y cosas por el estilo que reflejan un espíritu de inquisición insólitamente vigente en cierta clase de feligreses.
Resulta que ahora las víctimas son perseguidas y amenazadas de muerte tranquilamente, mientras todavía una parte de la población de Chinandega sigue defendiendo ciegamente al cura y se siente, además, con el derecho de atacar a los denunciantes ¿Qué clase de fanatismo puede explicar semejante actitud?
La población de Chinandega debería estar movilizándose masivamente para impedir que un solo niño más sea abusado en ese centro, y la Policía y el Ministerio Público deberían abrir una investigación para saber cuántos niños han sufrido o están siendo víctimas de estos criminales. ¿De qué clase de mentalidad puede provenir el argumento de que las buenas obras justifican la pedofilia? ¿De qué buenas obras estamos hablando, por Dios, si a las espaldas de una confiada población se sodomiza a las criaturas?

Las declaraciones que se han hecho a los medios de comunicación reflejan de manera brutal el descaro de los poderosos que protegidos por su investidura religiosa no sólo se burlan de la inocencia de la niñez y de la población que confía en ellos, sino además de la justicia en nuestro país; porque es el colmo que seis jóvenes hayan tenido que ir hasta Italia para que les creyeran en vez de hacer la denuncia en su propio país.
Resulta absolutamente escandaloso que tanta gente esté preocupada en encontrar argumentos que encubran a los abusadores en vez de defender y proteger a las criaturas abusadas. Es una vergüenza que se haya hecho semejante campaña en Chinandega para esconder las miserias de un pedófilo en vez de hacerla para preservar la integridad, la dignidad y el derecho de los denunciantes.
Es evidente la impunidad que se otorgan ciertos representantes de la Iglesia para destruir la vida de la niñez y encima pedir credibilidad y respeto. La Iglesia debería --si fuese consecuente con su prédica-- encabezar la denuncia sobre los abusos sexuales a la niñez y no promover la espantosa doble moral con que los encubre. Sus jerarcas ya deberían estar movilizando a los feligreses para lograr que en cada parroquia o cada centro que les pertenece se denuncien los casos de este tipo y se defienda a los indefensos. Que la Iglesia Católica limpie sus filas de pedófilos o que calle para siempre, porque no podemos creer en una prédica desmentida cotidianamente por la realidad.