Opinión

¡Cuidado hace agua este barco!


El presidente Ortega lleva ya casi cuarenta y cinco días y aún no define un plan de gobierno, y parece todavía no estar claro del proyecto con que piensa gobernar. Hasta hoy, el revolucionario Presidente ha abundado en ambiguas declaraciones y conceptos oscuros rellenados de populismo, que teóricamente aclaran poco, y que en la práctica no servirán para nada si no toma en cuenta que para enrumbar al Estado positivamente con la brújula puesta en la mira del desarrollo, hay que gobernar y administrar con sentido de realidad. Vale recordar que éste fue el problema fundamental con el que tropezó el ex presidente Bolaños, quien hizo buena administración a medias: fortaleció la carcomida reserva monetaria del Estado, facilitó la inversión extranjera, mejoró la deteriorada imagen de la nación abandonada por el convicto ex mandatario Dr. Alemán, pero fue también campeón de una lastimosa y pírrica tarea: administró el Estado, como antes lo señalé, a medias, pero no gobernó.
Como pudimos ver, estuvo acosado por una serie de condiciones negativas en las que despuntó la ferocidad de sus contrincantes políticos y la venalidad de algunos de sus más estratégicos hombres de confianza, a quienes colocó en áreas donde es necesario tener buena dirección y soportes de conocimiento. Al fallar esto, con el transcurrir de los meses, el jefe del Gobierno quedó cabalgando solitario como llanero perdido o, peor aún, en el abandono, lo cual fue una verdadera desgracia para un buen hombre, como considero a don Enrique Bolaños, pero que tristemente se ahogó en una excesiva ficción de súper-autoestima y la verbosidad labiosa de un grupo de aduladores. El estimado ex Presidente olvidó realizar dos tareas fundamentales para el ejercicio del poder en el contexto de una democracia: gobernar y administrar.
No es tarea fácil. Gobernar requiere valor y afinado criterio; administrar obliga a la rapidez en el tiempo de hacer las cosas y, por supuesto, es imprescindible una atenta y puntual supervisión. Si no hay supervisión a tiempo, nada vale el esfuerzo que sea capaz de hacer el más pintado de los gobernantes. Bajo ningún pretexto el responsable ejecutor de un ministerio debe ignorar lo que está sucediendo en lo que le corresponde dirigir. Y claro está, peor aún es que el jefe del Ejecutivo no esté al tanto de lo que sucede bajo su gobierno.
En cuanto a cierto tipo de compromisos políticos, en el Estado se dan suficientes espacios para satisfacer la empleomanía que se genera en los partidos que se alzan con la victoria en las contiendas electorales en que se logra el poder; pero de esto a satisfacer el ego de los incapaces colocándolos en sectores estratégicos para la salud del Estado es un error que se paga con la incompetencia y en mayor dimensión con la vergüenza. Soy de los que creo que sea quien fuere el gobierno del país debe hacer las cosas con el realismo que la situación requiere: que el Estado esté bien gobernado y, por supuesto, mejor administrado.
Creo que el Presidente tiene en su haber político algunos hombres probados --de acuerdo a la jerga popular-- y además capaces, los que a mi juicio han sido bien ubicados. Sin embargo, otros --especialmente demagogos y parlanchines-- pueden llegar a ser lastre que sólo encajaría ni mal ni bien donde no importunen la marcha administrativa y el desarrollo socioeconómico del Estado. Hay que tomar en cuenta que el mundo globalizado de hoy es un reto frontal para países como Nicaragua. No se puede continuar jugando al bailete del Güegüence; ya no son sacos de mentiras lo que se ofrece al pueblo para sacarlo de la pobreza, sino producción y crecimiento económico para una población que cada día se vuelve más densa y obliga a urgentes soluciones.
Nicaragua vive actualmente frente a un reto catastrófico que es necesario encarar:
Somos un país que tiene agua abundante, pero en los pueblos y barrios que vive la gente pobre es víctima de la sed; tenemos gran cantidad de fuentes hídricas y geotérmicas, pero más del 50% de nuestro pueblo carece de energía; como en muy pocos países del mundo de acuerdo a su raquítica economía, en nuestras calles y avenidas abundan los carros de lujo y las camionetonas, que han sido exoneradas bajo el artilugio fiscal, pero carecemos de pupitres escolares para atender la educación pública; se pagan enormes salarios que hacen festín de las finanzas del Estado, pero los maestros apenas tienen un salario con que llenar las elementales necesidades de su hambre… etc.
Hay que comenzar a parar esto, tal y como lo plantea y repite cierto famoso consultor fiscal; y en vez de vivir estirando la mano hacia afuera, hay que buscar lo propio adentro.
Nicaragua necesita cambios beligerantes dentro de una economía productiva y realista, en que participen y sean beneficiarios todos los sectores nicaragüenses. Y hay que poner los pies sobre la tierra nuestra y sus realidades económicas y sociales en el desarrollo y explotación racional de nuestros recursos. Nicaragua es un país rico; los pobres somos los nicaragüenses que no lo hemos sabido manejar en función del desarrollo económico y social. Es necesario el cambio dentro de la realidad que venga a dar respuestas al pueblo y no a empeorar sus condiciones. Hay que terminar con la imagen que pintó William Walker en su segunda venida al país para apropiarse de éste: Voy de regreso a Nicaragua, un maravilloso país, pero gobernado por inútiles.
*Escritor y ex Presidente del Partido Conservador