Opinión

Cifras debajo de la mesa


Érase un a vez un presidente que deseó ser recordado como el mejor presidente de la historia de su país, se proclamó paladín de la anticorrupción al iniciar su gobierno, sentenció que nadie estaría por encima de la ley y que todo, todito, sería por encima de la mesa; pero al entregar el poder, el pueblo comenzó a conocer las verdaderas cifras debajo de la mesa.
Para muestra, algunos botoncitos: un funcionario ganando 47 mil dólares mensuales, o sea 564 mil dólares anuales (todo pagado con un préstamo de un banco internacional por el cual se había endeudado más al pueblo nicaragüense). El tipo podía comprarse un carro nuevo o una casa nueva mensualmente, sólo faltaba escoger.
Luego se calculó en aproximadamente 3,000 a 5,000 la cantidad de empleados fantasmas en todos los ministerios o entidades estatales, que ganaban entre 1,000 y 3,000 dólares mensuales. El Ministerio del Trabajo (uno de los ministerios más palmados) se daba el lujo de tener por lo menos 40 empleados fantasmas, verdaderos espectros vivos, jefeados por el honorable Virgilio Gurdián. De ahí que los estudiosos de la literatura se ven obligados a poner atención a la nueva leyenda de Virgilio y sus 40 fantasmas. El ministro Gurdián ni con 40 fantasmas asustó a los injustos empresarios, nacionales o extranjeros, que abusaron o atropellaron a los trabajadores.
En la Dirección General de Impuestos se supo de un sobrino del ex presidente y de la ex primera dama que se autollamaba asesor, quien al preguntársele qué asesoraba, respondió que era asesor de todo. Nuestro muy capaz asesor ganaba 63 mil córdobas, o lo que es lo mismo 3,500 dólares mensuales. Y según se sabe, el superdotado asesor llegaba únicamente a leer los periódicos y a jugar en la computadora, pues en la misma institución gastaban mensualmente los funcionarios del gobierno de Enrique Bolaños hasta 500 mil córdobas en telefonía celular y otros 500 mil córdobas en horas extras trabajadas en quién sabe qué.
La Junta Directiva del INSS premiaba con una dieta de engorde de 500 dólares a cada miembro por asistir a una reunión, y tenían dos reuniones mensuales. Y la lista incluía sindicalistas blancos (pro-gobierno o derechistas) y un ex presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada. Por hacer nada, ganaba cada uno, anualmente, la cantidad de seis mil dólares. Uno de esos sindicalistas fue beneficiado hasta con préstamos de 20 mil dólares.
Un canal de televisión y un periódico, para decirlo claro y hacer uso de mi libertad de expresión, el Canal 2 y La Prensa, recibían más del 80% del presupuesto gubernamental para publicidad, constituido por la cantidad nada despreciable de 90 millones de córdobas (cinco millones de dólares). Con razón brincan cuando el nuevo gobierno quiere disminuir los gastos de publicidad; y no sólo eso, sino que se oponen a pagar impuestos; y a pesar de ser empresas privadas exitosas --con los más altos “ratings” de audiencia o lectores-- quieren continuar viviendo de las dos ubres del erario: pautas publicitarias preferenciales y exoneraciones de impuestos. Todo eso pagado con los impuestos de los más pobres.
Cuánta razón tuvo el joven que llamó a una radio diciendo que a los del gobierno anterior y a sus socios se les había acabado el negocio y que ésa era la causa de su malestar. Todas las cifras debajo de la mesa, incluso las que no alcanzaron en esta página y las que no conocemos todavía, resumidas en una sola frase de un joven del pueblo: ¡Se les acabó el negocio!