Opinión

El Arcángel de Guillermo


Más que novela sobre la revolución sandinista, El Arcángel es testimonio. Considero que el autor la llama novela por el nombre ficticio de algunos personajes, entre ellos él, me parece, y el enlace de varios episodios en una sola historia creada. Para mí, sin ser voz autorizada por ninguna academia, es testimonio porque no dudo de la realidad de los hechos contados, y no sólo por la habilidad narrativa de Guillermo Cortés Domínguez, sino también por la familiaridad de los acontecimientos vividos.
La novela histórica presenta la dificultad de creérsela ficción de sucesos reales, sobre todo cuando los hechos relatados ocurrieron en tiempos antiguos, es basada en documentos, sin respaldo oral de protagonistas o vivencia del relator. No pierde prestigio el libro en ese sentido, sin embargo, no muestra la credibilidad del testimonio. Por tal razón doy testimonio: El Arcángel es testimonio, para que los futuros lectores sepan que los incidentes, el fenómeno es real amenizado por la destreza escribana del Guillermo novelista.
Combates no imaginarios, sino vistos y sentidos por Guillermo, cuyos pormenores anotó en la libreta: acción y pensamiento, convicción y frustración, actos crueles y heroicos, o la venganza que emerge del dislocado militar:
“Esto es por nuestro hermano, al que ustedes degollaron, hijoeputa, vas a arrepentirte, vas a ver perro somocista, --y empezó a cortar, uno a uno, los dedos de ambas manos…”
Pero no todo fue guerra durante la revolución sandinista ni a ella se limita El Arcángel. Guillermo concatena la guerra, o más bien la defensa de la revolución, para asir el eje fundamental que esgrimieron dirigentes y oportunistas para manipular, justificar, cometer y ocultar muchos abusos, develando en cuatrocientas páginas la supremacía de la doble moral de los autollamados revolucionarios.
Exaltar la valentía del escritor al exhibir la doble moral, debiese haber sido el inicio de este intrincado y escueto comentario, sin embargo, las razones del comienzo ya están dadas para que, reitero, no dudemos de los hechos ni los saboreemos como escritura recreativa de acontecimientos históricos, cuyos valores, a mi juicio, no son propios del poder sandinista, sino de una cultura devenida de nuestra propia formación individual y social no superada, vigente.
La narrativa cruda por real, como real y cruda es nuestra vivencia, describe el oportunismo de la burguesía adepta a los mandos, encarnado en mujeres educadas en refinamiento protocolario y corporal, y profesionales con altos cargos diestros en complacer los caprichos de la dirigencia o hacerse los desentendidos para gozar privilegios como aquellos.
Perturba, en la página 172, leer la conversación de unas amigas que disfrutan en Miami el agua cálida de la piscina: ¿se acuerdan cuando estábamos en el Teresiano y al comenzar la universidad?, decíamos que nos íbamos a casar con fulano y zutano, los más guapos y los de más dinero de Managua, pero ahora ha triunfado una revolución, es diferente, y las familias de nosotras podrían salir perjudicadas. ¿Pero de qué se trata Amalia? --preguntó una de las amigas golpeando el agua con las palmas de sus manos. --Sí Amalia, ya nos tenés intrigadas--, dijo otra. --Bueno, la idea es que nosotras atrapemos a los comandantes y nos casemos con ellos, así vamos a proteger a nuestras familias--.
Nos memora Guillermo arbitrariedades, que muchos sufrieron defraudados, como cuando un ministro orgulloso de su origen aristócrata, desprecia a los militantes sandinistas trabajadores, del sindicato y el partido, y se burla de ellos, negociando con un máximo dirigente, para que “esos pobres diablos” no le obstruyan el derecho de vivir cómodo, con gastos de representación, consumiendo suntuoso, mientras la consigna para el pueblo es la austeridad. Y conjuga el autor el episodio con un “vínculo revolucionario” del dirigente con la esposa del ministro y el posterior provecho que éste saca del lance.
La doble moral, Guillermo también la coincide con el hacer “periodismo de extorsión” y el auditorio de éste que lo ennoblece al extremo de venerarlo, aun cuando el “comunicador” vocifera, chantajea y se maneja pululando entre la basura del venadeo y el comportamiento personal ocultando su verdad sexual, pero siempre oportuno y eficaz en la adquisición de dinero y fama, hasta que lo descubren y se derrumba.
Esas relaciones de poderosos con pobres y la manera que entre pobres se manifiestan los ejes ideológicos que las sustentan, son sencilla y lúcidamente relatadas ejemplificando vínculos barriales, partidarios y sindicales; las vibras amorosas de parejas, las añoranzas de jóvenes vislumbrando su porvenir individual y profesional que chocan o se entrelazan con los ideales sublimes de revolución.
Esos ideales sublimes que fortalecen las actuaciones de Raymundo, Manolo, Calixto y Nazarena Celeste llevan a estos dos últimos a un amor nacido de un imaginario revolucionario que sigue pendiente de ser realidad que domine en nuestra sociedad.
Duro El Arcángel, tan duro y real, como real y dura es la vivencia cotidiana de los nicaragüenses enfrentados a la dureza del real poder político-económico contra los pobres.
Imposible dudar: El Arcángel, testimonio es. Obliga leerlo para reflexionar y contribuir a cambiar esta dura y real injusticia social.