Opinión

Reflexiones sobre algunas libertades públicas


Libertad de expresión o libertad de la editorial. La libertad de opinión o la libertad de pensamiento. Hasta dónde el alcance de la libertad de expresión llega a afectar la integridad del derecho de a la reputación, al honor y a la libre expresión de pensamiento y opinión de otras manifestaciones intelectuales; es determinante cómo la línea intelectual de algunos medios de información y comunicación pregona las libertades públicas, estableciendo límites, líneas y parámetros sujetos a la opinión editorial de una dirección ideológica o administrativa. Límites a la libre expresión del pensamiento sobre diversos aspectos públicos; mientras se difunde y propaga el manifiesto a los cuatro vientos a favor de quienes viven de las libertades públicas y, por qué no decirlo, de la manipulación de las libertades públicas a través de los diversos medios comerciales y publicitarios.
El autor del presente artículo tiene muy claro que la libertad de expresión no significa improperar, insultar, injuriar, calumniar y emitir otras difamaciones aprovechando el escudo de las libertades públicas. Por lo cual ante una consulta y comentarios que me realizaba un colega sobre este tema, invocábamos que la Constitución Política de Nicaragua en su arto. 30 establece que “los nicaragüenses tienen derecho a expresar libremente su pensamiento en público o en privado, individual o colectivamente, en forma oral, escrita o por cualquier otro medio”, y por cualquier otro medio entendemos la infinita universalidad de medios de difusión y propagación de informaciones.
En Nicaragua se garantiza la propiedad privada, dice el artículo 44 Cn; y existe también la propiedad intelectual, y la Ley de Derechos de Autor establece en su arto. 32 que: “Es lícita, sin autorización del autor, la reproducción de un fragmento de obras ajenas, conforme a los usos honrados e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.” Considerando que estas reproducciones de fragmentos ajenos se utilizan con la consciente y metodológica alteración de derechos patrimoniales ajenos, con fundamentos en el derecho de exclusividad en la autorización o explotación de cualquier obra. Todos aquellos autores que escriben conforme al objeto, principio y finalidad de estudio de una disciplina intelectual, deben considerar por una cuestión de ética que al usar “el derecho de reproducir un fragmento ajeno” se aplica el derecho de reproducir, transformar, traducir, adaptar, comunicar al público, distribuir al público, alquilar e importar de acuerdo a los derechos patrimoniales explicados por los artos. 22, 23 y 24 de la Ley de Derechos de Autor en Nicaragua. Por supuesto que las direcciones de redacción y editoriales tienen conocimiento y conciencia de estos aspectos, y ésta es la reflexión para las páginas de opinión de cualquier medio de información escrita que practique una línea editorial ética y profesional.
Una opinión pública transmitida y comunicada formalmente adquiere el carácter de documentación registrada como oficial, y esto es muy importante porque los medios juegan una importante función orientadora y también sugerente, y con facultades educadoras en la sociedad. Ante esta observación a todos nos protege el arto. 66 que dice: “Los nicaragüenses tienen derecho a la información veraz; la cual comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas”. Toda persona capaz goza de la autonomía de la voluntad para decidir y elegir un manifiesto teórico para su correspondiente práctica, conforme lo dicte su capacidad, naturaleza y conciencia. Puede existir diversidad de pensamientos que generan diversidad de opiniones; opiniones necias, sabias, científicas, técnicas e inteligentes; y también brutales, estúpidas, descaradas y descabelladas; independientemente de la docta cabeza que las enuncie con libre expresión, si conoce a alguien en la redacción que le haga el servicio.
Esto nos debe dirigir a reflexionar en una cita tomada del libro “Incertidumbres del siglo XXI” de María Merinero Martín que enuncia: “En un mundo donde la comunidad comunicativa se ha beneficiado por el nacimiento y desarrollo de la sociedad de masas, unida a la de la gran urbanización; la sociedad global de la información hunde sus raíces en la cultura de la imagen. Mientras la comunidad letrada trabaja con abstracciones y conceptos, la difusión de la información se dificulta, no se facilita. La cultura de la imagen se encuentra íntimamente ligada a la del espectáculo”, al sensacionalismo, al escándalo, a la corrupción y la opulencia política y social. A diario se corre el riesgo de la desinformación y la mala información, donde el derecho a réplica es relegado porque no vende lo suficiente. Y si no, que se investigue cuántas noticias de primera plana, al necesitar ser corregidas, aclaradas y mejor precisadas, se publican en espacios menores de páginas internas, con menor impacto visual que el de la primera plana; el asunto se llama publicidad y mercadotecnia. El precepto del artículo 67 Cn mantiene la expresión de que la Cn otorga el derecho a los medios de comunicación de informar con responsabilidad social. Se suele confundir la información con la información contextualizada, fuera de su formato y fuente original, cuando la información debe tener un contexto referencial. La comunicación, la tecnología y la representación total suelen con el pasar de los años sobredimensionar los alcances de las noticias promulgadas en sus medios. Ahora el papel de relevancia es jugado por las escasas agencias de información y comunicación; por supuesto que en términos de derecho empresarial para ser más justos y exactos se les denominaría empresas de la industria comunicativa e informativa. Gracias a que vivimos con libertad existe la libertad de empresa, la libertad de practicar la acción, profesión u actividad dentro del marco de la ley. En un artículo que me publicaron hace unos años citaba que “se constituye la información en un derecho-deber. Esta referencia al ser verificada constatamos de que no siempre se cumple con el deber de brindar a la comunidad una información seria, carente de sensacionalismo deformante, inspirada en principios éticos dominantes y de acuerdo al orden público, ya que el interés comunitario exige y demanda frente a los medios de comunicación social, que éstos distingan con nitidez lo que es una nota informativa sobre hechos reales e históricamente acaecidos, lo que es la libertad de expresión y lo que es la expresión de la opinión editorial, de acuerdo al editorial que conlleva la opinión o el comentario del medio de información, el cual mezcla notas e historia a la vez, confundiendo al público con la unilateral y subjetiva opinión del respetable medio o personaje de comunicación que brinda la noticia”.
Por supuesto, para informar y servir a la verdad en que debe creer la ciudadanía adepta al medio emisor de mensajes, que cuenta con sus fieles receptores de información, perdón, en lenguaje comunicativo más congruente, lo correcto sería decir suscriptores y lectores regulares, y en términos menos eufemísticos y mercadotécnicos, les llamaremos “clientes”. Amplio es el radio que contiene la acción de las libertades públicas, como las nueve manifestaciones de la libertad pública o de los derechos de orden público reconocidas en la Constitución Política de Nicaragua como: 1. Libertad de expresión. 2. Libertad de pensamiento. 3. Libertad de conciencia. 4. Libertad de culto. 5. Libertad de información. 6. Libertad de opinión. 7. Libertad de educación. 8. Libertad de cátedra, y la 9. libertad de creación intelectual. A estas libertades relacionadas a los derechos públicos se les vinculan el derecho o libertad de asociación, sociedad, reunión, ejecución de un oficio. Difundamos y propaguemos una libertad pública justa y práctica, inteligente y responsable de las consecuencias que ocasionan sus largos alcances ideológicos, dialécticos y materiales; una libertad pública ética, íntegra y portadora de la buena voluntad, que contribuya al desarrollo intelectual, cultural y educativo que la Constitución Política de Nicaragua declara. Ejecución de acciones que propicien la fiel información, educación y cultura y no la ignorancia y la enfermedad que ocasiona el poder ciego. No es la expresión “querer informar es poder informar”, sino “saber es poder informar”.