Opinión

Que la justicia tenga rostro de justicia


“Dicen –comenzó las pláticas Sherlock- que la Monarquía piensa abrir un medio escrito para contrarrestar el veneno en el corazón que tienen, es un decir, quienes disienten del Rey, la Reina y su Cardenal. En cuanto a los otros medios, pues tendrán, como ya se vislumbra, un negro porvenir dentro del socialismo salvaje de los Consejos Reales. Apegarse a la Ley será inclinarse ante el Rey, genuflexión que será valorada por la Reina y bendecida por el Cardenal. A quienes consideren que se portan mal, les caerá las siete plagas de Egipto económicas. El periódico oficialista será el poseedor de la verdad absoluta, la que el Cardenal elevará a categoría de dogma, y de él, por lo tanto, tendrán que aprender los otros medios. Los monárquicos serán, parodiando una frase de otros tiempos, implacables con los justos y generosos con los serviles”.
Dijo Watson: “Nunca ha funcionado la mentira y la constante apología del poder y la gloria, como la palabra escrita en libertad. La historia demuestra que la verdad ha sobrevivido dictaduras. Los nicaragüenses tenemos la experiencia de los Somoza, en donde el periodismo jugó un papel crucial apoyando toda causa justa, aún a riesgo de la vida de sus miembros. Con héroes en su gremio, el periodismo cuenta muchísimos, para tan solo recordar a Manuel Díaz y Sotelo y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Ojalá que lo que supo Sherlock sea tan solo un decir, porque si es una realidad, chocará contra la historia que siempre ha condenado esas aberraciones. Cada palabra tiene un alma, dijo Rubén Darío. Por lo tanto el periodismo cuenta, por encima de presiones políticas y económicas, con millones de almas insurrectas, que velan por la dignidad y la libertad de los pueblos”.
“Elemental, nuestro querido Watson”, exclamaron todos al unísono, y el de Masatepe intervino: “Es que la farsa, aun disfrazada de populismo, no engaña al pueblo y éste tarde o temprano cobra la estafa. A propósito de estafa, recientemente el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, como si jamás se hubiera desaparecido un solo dólar proveniente del narcotráfico en su Corte, dijo que para combatirlo hacía falta que los jueces no tuvieran rostro, y, diría yo que ya desde ahora no tienen rastro, pues nunca aparece lo que desaparece. ¿Sin rostro para qué? ¿Para protegerse de los narcotraficantes agradecidos que dejan en libertad y a quienes hasta les regresan el dinero? En todo caso, por el favor y la comisión, los buscarían nuevamente cuando reincidieran ellos o sus sucesores en fechorías. El presidente de la Corte Suprema de Justicia se olvida de sí mismo y de sus compañeros, y quizás sueña ser otro y en otro país, donde los jueces realmente apoyan el trabajo policíaco y con sus fallos justos arriesgan de tal manera su vida, que intentan protegerla cubriéndose el rostro pero poniendo al descubierto el delito y la inmoralidad. Son jueces que no roban y dan ejemplo de probidad; jueces que no echan por la borda el trabajo policíaco; defensores públicos que no defienden al delincuente sino que lo acusan; jueces que no necesitan rostro porque el que tienen es el de la Justicia”.
“¡Elemental, nuestro querido come ñundo!”, dijeron todos, y el de Managua agarró la cuchara: “Todo esto ha venido a colación por las amenazas de muerte a nuestra querida Comisionada Aminta Granera. Ladran los narcotraficantes, luego es que la policía trabaja. Ya lo habíamos dicho y lo repetimos: ¡Buen trabajo el de los quiebres al narcotráfico! Tan buen trabajo, que les ha dolido al extremo de fraguar atentados contra la Comisionada en particular y la policía en general. En estas circunstancias y esto es lo mejor, esta institución no se siente amedrentada sino orgullosa y más decidida, según lo han expresado sus altos mandos. Es un momento, me parece a mí, en que la Policía, está cerrando filas con la moral, la honestidad y la valentía. Es el momento en que el Presidente de la República debiera de apoyar al máximo de lo posible económicamente a esta institución, para que extermine esta lacra de las drogas que contamina nuestra sociedad y destruye a nuestra juventud y hasta nuestra niñez. Aquí sí que el ejecutivo se apuntaría un diez, pues todos sabemos que los expendios de drogas se nutren del narcotráfico, y que éste a su vez se siente protegido bajo la toga de jueces venales. Por lo tanto yo también abogo porque los jueces tengan rostros y que solo los escondan aquellos que se venden por corruptos, cobardes y codiciosos. Que los jueces honestos tengan rostros para enfrentar primero que nada la corrupción interna que existe en el sistema judicial. Es el momento en que la ciudadanía también debe cerrar fila alrededor de la justicia, y si esto significa abolir el poder judicial vigente gracias a los pactos entre caudillos, pues a abolirlo. La muerte por drogadicción se ha estado enseñoreando en el país, debido a la impunidad del narcotráfico. Si en esta lucha la policía está dando la cara por nuestra sociedad, es la hora de la reciprocidad y de exigir que la Justicia tenga rostro de Justicia”.
Jueves, 1° de marzo de 2007