Opinión

Una solución para el asunto de los misiles


Mucho se ha hablado sobre este tema, especialmente desde el comienzo del nuevo gobierno. Hay diferentes teorías acerca de qué se debería hacer con los misiles SAM 7 (que realmente no son de ese tipo, sino de otra generación más efectiva), pero el problema es que la parte que quiere que se destruyan no propone nada a cambio. Esa parte, llámese Estados Unidos o quien sea, quiere su destrucción porque sí, sin tomar en cuenta que Nicaragua es el país con menos presupuesto militar y con los medios militares más viejos del istmo.
Por ejemplo, Nicaragua posee no más de 10 helicópteros rusos MI-17 que han sido “remotorizados” varias veces. Sólo por la excelente labor de mantenimiento del Ejército es que estas naves todavía vuelan. Ya los tiempos en que el país tenía MI-25 (los tanques voladores), máquinas de carácter ofensivo, se acabaron, pues los mismos fueron vendidos al Perú hace mucho tiempo. Nicaragua no posee marina de guerra. El país no cuenta con ningún medio naval capaz de navegar más de 10 días en alta mar sin tener que tocar base. Los Estados Unidos recientemente donaron a Nicaragua varios botes de goma que no pueden pasar de las 12 millas náuticas y ni siquiera sirven de guardacostas. Las últimas lanchas patrulleras coreanas de la década de los 80 ya no sirven y ahora yacen inertes en San Juan del Sur y en Puerto Cabezas. Es más, el Ejército Nacional ha tenido que utilizar cañones de los tanques T-55 para poder adaptarlos a las pocas lanchas con que cuenta y poder hacer la mueca que cuenta con “cañoneras” cuando en realidad son plataformas hechizas incapaces de sobreguardar la soberanía o luchar contra el narcotráfico. A pesar de esas limitaciones, Nicaragua es el país más seguro de Centroamérica y líder en la región en captura de narcotraficantes.
Nicaragua, aparte de los misiles, no tiene medios efectivos de defensa antiaérea. El país tiene varias ZU-21 multibocas (“cañones antiaéreos triple A”), pero son inefectivas contra los F-5 hondureños, pues su alcance es limitado y su tecnología bastante obsoleta. Para dar un ejemplo, Saddam Hussein tenía más de 150 ZU-21 y ZU-23 de la última generación, y no pudo bajar ningún avión en la guerra del Golfo, ni siquiera los Harrier ingleses, que son bien lentos. Con lo único que cuenta el país para defender su espacio aéreo es con los misiles Igla, mal llamados SAM 7.
Los Estados Unidos quieren su destrucción, pues temen que caigan en malas manos. Ellos los ven como un problema y Nicaragua como una defensa necesaria. Las dos partes le ponen valor a los misiles. ¿Por qué no, entonces, los Estados Unidos pagan por la destrucción de algunos misiles de acuerdo con el valor que ellos le ven a la “amenaza” que representan? En los Estados Unidos se le da valor a ese tipo de transacción. Se llama “paying for the nuisance” (pagar por gases o acciones emitidas o causadas por el funcionamiento de industrias) y el juez Federal de Chicago, Richard Posner, es famoso por haber escrito sentencias en las cuales las partes pagan por cosas que unos consideran dañinas y otros valiosas. Por ejemplo, hay industrias que compran “cuotas de oxígeno” para poder seguir produciendo polución en sus fábricas. Lo hacen mientras les da tiempo para lograr una mejor tecnología. Entonces que los Estados Unidos compren unos misiles, no todos, al precio del “mercado” para que Nicaragua, por ejemplo, compre armas para su defensa o invierta ese dinero en otros rubros. De esa manera las dos partes ganan. Se puede vender cada misil a U$50,000.00 (barato, porque en el mercado negro valen el doble). Si se destruyen 600 misiles sólo ahí Nicaragua tendría 30 millones de dólares. Con ese dinero, y asumiendo que se gaste en defensa, el país lo da de entrada para obtener un préstamo y se puede comprar lo siguiente: nueve aviones Súper Tucanos al Brasil a 7.5 millones cada uno; seis lanchas armadas (7-10 tripulantes) con cañones Otto Melara o Bofors a cuatro millones cada una (las vende Holanda, Turquía, Francia o Italia); seis helicópteros nuevos MI-17 rusos a 3.5 millones cada uno y dos AN-26 (aviones Antonov de transporte) usados en buen estado que los vende Ucrania. Los Súper Tucanos (aviones ligeros turbo hélice) son perfectos para combatir el narcotráfico y velar por la soberanía; las lanchas le darían al país más libertad de cubrir su litoral; los helicópteros son vitales para transporte y desastres naturales, y los AN-26 para reemplazar los dos que hay. Ninguno de estos medios militares puede ser interpretado como una amenaza a nadie, pues los F-5 hondureños son aviones caza, y los Súper Tucanos no.
Colombia tampoco podría reclamar, pues las lanchas patrulleras no serían rivales para las fragatas y submarinos alemanes con que cuenta su Armada. Colombia cuenta con cuatro fragatas misileras de gran alcance. Una de ellas, la “ARC Antioquia”, está fondeada frente a San Andrés. Además, ese país suramericano cuenta con dos submarinos SU-1200: el “ARC Pijao” y el “ARC Tirona”, que claramente son medios navales ofensivos de gran poder. Los dos países, Honduras y Colombia, tienen Súper Tucanos en sus flotas. Honduras tiene más de seis y Colombia acaba de adquirir 25.
No hay institución (sólo la Iglesia) más respetada que el Ejército. Yo los veo cómo patrullan la frontera norte a pie, casi sin recursos, pero con gran amor patrio. El Ejército de Nicaragua se merece mejor trato y mejor equipo.
Lo anterior es sólo una humilde propuesta de cambiar unos cuantos misiles por mejor equipo para el Ejército o para lo que el país necesite. Gracias.
*El autor es abogado, cafetalero y sabe algo de estas cosas. Vive entre Pinecrest y Dipilto.