Opinión

Los viejos son un estorbo


Eso es lo que me trató de decir el policía de tránsito que me detuvo a las 7 de la noche de un día de éstos, cerca de la rotonda Jean Paul Genie, pero fue más allá: “Yo no sé por qué estos viejos andan manejando, sólo para causar accidentes. No deberían darles licencia de conducir”. Todo eso porque le hice ver que estaba equivocado por quererme multar con la cuestionable y fácil muletilla de “mala maniobra”.
La Policía no se equivoca, me dijo en una ocasión otro policía. Por eso mi “error” aparentemente fue decirle que estaba equivocado y por tanto me debía agredir en mi “debilidad de viejo” para advertirme que la autoridad siempre tiene la razón.
Soy consciente de mi edad y mis limitaciones, pero lo grave de este asunto es que a algunos policías de tránsito que trabajan al asecho y a media luz no les interesa corregir las faltas. No les interesa la función pedagógica. Más interesados están en la multa y en mostrar el poder, ese pequeño poder que en todas las épocas de nuestra historia se esconde dentro de los uniformes. Se les salió “el guardia”, diría un amigo.
Digo esto porque son muchas las historias que se cuentan de agresiones verbales de policías de tránsito y no quisiera creer que es un patrón de conducta generalizado. Si solamente fuera ese fastidioso asunto de unos viejos manejando, sin embargo, me parece importante lo dicho por ese policía: los viejos “son los que causan accidentes”, si así fuese, cosa que no dicen las noticias, habría que eliminarlos de los carros y de las calles por atentar contra la seguridad pública. En mi caso, no he tenido ni un solo accidente en más de 30 años, ni los he causado.
Cuento esta historia más que todo por el malestar que me causó su falta de respeto, y para que la Policía, que se ha tenido como ejemplo junto con el Ejército por su institucionalidad, recuerde a sus miembros, que son servidores, que el respeto es calle de doble vía. El respeto se gana con respeto, y que no olviden que reciben su sueldo del impuesto de los ciudadanos jóvenes y de los viejos como yo.