Opinión

El ingreso a la universidad: un problema de equidad y calidad


Ph. D.
IDEUCA

Cada año los medios de comunicación se hacen eco de los malos resultados que obtienen los estudiantes en las pruebas de ingreso de las universidades públicas. La preocupación de padres y madres de familia y de los jóvenes aspirantes suele terminar, en la mayoría de los casos, en frustración, decepción y, en otros, en la pérdida de autoestima con el convencimiento de lo que denominaríamos “incapacidad aprendida”.
También cada año las universidades involucradas exponen estos resultados en diferentes foros, dando a entender a la sociedad que el responsable de los mismos es el Ministerio de Educación. Por su parte, cuando hemos escuchado al Ministerio, la pelota rebota a la cancha contraria, haciendo sentir que el problema radica en la universidad en tanto no prepara debidamente a los profesores que enseñan en secundaria. En cualquier caso, algo queda claro: nadie se hace responsable de tales resultados, se buscan culpables de esta situación, a la vez que se evade tratarla como un problema nacional.
El problema es de naturaleza compleja y requiere soluciones sistémicas. Veamos sólo algunos datos extraídos de informes oficiales de las universidades: mientras en la UNI el rendimiento promedio de la prueba fue de 30.4%, en León el porcentaje de aprobados en Aritmética fue el 9.6%, en Álgebra 8.4% y en Estadística 3%. En la UNAN-Managua el porcentaje total de aprobados en Matemáticas fue de 4.81%.
En los tres casos se da un denominador común: los bachilleres no han desarrollado capacidades de análisis, síntesis y creatividad, evidencian falta de capacidad para comprender enunciados de problemas, plantear formas de solución y seguir procesos que lleven a resolverlos. Más preocupante es aún que al examinar el caso de la UNAN-León en el período 2000-2006, las habilidades numéricas han disminuido desde un 50.43% a un 35%, y las analíticas se han reducido de 70.64% hasta. 36.37%, lo que indica un profundo y progresivo deterioro; de manera similar, la evolución del porcentaje de aprobados en la UNAN-Managua en los últimos tres años ha decrecido desde 8.91% a 4.81%.
Ha corrido mucha agua al respecto y el cansancio es notorio, pues son varios años con los mismos o parecidos resultados y hasta hoy ninguna de las partes ha tomado iniciativas serias, de manera que esta problemática logre ser asumida como un problema que interesa a toda la sociedad y cuya solución radica en todas las instituciones y partes implicadas.
El año pasado se logró que el Consejo Nacional de Educación analizara el problema por primera vez, sin embargo, las tensiones y celos políticos existentes entre algunos de sus directivos representantes del Estado, unido a la ineficiencia del Vicepresidente de la República como Presidente del Consejo, a pesar del tesón y la gran ayuda que le brindara el Secretario Técnico, Dr. Juan B. Arríen, así como la falta de voluntad sostenida para dar concreción a los acuerdos que se tomaron al respecto, provocaron que las acciones previstas no se llegaran a concretar.
Alabamos la iniciativa que ha tenido la Sociedad de Matemáticos que recientemente realizara su congreso al tratar este tema, no obstante, nunca las soluciones simples, unilaterales o unidisciplinares han sido exitosas, frente a un problema de naturaleza tan compleja, más aún cuando lo que prevale en las soluciones que se proponen responde a una concepción eminentemente tradicional de la enseñanza de las Matemáticas, dejando muy poco espacio a quienes dominan la didáctica de su enseñanza, obviando que el problema se ubica básicamente en dos vertientes de la preparación deficitaria del profesorado en esta disciplina: la falta de dominio del contenido matemático a enseñar y la ausencia de una didáctica pertinente y moderna de su enseñanza. La falta de equilibrio en la contribución de estas dos vertientes puede hacer que la problemática se agrande aún más. Ante esta iniciativa de los Matemáticos sólo se continúa escuchando el silencio de los profesores de Español.

Como consecuencia de esta triste realidad, miles de estudiantes no logran ingresar a la universidad y sus sueños de formarse como profesionales se desvanecen, con las tristes consecuencias que esto trae para el desarrollo del país a mediano plazo. Frente a ello, estas universidades no han ofrecido oportunidades alternativas a estos estudiantes.
Es fácil para quienes predican modelos como el chileno, donde los estudiantes reciben el monto de su beca para escoger y pagar la educación de su interés, pero lo que omiten decir es que han sido precisamente los estudiantes chilenos los que han proclamado recientemente una revolución educativa, cuyo eje fundamental es la eliminación de este modelo que ha contribuido a profundizar la segmentación social, introduciendo graves brechas de equidad y calidad, en tanto los centros educativos seleccionan a los alumnos más sobresalientes y de extracción social y cultural de su preferencia. Es evidente que las brechas de equidad educativa en el país son grandes, y en consecuencia, mientras los alumnos en Managua habrán recibido clases de Matemáticas todo el año, la realidad en los departamentos y del sector rural es otra. A pesar de ello, el tratamiento en el examen de ingreso es el mismo para todos y, en todo caso, sobran profesores de Matemáticas y las mismas universidades que, con tiempo de anticipación, organizan cursos pagados en los que coinciden, principalmente, los alumnos que han tenido menos oportunidades educativas y una situación de pobreza.
Hay quienes pregonan el sofisma de que se trata de seleccionar a los mejor preparados y esforzados, pero ocultan decir que son precisamente los más pobres quienes están en desventaja, al tener que remontar múltiples obstáculos y brechas en su formación sin ayuda institucional. De esta manera, a la brecha de equidad económica que sufren los pobres se suma la brecha de la ausencia de oportunidades educativas, añadiéndose, además, la brecha de equidad provocada por la filtración que provoca la prueba de ingreso. En síntesis, en la pirámide inequitativa de la estructura del sistema educativo, en la que gradualmente los pobres van siendo desplazados del sistema, acaban, finalmente, en su peldaño superior, por ser casi totalmente excluidos de este nivel educativo.
Es hora de actuar con voluntad explícita por parte de las instituciones implicadas, bajo la coordinación del Consejo Nacional de Educación, en orden a tomar iniciativas que lleven a superar la inequidad existente, que afecta sobre todo a los pobres, así como identificar las causas de la preparación deficiente de los estudiantes. Algunos visos de solución podrían ir en la dirección de ofrecer, como un aporte del 6% a la educación media, cursos de preparación gratuitos para el ingreso a la universidad, priorizando a aquellos estudiantes que presentan mayores déficit. Ya hay alguna experiencia innovadora en este sentido con buenos resultados.
Por otra parte, bajo la coordinación conjunta del MINED y del CNU, urge diseñar y poner en acción un programa especial para mejorar la preparación del profesorado de Matemáticas y Español a lo largo de la primaria y la secundaria y especialmente de los bachilleres. En el próximo artículo analizaremos el tema desde la perspectiva de la enseñanza y el aprendizaje.