Opinión

La barba en remojo

A Franz Galich y Danilo Torres

El asesinato atroz de tres diputados parlacénicos salvadoreños más su conductor en Guatemala y la posterior masacre de sus presuntos asesinos, cuatro policías guatemaltecos de alto nivel, en un presidio de máxima seguridad repleto de “mareros”, no deja de causarnos estupor, temor y temblor. Aunque habitamos un mundo cuyas iniquidades cotidianas nos han ido quitando la capacidad de asombro, quizás estas sensaciones nos afloren por la proximidad geográfica de Guatemala, país bello, amado y sufrido, en el cual, sin necesidad de hacerle un diagnóstico sociológico, es evidente la severa crisis de seguridad, institucionalidad y gobernabilidad a que está sometido por el poder de los narcotraficantes y de otras mafias similares.
O quizás sea porque recientemente en Nicaragua nuestra querida y respetada comisionada general de la Policía Nacional, Aminta Granera Sacasa, ha sido amenazada de muerte por mafias de la misma calaña. O por la terrible muerte en su casa de habitación del poeta Dr. Danilo Torres en Estelí por manos de asesinos desalmados, sin que aún quede claro para la ciudadanía y opinión pública el móvil del crimen. Hechos reales, patentes y fuertes que obligan a poner nuestras nicaragüenses barbas en remojo en las aguas de la reflexión profunda y la toma de decisiones urgentes.
Reflexiones individuales y colectivas que deben estar regidas por la lucidez y el coraje y que deben asumirse con conciencia de nación y de unionismo centroamericano. Ningún país centroamericano puede darse el lujo de creerse una isla a la cual los terribles problemas del vecino un día no tocarán a sus puertas. Si no veámonos en el espejo del más grande intento insular habido en Centroamérica, me refiero a la Suiza centroamericana, mejor conocida como Costa Rica, quien con su inveterado complejo eurocentrista, siempre creyó que los nicas empobrecidos no iban a cruzar la frontera (cuando ni alpes hay) en busca de mejores horizontes y ahora alberga a unos cuantos miles de nicanores. Deben vivir una pesadilla similar a una hipotética Alemania plagada de polacos.
Hay dos problemas de sobrevivencia de la especie humana que acicatea al mundo y van más allá de cualquier visión, ideología política, fe religiosa, concepción del poder, sistema de gobierno, usos y costumbres culturales. Dos problemas que las autoridades locales, regionales y mundiales con el apoyo de sus respectivas comunidades deben abocarse a resolver perentoria y urgentemente: 1. El problema del recalentamiento global y el colapso ecológico planetario. 2. La inseguridad ciudadana provocada por el crimen organizado y el terrorismo.
Si no se resuelven estos dos nudos gordianos, no tiene mucho sentido continuar remando, porque la democracia o el socialismo, el machismo o el feminismo, la heterosexualidad o la homosexualidad, la riqueza o la pobreza, la justicia o la injusticia, la paz o la guerra son problemas que presuponen la existencia de la especie humana, y estos dos últimos amenazan con hacerla desaparecer, o al menos convertirla en esclavos en un sistema totalitario, gobernado por el crimen organizado, cuyo desprecio por la vida, cinismo y crueldad son inéditos. Esto será irreparable después de la caída militar y policíaca del último imperio, que creará un vacío de poder tan grande como un hoyo negro cósmico, a ser copado por dos organizaciones criminales: el capital financiero mundial y el crimen organizado, para ulteriormente inclinar la balanza al favor del segundo al final del día y después de romper el séptimo sello. Las profecías, como los consejos, tampoco las cobro.
Frente a estos dos graves problemas las autoridades políticas, militares y religiosas de Centroamérica en ocasión de la revisión del cumplimiento de los Acuerdos de Esquipulas I y II, deben imponerse una estrategia de analizar lo crítico de la situación, plantear alternativas y tomar decisiones de sobrevivencia regional. El Salvador, por ejemplo, junto a Perú son los dos países de América Latina destinados a quedarse sin gota de agua en un plazo relativamente corto. ¿Qué hará Nicaragua, la primera potencia hídrica de C.A., en este caso? ¿Dejar de morir de sed a los salvadoreños porque ahora todos son de la Mara Salvatrucha?
Los presidentes de las repúblicas centroamericanas deben tocar las alarmas, como antaño, en el siglo XIX, las campanas tocaron a rebato llamando a combatir y echar del país a los filibusteros yanquis. Estos señores, a los que les pagamos muy bien, deben constituir un consejo de seguridad de Centroamérica con el fin de formular líneas de acción destinadas a parar el desastre ecológico y el dominio real de la región por parte del crimen organizado. Para ello se deben potenciar y activar todas las instancias de integración del área, ya que las amenazas son reales y definitivas.
Así mismo, deben destinar los montos presupuestarios, como país y región, requeridos para el control y erradicación del crimen organizado, utilizando la educación, la coerción y la represión, atacar el problema de la erradicación de la pobreza y del desarrollo humano sostenible, buscar las alianzas y apoyo internacionales con los polos de poder mundial legales, cambiar las reglas del juego en el nombramiento de jueces y magistrados, generar nuevos mecanismos de control sobre las judicaturas y magistraturas, así como aumentar la capacitación, la logística y los salarios de las fuerzas encargadas de velar por nuestra seguridad.
Hoy más que nunca el mundo conoce sus problemas y como nunca antes tiene la capacidad filosófica, política, científica y técnica para resolverlos. Es cierto que debimos empezar ayer, pero no importa, empecemos ahora, mañana puede ser tarde. Las garras del narco tiran de nuestras barbas y amenazan arrastrarnos por un inmenso desierto.