Opinión

Canciones latinas y románticas de Bocelli


“Amore”, el disco recopilación de canciones latinas y universales interpretadas por Andrea Bocelli --de quien alguien dijo que si Dios cantara, lo haría como él-- me sirve para expresar ciertas reflexiones sobre razas, tesituras, registros, tenores y otras veleidades, y además para hablar sobre “Amore” en sí.
Bocelli, desde un principio me asombró con su capacidad de bajar la voz a ronco susurro para darle el feeling pop italiano y después elevar el registro a la potencia de sublime tenor, y todo en una misma canción. En otras palabras conviven dos tesituras en sus interpretaciones, ambas itálicas, la del canto popular con su especial vibrato y la del canto tradicional u operático.
Podría decirse que en Andrea se había logrado la conjunción de lo fugaz con lo duradero. El género popular y cotidiano armonizando con el fastuoso bel canto. Llegar a pensar que él había terminado con la épica y acérrima batalla entre la fuerza de las cuerdas vocales y la del diafragma, sin que se declarara un vencedor.
Los tres tenores pusieron su cuota, Plácido, Pavorotti y Carreras, integraron en sus memorables conciertos lo popular que se va haciendo clásico, con lo clásico que se va haciendo popular. Plácido Domingo con semejante voz de acero toledano, por su cuenta, algunas veces ha salido avante en eso, pero en otras lo granítico de su voz no se ha dejado moldear para la serenata. Demasiado temple.
Andrea Bocelli en cambio es tenor lírico, romántico de fulgores amorosos.
El disco “Amore” cantado en español pudo haber tenido mejor resultado. Desafortunadamente no todas sus melodías responden a la expectativa que me origina el denominado “cuarto tenor” --en alusión a los tres tenores famosos.
David Foster logró su cometido al producir --vertidos en apropiados arreglos y llevados al mundo globalizado-- los éxitos de Josh Groban, el tenor pop por excelencia. No sucedió lo mismo cuando produjo “Amore”, recopilación de canciones latinas (españolas, mexicanas, francesas, italianas y portuguesas) que datan desde los años veinte hasta los ochenta.
Para expresarlo de forma drástica diré que en algunos tracks de la producción, la voz de Bocelli fue disminuida, opacada, aplacada. Esas canciones sólo se salvan por la riqueza de los arreglos, por la instrumentación, y gracias a los vocalistas y músicos invitados.
Esta vez David Foster pudo haber pecado por ignorancia y por pretender ser excesivamente complaciente con su idea de lo que es un bolero, igualmente por pensar que toda canción romántica en español es un bolero. Creyó que Amapola y Júrame eran boleros, pensó que la única manera de cantarlos es al estilo trío Los Panchos o Los Tres Reyes, por nombrar dos de los grupos más conocidos. Y evidentemente estaba equivocado.
Los tríos interpretan con voz suave, tierna y quejumbrosa. Nadie le advirtió a Foster que Amapola, Solamente una vez, Bésame mucho y Júrame desde décadas atrás han sido interpretadas heroicamente por toda una constelación de nuestros mejores tenores, con la insigne potencia de sus voces. Por esa razón Andrea suena deslucido y desabrido.
Tal como dije antes, sólo es salvado por los arreglos y por Christina Aguilera en Somos Novios, y por Verónica Berti en Las Hojas Muertas.
En cambio, la voz y armónica de Steve Wonder es determinante para redondear una de mis preferidas en el álbum, Canción Desafinada (Cancione Stanate), que viniendo tras la desértica Bésame Mucho, ilumina con bohemia la estancia del recuerdo, trasluciendo Bocelli con su voz trémula la camaradería nostálgica que nos transporta a viejos momentos de nuestra vida, injustamente considerados fútiles.
No quiero terminar de referirme a “Amore” sin puntualizar uno de los logros de Foster: él va oportuna y felizmente, marcando las tonadas escritas en idiomas ajenos al español, intercalando cortos segmentos cantados en sus lenguas originales. Y algo curioso, Somos Novios de Manzanero, también lo marca al incluir la frase Its just imposible, aludiendo al título en su versión inglesa (más globalizada).
Pero retornando al tema de las voces, después de muchas cavilaciones he llegado a concluir que la tesitura natural de los aborígenes americanos es suave, aguda, tierna y quejumbrosa, no posee el timbre para dar el registro de tenor, que sí alcanzan por ejemplo los europeos y africanos. Por ello suenan tan diferentes los mismos boleros cuando son cantados por los tradicionales tríos, que cuando lo hacen las estrellas de La Sonora Matancera, estas últimas son voces caribeñas o de descendientes europeos, ya que en el Caribe se dio más pura la mezcla de europeos con africanos.
El padre de José José era tenor. Una de las atracciones que tenía José José, al menos par mí, es que su voz tocaba cual péndulo ambos lados opuestos, trataba de alzarse en las alas de un tenor y al mismo tiempo montaba en los quiebres guturales con todos sus gorgoritos. Eso le daba un especial drama a sus interpretaciones. Algo similar sucedió con el grande del bolero, Lucho Gatica, quien poseía una combinación única de voz fuerte y gutural que tenía efectos conmovedores y llenos de romanticismo.
Sin embargo, no todo está perdido para las canciones latinas de Bocelli, escuchándolo y viéndolo en el concierto que presentó junto al lago, parece que recapacitó y ahora cantando en vivo, retoma la fuerza y el brillo de su voz que tan bien le va a Júrame, Amapola, Solamente una vez y Bésame Mucho, y que no le va nada mal a Somos Novios, aunque estemos acostumbrados --apartando a Luis Miguel-- a escuchar ésta con el timbre de voz y tesitura propio de los descendientes del aborigen de nuestras Américas.