Opinión

Dijeron adiós, pero qué sólida memoria dejaron


Escribo estas líneas desde Lima, Perú, ciudad de museos y épicas historias. Ella, por su cinemateca, me hizo recordar a varios actores que dijeron adiós, y como estamos en época de premios, vale evocarles porque dejaron sólida memoria. Suelen en estas galas distinguir a célebres idos y seguro en el presente año de 2007, surgirá el director Robert Altman. Puede que otros sean los también realizadores Gordon Park y el nuestro Joaquín Jordá.
Mas honremos a ciertos actores y actrices, que seguro estarán en nuestros recuerdos cinematográficos: la primera grande en partir, el 14 de enero 2006, fue Shelley Winters, también conocida como Shirley o Shelly. Tenía 84 años. Ganó el Oscar dos veces, por El Diario de Anna Frank (1959) y por A patch of blue (1965). Estuvo casada con Anthony Franciosa, que murió seis días después (20 de enero) a los 77 años. Tony, típico en papeles de cínico, malvado o gángster, dejó excelencia por su actuación en Un largo ardiente verano. Cada uno de ellos hizo más de 50 películas.
El 24 de febrero 2006, murió Dennis Weaver, a los 81 años. Su papel de vaquero en Gunsmoke (1955) es memorable, y por allí se consigue en DVD. A los 80 completos falleció la gran dama Maureen Stapleton. Sucedió el 13 de marzo. Tremenda en Reds, drama político sobre el periodista comunista Jack Reed, representado por Warren Beatty (1981). Está también en las dos comedias de los viejitos rejuvenecidos en la piscina de Cocoon (1985).
Otra célebre que nos dijo adiós fue la italiana Alida Valli, famosa por El tercer hombre (1946) y la obra maestra de Bernardo Bertolucci, Novecento (1976). Tenía 85 años. Ida a los 77 años, es la mexicana de las piernas perfectas, Lilia Prado. Hizo un centenar de filmes y dejó locos a los adolescentes de los años cincuenta con sus pasos de danzón y mambo en los cabarets arrabaleros del cine azteca. Descanse en paz, belleza.
Una chiquitita, que nunca pasó de los cinco pies y una pulgada, nació en Estados Unidos el 7 de octubre de 1917, para deslumbrar. Rompió almas con aquella carita linda de yo no fui. Dejó legado en románticas, dramas, y cuanta película le diera chance de mostrar las hileras de perfectos dientes, ojos transmisores de ingenuidad y cabellera rubia de copete transversal al frente. Se llamó June Allison. Estuvo casada con Dick Powell. Única, como el amor del músico compositor Glenn Miller (James Steward), en la película de su vida (1953). Murió el 2 de julio 2006, tras una carrera igualmente famosa en teatro y atender el musical número telefónico: Pennsylvania 6-5-0-0.
Red Butttons pasó a mejor vida a los 87 años el 8 de julio de 2006. Su papel en La aventura de Poseidón (1972), dejó clase. Jack Warden igual se despidió a los 85 años con la fina herencia de El cielo puede esperar (1978) y la obra Oscar de Fred Zinnermann (1953), titulada De aquí a la eternidad. Quizás la mayor estrella de los 50 y 60 es Glenn Ford, y con razón por tanta versatilidad. Hizo de vaquero, seductor, hombre bueno, malo, y maestro de escuela en Semilla de Maldad (1955), que marcó el debut de Sidney Potier y el Rock around the clock de Bill Halley en la gran pantalla. Pero esa actuación de galán en la clásica del cine titulada Gilda, junto a Rita Hayworth, es de antología. Sumaba 90 años al dejar la tierra ¡Bravo, señor!
Tina Aumont, tenía 60 años al despedirse. Lo hizo el 29 de octubre 2006. Hija del famoso actor francés Jean Pierre Aumont. Estuvo casada con el artista galo Christian Marquand. Trabajó el cine europeo y gringo. Federico Fellini la dirigió en Casanova y no le falló. Su belleza excepcional ayudó en la propuesta del maestro italiano y por ello, pasó a la historia. ¡Qué mujerón!
Feo pero grande fue Miguel Aceves Mejía. Nació mexicano el 5 de noviembre de 1915 y murió mexicano el 6 de noviembre 2006, recién cumpliendo los 91. “El Rey del Falsete” filmó en México, Argentina y España. Debutó al lado de Rosita Quintana en la cinta que protagonizaron en 1954 y se llamó “A los cuatro vientos”. Se consigue fácil y vale la pena oírlo cantar con el sombrerote en la mano. Su carrera de actor, más por la voz que por cualidades histriónicas, sumó 50 títulos, de los cuales una veintena son gauchos. Está entre los grandes del viejo arte mexicano.
Y ya que tocamos Argentina, ella lloró con la ausencia de Jorge “El gordo” Porcel a los 70 años, en Miami. Pareja de Alberto Olmedo en las comedias pícaras y pornografonas, que hicieron reír al más beato y puro de los mortales. Un buen ejemplo es el largometraje de los dos, junto a Susana Giménez, titulado “A los cirujanos se les va la mano”. También se fue Peter Boyle a los 71 años. Muchos celuloides grabó este actor, entre ellos dos famosos oscaredos: Dr. Dolittle (1998) y Monster’s ball (2002).
Párrafo único merece el señor del cine Mr. Jack Palance. El rostro perverso angulado y cuerpo atlético, fueron buenos para escenas de rigores físicos y caracterizaciones varias de acción como indio, vaquero, gángster, policía, detective, boxeador en Réquiem para un heavyweight, despiadado en Atila, el rey de los Hunos (1954), maldito en Barrabás, romano en El cáliz de plata y decenas de otras ejemplares actuaciones. Aún de anciano lo vimos en papeles buenos. Fue premiado en una de esas propuestas como el Oscar, por tan larga y fecunda carrera. Falleció a los 87 años. Chao, champ.
Y el último de mi lista es el francés Philippe Noiret, que partió a los 76 años. Difícil olvidar su protagonismo, junto a otros tres grandes, entre ellos Michell Piccoli, en La gran cena, que es una sátira sobre la gula hasta morir. Asimismo como operador de cine y personaje inolvidable del niño en la laureada Cinema Paradiso (1988). ¿Y qué decir de su caracterización de Pablo Neruda en la reciente ganadora de todos los premios del mundo, El cartero? Pues nada, un monstruo del arte escénico.
Y así termino con mi inspiración limeña, después de un sabroso ceviche acompañado de chicha morada como refresco y queque de lúcuma de postre. Sí señores, con el estómago satisfecho, seguro asiento: Nos dijeron adiós, pero qué sólida memoria dejaron.