Opinión

La controversial tilapia


No hay duda de que la inofensiva tilapia despierta en algunas personas pasiones viscerales inexplicables que les hacen perder perspectiva y objetividad. Me refiero a un artículo reciente publicado en su diario con el título “La rebusca en el Cocibolca” - “Espaldas mojadas” en Cárdenas”, del pasado 14 de febrero, que resultó interesante en su esencia, ya que enfoca el drama de la pobreza vista a través de un pescador de Cárdenas que debe migrar al Cocibolca para pescar porque en su municipio no hay trabajo.
El artículo señala claramente que los inspectores de la pesca afirman que los pescadores se han extralimitado y que prevalece un irrespeto a los recursos acuáticos porque no hay control de veda, especialmente con los peces grandes como el tiburón, el pez sierra, el sábalo real y el cuajipal, entre otras especies en extinción.
A pesar de esa diáfana afirmación sobre lo que está sucediendo con las especies nativas del Gran Lago, de repente entra en escena la tilapia y el proyecto en jaulas flotantes que opera en Ometepe, y llama la atención que el periodista asevere de manera categórica que el pescador “sabe” que también estos peces afectan a las especies nativas.
Sin ofensa al humilde pescador que tan sólo hace eco de tendenciosos argumentos, lanzados a rodar desde antes del inicio del proyecto, resulta audaz utilizar la palabra sabe porque da por un hecho la validez científica de ese argumento folklórico. Pero lo más asombroso es la afirmación de que “ese pescado (presumo que se refiere a la tilapia) corre al pequeño y llama a muchos animales grandes”.
A estas alturas, cualquier ser se preguntaría, al igual que yo: ¿cómo puede alguien saber que el proyecto contamina si nadie ha presentado una sola prueba que lo demuestre, o peor aún que un pez enjaulado corre a otro pez? Las contradicciones del artículo están de manifiesto, pero no obstante se publican, lo que no abona a la responsabilidad periodística. Además, el periodista omite que el pez tilapia nilotica (mismo que se cría en jaulas) abunda en libertad en el Cocibolca y, aunque no es nativo, ya es un pez naturalizado y forma parte del ecosistema de ese cuerpo de agua.
El Departamento del Ambiente y Biología de la Universidad de Ohio, que hace estudios de especies nativas y exóticas en diferentes partes del mundo, ha clasificado y describe a la especie “naturalizada” como “una especie no nativa que se ha establecido y prosperado en el ambiente donde ha sido introducida, sin conocerse de efectos adversos a los ecosistemas nativos”. Ese es el caso de la tilapia que fue introducida en nuestros cuerpos de agua, en algunos casos, desde hace más de 50 años, y según su patrón de colonización esta especie prospera y, a diferencia de otros peces, se hace parte del nuevo hábitat inmediatamente. Otros organismos como el Plan Regional de Pesca y Acuicultura Continental (Prepac) consideran a la tilapia, en nuestra región, como una especie nativa (fuente: laprensa.com.sv).
El aludido pescador, además, “expresa” que los desperdicios de esos peces “enjaulados” pasan “de viaje para el agua y no hay dónde retenerlos” y que ello está contaminando el lago. Esta “docta” afirmación echa por tierra todos los resultados de los análisis físico-químicos y microbiológicos que se realizan periódica y sistemáticamente en la superficie, el medio y el fondo de las aguas de las jaulas y de otros seis puntos de Ometepe, los que, después de tres años consecutivos, no indican que exista contaminación producida por la operación del proyecto. Estos estudios rolan en manos de las autoridades competentes. Amén de que el Cocibolca presenta extraordinarias características de recambio de sus aguas.
Es ya conocida la existencia de fuertes intereses que han promovido una intensa y sistemática campaña de difamación contra el proyecto, aun desde antes de iniciar operaciones, sin que a la fecha nadie haya mostrado una sola prueba de sus argumentos; antes bien, han divulgado falsedades y medias verdades, valiéndose del enorme desconocimiento que existe en Nicaragua sobre la piscicultura, sus técnicas de desarrollo y sus beneficios a nivel mundial, regional y nacional.
Ahora que está de moda la limpieza de nuestras aguas para diversos usos, incluso para la exportación y el turismo, valdría la pena desempolvar un estudio realizado por Procuenca San Juan (proyecto binacional auspiciado por el Ministerio del Ambiente y Energía del Gobierno de Costa Rica, Ministerio del Ambiente de Nicaragua, Fondo para el Medio Ambiente Mundial, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y Unidad de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente), el cual revela cómo las áreas de mayor contaminación del Lago son las costas de Granada y las de Boaco, Chontales y Rivas (donde hay ganadería y arrozales), además de algunas otras fuentes de polución localizadas en el vecino país del sur.
Pero volviendo al tema de la pesca, es evidente que la dinámica poblacional del lago Cocibolca hace que la presión sobre los recursos acuáticos aumente y la situación sea cada vez más difícil si las alternativas de pesca son limitadas. El número de pescadores se incrementa considerablemente, al menos en esta época, mientras la cantidad y la diversidad de las especies van en disminución por la sobreexplotación del recurso, lo cual tiene un impacto ambiental importante. Y precisamente para contrarrestar esta tendencia, que es mundial por el crecimiento poblacional, que se ha desarrollado la piscicultura y se han introducido en casi todos los cuerpos de agua naturales de la región decenas de miles de alevines o crías de tilapia con la idea de preservar y aumentar la población de las otras especies. Aquí estamos hablando de lagos naturales y ancestrales como Amatitlan en Guatemala e Ilopango en el Salvador, tan sólo para mencionar algunos.
Un enfoque responsable, al menos para paliar la pobreza, sería el promover y fomentar la pesca, consumo y comercialización de la tilapia silvestre que está en libertad en el Cocibolca, lo cual contribuiría a la alimentación de quienes habitan alrededor del lago.

*Consultora en RRPP.