Opinión

¿Qué busca Ernesto Salmerón tras el icono de Sandino?


Discurrir sobre la obra de Ernesto, con quien he mantenido una relación afectiva filial y de amistad profunda de doble vía, desde hace casi dos décadas, me remonta a cuestionar primeramente, la objetividad de la que siempre hacen jolgorio “algunas/os intelectuales y científicos que ven la realidad de forma aséptica y desprovista de otras dimensiones”; y seguidamente, a reafirmar que no existe expresión artística sin ideología, que el arte por el arte, desprovisto de la posición social y política, y de las relaciones de poder del autor de cada obra, es sencillamente un asunto del reino angélico y no del humano.
La búsqueda perseverante iniciada por Ernesto hace ya dos lustros tras el icono de Sandino, expresada en fotografías, vídeos, textos, collages, montajes y demás expresiones del periplo entre su mundo interno y el exterior, refleja la vivencia de una generación particular de chavalas y chavalos, retoños de nuestros vientres henchidos de amor, alegrías, tristezas, trabajo arduo hasta la extenuación, conversaciones cotidianas con la muerte, compromisos, transformaciones, cuestionamientos políticos e ideológicos en una época revolucionaria en la que a nosotras/os como progenitores nos unía el amor incondicional con los más jodidos, los más pobres, los excluidos por siglos de barbarie española, gringa, dictatorial, oligarca y pactista de la Nicaragua de siempre.
¿Qué escudriña Ernesto tras el sombrero desdibujado de Sandino en la pared mutilada de una casa ancestral de la Granada plutocrática, conservadora, y a la vez joya arquitectónica cultural y artística de la Nicaragua colonial? ¿Qué hay detrás del símbolo derruido del sombrerito descascarado por el paso del tiempo?
¿La actualidad de su lucha antiimperialista desdibujada ahora por el fin de la guerra fría, la polaridad unívoca de los Estados Unidos, el consumismo y la tácita aceptación generalizada de la globalización descarnada que nos está mutilando desde nuestras expresiones artísticas hasta nuestras sazones atávicas por las de las comidas chatarras?
¿El rescate de su compromiso con obreros y campesinos, que siguen tan pobres y excluidos como antaño, y a los que ahora vemos con la mayor indiferencia y desamor, o como simples cifras electorales, o beneficiarios de proyectos de cooperación, y no como ciudadanos con derechos por los que hay que luchar hombro a hombro por el rescate de su dignidad humana, que es el rescate del nicaragüegüence?
¿Su espiritualidad masónica con una práctica concreta de valores en su actuar cotidiano más allá de las creencias, tabúes y actuaciones de sepulcros blanqueados que caracterizan la vida de millares de personas practicantes?
¿La convicción y esperanza de un David contra Goliat y la confirmación de que la justeza y éxito de una lucha no está en la cantidad, la magnitud del dinero, del poder, de la arrogancia… sino precisa y llanamente en que sea motivada por el amor, por el movimiento armónico de millares de corazones bajo el ritmo de una causa noble, la causa de los demás…?
¿Es eso lo que busca cuando me reclama que como personas de una generación revolucionaria no les dejamos nada? ¿Que no les dejamos relevo? ¿Y su obra qué es si no la continuación de esa semilla germinada a punta de experiencias y sacrificios de amor?
¿Y su obra y las obras de otras chavalas y chavalos de su generación en la que desafían el estatus quo, en la que cuestionan la violencia contra las mujeres, las guerras injustas del mismo imperio contra el que luchó Sandino, los pactos de políticos impúdicos, la violencia convertida en nota roja en los medios de comunicación, la destrucción de los recursos destinados a convivir armónicamente con el reino humano en nuestra madre tierra, la hegemonía de pensamiento, de opción sexual, etcétera, no son sino un continuum de lo iniciado por otras generaciones anteriores a las nuestras, las nuestras y las que habrán de devenir?
¿Y el mover el muro y trasladarlo para exponerlo ante miles de personas no es actualizar en la memoria colectiva la necesidad de trascender… de comprometernos a continuar con esa noble causa en la que una vez nos cobijamos por justa?
¿Por qué encasillar la revolución a una lucha y década específica? ¿Acaso no es revolucionaria la lucha cotidiana por la restitución de los derechos humanos de las mujeres, de la niñez, de los pueblos indígenas, de las personas que viven con altos niveles de pobreza, de las personas con capacidades diferentes, de las lesbianas y homosexuales?
¿Acaso no es revolucionaria la mujer que se planta ante el maltrato y la violencia de género rompiendo así siglos de dominación patriarcal? ¿Acaso no es una expresión revolucionaria no quedarnos inmovilizados por las guerras de Bush contra el pueblo iraquí, y las amenazas contra Irán, el pueblo libanés y palestino? ¿Acaso eso no hace actual a Sandino?
Actualicemos su pensamiento y gesta. Tu obra puede contribuir a ello.