Opinión

Tribulaciones de un nica con Movistar


En junio de 2005 contraté un servicio de telefonía celular con la compañía Movistar (No. 248313), a través de la oficina que opera en el centro comercial Metrocentro. El contrato tenía un plazo de 18 meses y era del tipo “Cuenta controlada, con débito automático”.
Pasados los 18 meses, decidí cancelar el mismo. Se me informó que era necesario que asistiera a cualquiera de sus oficinas para poder hacerlo, por lo cual me presenté el 23 de enero pasado a la misma oficina en la cual había firmado el contrato.
Para mi sorpresa, la señorita que me atendió luego de llamar por teléfono para pedir instrucciones sobre cómo procesar mi solicitud, me informó que no podía cancelar el contrato ese día, que como mi ciclo de facturación se cerraba los 13 de cada mes, yo debía volver a esa oficina el 13 de febrero para solicitar la cancelación.
Le expliqué a la señorita que su planteamiento me parecía fuera de toda lógica e insistí en que aceptara mi trámite de cancelación… ¡Imposible!
Le imploré que me comunicara con la persona con quien ella había hablado, para explicarle el caso, solicitud a la que respondió: ¡Imposible!
Le ofrecí que se quedara con el teléfono y me cancelara el contrato, aunque me cobrara el mes completo, me contestó: ¡Imposible!
Contristado y cabizbajo me volví a mi casa. Al llegar, se me ocurrió que tal vez llamando al centro de atención telefónica podía lograrlo. Así que marqué el número telefónico y presenté mi solicitud de cancelación. ¡Vana ilusión! Quien me atendió me dijo que ese es un trámite que debe hacerse en persona.
Le conté lo sucedido en la oficina de Metrocentro y le solicité que me comunicara con alguna persona con autoridad suficiente para atender mi caso… ¡Imposible!
Le pedí que anotara en el sistema de información mi protesta y le notifiqué que yo daba por cancelado el contrato. Acto seguido envié un fax a Credomatic para que no se siguiera aceptando el débito automático para el servicio de Movistar, luego de pagar el mes en curso.
El 14 de febrero solicité mi saldo al sistema computarizado de información al cliente de Movistar, queriendo verificar si el contrato había sido cancelado. Para mi sorpresa, el contrato parece estar vigente desde que tengo saldo disponible…
Nuevamente llamé al centro de atención telefónica al cliente y le conté toda la historia. Repetí la rutina de la llamada anterior… su respuesta: ¡Imposible!
¿Qué hacer?… Tal vez si visito su sitio web encontraré alguna forma de plantear mi caso… Lo único que encontré fue una dirección de correo electrónico, a la cual escribí raudo cual saeta. No recibí un acuse de recibo automático (cortesía mínima debida en estos casos). Al momento en que escribo estas líneas, tampoco he recibido respuesta de ningún ser humano, parece ser que por la vía del correo electrónico es también ¡imposible!
El 15 de febrero, traté una nueva vía… busqué en la guía telefónica y… ¡Eureka! aparece un único número telefónico, el 2770708. Lleno de esperanzas marqué el número, pero pronto mi ánimo decayó: me respondió la misma oficina de atención telefónica al cliente. De todas formas, decidí recitar nuevamente mi odisea y pedí que me cancelaran el contrato… que me comunicaran con otra persona, pero todo fue ¡imposible!
Quizás usted, amigo lector, se diga: ¡Pero qué señor más dundo! Si lo que tenía que hacer estaba claro, ¡ir personalmente a la oficina de Metrocentro el 13 de febrero!
Puede que tengan razón… pero mi corazoncito, heredero de Nicarao, Zeledón, Sandino y tantos otros (entre ellos y el más cercano de todos, mi padre) se niega a aceptar imposiciones, y no acepta ¡imposible! como respuesta cuando cree que la razón le asiste.
Gerentes de Movistar: bórrenme de su sistema, mi contrato con ustedes ha sido cancelado, aun cuando no me hayan permitido cumplir el procedimiento formal. Si persisten en su actitud de mantenerme secuestrado como cliente, me obligarán a parafrasear a otro nicaragüense, gran poeta y mejor ser humano. Cuando pretendan cobrarme el próximo mes un servicio no utilizado, les responderé: “Que te pague tu…”, o quizás simplemente: ¡Imposible!