Opinión

Atención integral a los adultos mayores, inminente necesidad


La vejez, al igual que cualquier maquinaria de mucho uso, con cuidados puede durar bastante.
Nuestra población es eminentemente joven. La mayoría se ubica entre los menores de 40 años, según estadísticas del censo más reciente. Los mayores de 60 años son aproximadamente un 4 a 6 % del total, es decir un poco más de 300,000 habitantes. Para 2015 las proyecciones hablan de entre un 7 y un 9%, lo que representaría unas 461,250 personas que estarían en edad de jubilación, dejando de ser económicamente activas, lo que no quiere decir improductivas si se definen políticas públicas orientadas a su atención desde este inicio de gobierno. Tal cantidad es similar a la reportada actualmente por la Seguridad Social como cotizantes activos.
Ser viej@ no es sinónimo de discapacitado, lo defienden enérgicamente las organizaciones de la tercera edad, mas ubicarse en este segmento de población los convierte en seres de mayor vulnerabilidad ante las agresiones del entorno físico, como la falta de programas de fomento y protección de la salud física y mental de parte del Ministerio de Salud y del Instituto de Seguridad Social; este último es quien debe velar por el ocaso de quienes durante su vida laboral aportaron cuotas de dinero regularmente y al jubilarse solamente reciben RESTOS de atención CURATIVA, olvidando la prevención, fomento y rehabilitación, que sería la conveniencia por sus características particulares.
La economía del país es una variable a considerar para la elaboración y ejecución de normas orientadas a este grupo, y lógicamente el binomio madre/hijo y las mujeres en general ocupan lugares prioritarios en los planes a seguir, pero no debemos descuidar a los adultos mayores como de mayor vulnerabilidad, pues en estas edades casi siempre se tienen como patrimonio no cuentas bancarias ni bienes materiales, sino más bien tres, cuatro y hasta cinco enfermedades discapacitantes como la diabetes, la hipertensión y la artritis reumatoidea, entre otras. Si pensamos dónde podemos actuar mejor aun con pocos recursos, LA PREVENCIÓN sería la mejor alternativa, de ahí la necesidad de fortalecer los programas de pacientes crónicos o dispensarizados, donde cada mes podemos evaluar y monitorear el estado de salud de quienes padecen enfermedades que pueden volverlos discapacitados si no actuamos con responsabilidad y conciencia. De la misma manera, económicamente resulta mejor, pues cuesta menos garantizar mensualmente las pastillas y exámenes de control a un diabético o hipertenso, a nivel de centro de salud, que tener que atenderlo en un hospital descompensado y con un accidente cerebrovascular (derrame) o con la necesidad de amputarle un miembro por gangrena. Lo que ganamos en CALIDAD DE VIDA es invaluable.
A nivel de fomento y siempre de prevención, la Estrategia de Casas de Día sería de mucha utilidad para una atención integral a nuestros viejos. Contar con un sitio donde pasar el día (de allí su nombre) recibiendo diferentes terapias como fisioterapia, musicoterapia, hidroterapia y terapia laboral, entre otras, les volvería agradable sus días de ocaso, sin temor a caer en depresión por estar viendo pasar los tiempos de comida en espera de la llegada de la noche. La experiencia del centro recreativo del Seguro Social valdría la pena reproducirla por zonas geográficas, para hacerlas accesibles a todos, sin menoscabo por no haber sido cotizante, pues el derecho se lo proporcionaría el hecho de ser un adulto mayor. Aquí se podría desarrollar la participación comunitaria al integrar a las familias en la sostenibilidad de los centros, pues no podemos delegar toda la responsabilidad al Estado, que es lo que pasa con los pocos asilos vigentes, donde las familias van a depositar a su anciano y lo olvidan para siempre.
Hagamos el intento de devolverles todo a quienes un día nos dieron VIDA.