Opinión

Chatarras para la muerte


Los buses chatarras que han circulado en la ciudad capital y resto del territorio nacional en los últimos 17 años han hecho, y continuarán haciendo, daño a la ciudadanía que utiliza sus servicios, paga sus pasajes y no llega a sus destinos; algunos terminan muertos o en hospitales, o quedan lisiados de algún órgano de su cuerpo.
La Jefatura de Tránsito de la Policía Nacional en 17 años no ha mostrado interés por organizarse y prestar un servicio eficiente y moderno en relación con la circulación vehicular. Siempre el mismo cuento, va a actuar y retirar esas chatarras asesinas que permanentemente atentan contra la vida de los usuarios. No actúa, se burla de víctimas y protestas ciudadanas, así es la palabra y responsabilidad de la Dirección de Policía de Tránsito y la indiferencia de los superiores de turno.
A la sociedad, particularmente a la clase alta, el tema no le interesa, muertos y damnificados son ciudadanos de abajo, desconocidos, si acaso el sentimiento de pesar lo cargan familiares. Son noticias rojas, sensacionalistas de un día para luego quedar en el olvido. Esas chatarras son subsidiadas.
A la gente le gusta publicitar sentimientos humanitarios muy profundos, existen organizaciones de derechos humanos, el principal, el de la vida, pero nunca han hecho nada para que eliminen estas asesinas chatarras. Existen amigos de la Policía, pero no es para mejorar el funcionamiento de la institución, sino para tener amigos y gozar de privilegios.
El criterio de siempre de los llamados “revolucionarios” es: pobrecito el dueño de la chatarra y el conductor, con eso se ganan su sustento, y por apoyar a unos pocos mueren cientos de pasajeros al año, otro tanto queda inválido por el resto de la vida, esto no importa. El nicaragüense es más sentimentalista, emotivo, llorón, que racional. Si las chatarras no existieran, si hubiera controles rigurosos para vehículos de carga, no habría mucho que lamentar.
Al final pura burla y publicidad, porque en tanto tiempo esa jefatura ha demostrado no importarle la vida de los usuarios que por necesidad tienen que viajar en buses destartalados, a veces con choferes ebrios, de goma, desvelados, malcriados y otras fallas de peligro.
Hace dos semanas, por ejemplo, por San Ramón, Matagalpa, un bus se volcó resultando varios muertos y muchos heridos. De inmediato, sin diagnóstico técnico de la causa, se cierra el caso con el disco rayado: fallas mecánicas o se fueron los frenos, lo cual basta para que dueño, estado del vehículo y conductor queden ex culpados.
La Jefatura de Tránsito no lleva hasta el final caso por caso; no es asunto que muertos, muertos quedan, no informan en detalle sobre identidades; los mutilados son su problema y no se da a conocer a la opinión pública en detalle por qué ocurren los hechos. Podría publicar boletines, por ejemplo, comenzando con nombres de dueños y conductores, antecedentes, etc.
En el tema deben evaluarse dos tipos de valores en la Dirección de Tránsito: valores humanos y valores materiales en relación con muertos y lisiados; debe ser responsabilidad de Tránsito tener facultades para fallar rápido en algo tan fácil de decidir, con pruebas a la vista.
Las autoridades que han pasado por la Jefatura de Tránsito han mostrado en los últimos 17 años que la vida de los ciudadanos no vale nada y que las consecuencias de los accidentes son problema de los damnificados. Mentalidad de cuartel, y no de institución sin formación de servicio a la sociedad y con una mínima formación cultural.
Nicaragua no saldrá de su atraso sin valores humanitarios de la gente que la dirige, no se puede seguir creyendo en el machismo, en el poderoso, en la delincuencia, sino en la ley y en los buenos funcionarios honestos en su trabajo, que asumen responsabilidades. No se trata sólo de mandar, tener privilegios y recibir la paga.
En cuanto al otro conjunto de valores, los materiales, nada se sabe de los muertos, hospitalizados o lisiados en cuanto a gastos, indemnizaciones y todo lo que esta desgracia conlleva para la vida de un pobre.
Cómo es posible que los vehículos chatarra de carga anden circulando con placas nuevas, y los que policías que hicieron los dictámenes técnicos aprobaran estos vehículos temerarios. Sobre el medio ambiente, dieron pase a buses y otros que circulan con gruesas columnas, chimeneas, de humo negro. Aquí hay gato encerrado y por eso en Nicaragua se vive en relajo, la corrupción tiene minadas a las instituciones, sin excepción.
El problema que vive llorando la Dirección de Tránsito es la falta de presupuesto, pero lo que falta es voluntad para concentrarse en su trabajo correctamente, ser honestos en las responsabilidades. Es asunto de pensar soluciones racionales para corregir cada uno de los temas del desborde, concentrarse en pensar las mejores soluciones y no divagar en la pereza.
En el desorden en que ha caído la circulación de vehículos en Nicaragua se necesita medidas correctivas severas, vigentes, en el menor tiempo posible. Un chofer cómo puede responder, con qué, por graves daños, podría ir a la cárcel y montarle algún juicio si le correspondiere, pero los únicos responsables tienen que ser los dueños de cada vehículo identificado por la tarjeta de circulación, así tendrían más cuidado con quienes les manejen sus bienes. No es el caso que con un seguro se resuelva todo, no resuelve ni una milésima de daños.
El dueño o propietario privado, público, empresa, diplomático, etc. debe ser único responsable, sin más cuentos, de lo que sumen las consecuencias del culpable por el accidente. El fallo no debe depender de Tránsito, sino de una comisión privada de personas honorables.
Para todo lo relacionado con muertes y accidentes, lo material tiene gran importancia por las condiciones económicas de las víctimas; se debe trasladar en el mismo acto el vehículo del infractor, por su cuenta, a un espacio o corral, hasta tanto no haya satisfecho el total de las indemnizaciones que le fallaren, para que pueda retirarlo del corral.
Otro problema de gran trascendencia, que lleva 17 años, es el servicio de los taxis, entre 10 a 12 mil que circulan sin ley ni regulación alguna. En lugar de un servicio colectivo rápido se protege uno muy caro de consumo importado elevado.
Obstaculizan el tráfico pescando pasajeros a su ritmo y discutiendo tarifas. Mientras no les pongan taxímetros y se les haga cumplir rigurosamente la ley, la mayoría seguirán siendo unos salvajes conduciendo, en especial, en las horas críticas de circulación. Diseñarles rutas es adecuado, que no circulen por las vías de congestionamiento, que los pasajeros caminen un poco.
Además de multas, la sanción de mayor rigor a taxis sería suspenderles turnos durante una, dos, tres semanas, etc., recogiendo las placas y tarjetas de circulación y enviando el vehículo al corral por su cuenta.
En general, existen diversos temas en la circulación de vehículos en la capital de fácil solución pero falta voluntad. Entre seis y ocho son los puntos críticos por la mañana, al mediodía y al atardecer, y bastarían unas seis a diez motocicletas livianas que circularan en forma permanente, no estacionarias, durante esas horas por cada uno de esos lugares, operando agentes de calidad.
No necesitan 100 agentes, bastarían unos 15 a 20 de calidad física y mental, y no esos chigüines sin personalidad, que se la pasan buscando multar por cinturones; antes fueron los triángulos o babosadas para multar, pero en momentos críticos de circulación son incapaces de colaborar para descongestionar. Se ven dos o tres agentes bajo un frondoso árbol conversando. La circulación no es trabajo de párvulos y así el relajo no se superará.