Opinión

La vita é fea


Hace unos años vi la película italiana “La vita é bella” (1997), interpretada y dirigida genial y magistralmente por Roberto Benigni. Narra la captura y posterior estancia en un campo de concentración nazi de un padre y un hijo judíos. Lo cierto es que el padre “fabrica” para su hijo toda una fantasía para que el niño no se dé cuenta de la terrible realidad que están viviendo.
Al final de la película el padre es fusilado, pero aun así, en su marcha hacia la muerte, por delante del verdugo, el padre fantasea y le advierte a su hijo que se quede escondido hasta que llegue un tanque que será el “premio” para el ganador de un juego que entre ellos habían ideado. La obra trata de enviar un mensaje de esperanza en medio de la catástrofe.
En la vida real tratamos de sobreponernos a la barbarie que los mismos humanos construimos y reconstruimos. ¿Quién no recuerda a Mercedes Sosa cantando aquello de “¿Quién dijo que todo está perdido?/ Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
En febrero de 2001, mi hijo menor, “El Jey”, vino al mundo con menos de siete meses de gestación; se vino adelantado en medio de los terremotos, que dejaron hogares, almas y vidas resquebrajadas. Pero él sobrevivió... Hoy es un niño feliz e inquieto que juega con sus carros “a las trabazones” y me pregunta “quiénes matan a los que salen en los diarios y en la tele”. Un nudo en la garganta me impide dar respuestas urgentes.
El Salvador está conmovido, conmocionado y estremecido por el reciente asesinato, en Guatemala, de tres diputados: Eduardo D´Aubuisson, Willian Pichinte y Ramón González, así como del chofer que les acompañaba, Gerardo Ramírez.
¿Será una acción del crimen organizado, “maras”, mafias policiales o venganzas políticas? Tenemos que ser pacientes y exigir investigaciones profundas, que lleguen a todos los ejecutores y a los que ordenaron el crimen repudiable desde todo punto de vista. Pero ello debería ser la norma para todo homicidio o acto criminal.
En El Salvador y en Guatemala son asesinadas más de 20 personas diariamente; la mayoría de tales crímenes quedan en la impunidad. Esos hechos violentos cometidos bajo cualquier “móvil”, que puede ser hasta por una mala mirada, son el “pan nuestro de cada día”. La impunidad se campea a sus anchas y su “fantasma” recorre nuestros cielos.
Así la vita é fea... Poco a poco tenemos menos fantasías y respuestas a las interrogantes ya no tan ingenuas de nuestros hijos e hijas.