Opinión

Gobierno bicéfalo genera incertidumbre


A pesar de sus tropiezos, Nicaragua estaba dando sus primeros pasos en democracia, modernización y civilización; hoy, sin embargo, preocupa perder lo avanzado y caer en actitudes y procedimientos de un pasado que dijo ser revolucionario, pero aún no limpia su imagen.
La máscara de paz, amor, reconciliación y unidos todos pareciera volar por los aires, y se comprueba fácilmente con todo lo que se ve y se dice estar ocurriendo entre los mismos militantes del partido de gobierno. En los decretos que aparecen en La Gaceta, bajo la firma del Presidente se lee “Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. Unida Nicaragua Triunfa”.
Esto de los eslogan a nada conduce, demagogia al viento, un vicio de los últimos gobiernos; lo convincente son acciones, obras, transparencia.
Los ciudadanos que simpatizaron con el candidato del FSLN para presidente lo hicieron por un presidente, y no por una pareja para presidente, con un 38% de la votación total. No olvidar, tener siempre presente, que el resultado fue favorecido por la división de los liberales, el injerencismo del Departamento de Estado de USA y el embajador Trivelli, que aún vive obsesionado contra Alemán, las elecciones ya pasaron, pero su odio le quita el sueño.
Trivelli ha pretendido siempre echarlo del PLC, pero su estructura dice no, por lo que sea. Alemán resucitó al partido, y Trivelli ha pretendido trasladar el mando a Montealegre, que se sentó a la mesa servida por invitación del mismo Alemán.
La actitud de Trivelli es inexplicable, ya es hora de que la Cancillería le llame al orden o le eche del país para que los problemas políticos internos se puedan llegar a resolver a como los nicaragüenses quieran o les venga en gana. Como representante de su país, debe ocuparse solamente de asuntos entre gobiernos respectivos.
El gobierno anterior fue un servilazo, pero ahora, el nuevo gobierno qué, ¿seguirá tolerándole declaraciones públicas injerencistas sobre política criolla o personajes políticos?
Cabe aclarar que en Nicaragua no existe primera dama, ni segunda dama, etc., un disparate de mucho tiempo atrás de llamar a la esposa del presidente de la República primera dama, y menos quienes se dicen revolucionarios, costumbres del atraso. En las democracias, las esposas de los presidentes o primeros ministros juegan un papel muy discreto, son mujeres sin antecedentes políticos, que no se preocupan o hacen labor por los pobres, que de la noche a la mañana son poderosas o les nace una gran sensibilidad social con fondos del Estado.
Los ciudadanos no votan por las familias de los candidatos. Si el presidente convierte a su esposa en burócrata, asignándole posiciones de gobierno, de mando o de controles, no es la costumbre ni una sabia decisión, es un mal paso, porque a su alrededor surgen núcleos de mando y en la administración pública domina el desorden, la confusión y cae en la ineficiencia.
Es el caso que la esposa del actual presidente es el embudo de la información del gobierno por medio de una comisión ficticia, la comisión es de una sola persona, la que da órdenes, y así ha venido poco a poco centralizando poder e ingresos del Estado, y sin duda centralizará más con el cuento que se trasladan a la casa de gobierno.
Ocurre que se ha caído en el secretismo, se vive una especie de seguridad policial. Se dice y se repite con frecuencia que el pueblo es quien gobierna, pero la verdad es que el pueblo ignora cómo se maneja el gobierno. El pueblo manda cuando lo arrean para concentraciones de masas, para rendir pleitesía a caudillos, gritar, aplaudir y gritar vivas.
Se crearon o se van a crear unos consejos en los ministerios y entes del Estado, para dar una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos, una estructura que vendrá a marginar a ministros y presidentes ejecutivos en la dirección de sus dependencias. El conjunto de esos consejos será una especie de asamblea que utilizará el presidente para gobernar a gusto, y la Asamblea electa por el pueblo podría ir perdiendo importancia.
Todo esto está muy confuso y preocupa la forma de gobernar.
Como remembranza de un pasado que puede volver en parte, se observa en los acuerdos de nombramientos de la Casa de Gobierno los criterios de compañero o compañera, ¿qué se pretende?, un lenguaje fuera de lugar, populista.
Al final, cómo va a ser la política exterior del país en sus relaciones con Cuba, Venezuela Bolivia e Irán, país este último que al aparecer ya tiene compromiso de apoyarle en los foros internacionales, país sancionado por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas y la Unión Europea. Actuará nuestro Presidente llevando la contra a la comunidad democrática occidental, para acompañar o solidarizarse con unos cuantos amigos personales.
Esa actitud de mostrar que bajo el actual gobierno Nicaragua es un país de izquierda, que está con los países no alineados, es un populismo sin sentido, pues sus ideólogos, que desconocemos, lo más que pueden decir es que están con los pobres, hablar de desigualdades y toda esa demagogia barata, porque Nicaragua lo único que ha mostrado y al parecer sigue mostrando es ser mendigo, vivir de lo que recoge en el exterior.
Aparentemente, en el tiempo transcurrido se ha estado montando una estructura gubernamental lo más cerca de la época de los 80, con la gente más allegada y dócil. Nada de fondo que oriente sobre la verdad de las palabras musicales y la alegría de la campaña.
¿Qué ocurrirá con el sistema neoliberal?, habrá cambios o no; si los hubiere, cuáles.
¿Al final cómo serán las relaciones con FMI, Banco Mundial y otros organismos financieros internacionales. Al principio se habló de relaciones cordiales, pero ahora el silencio inquieta a quienes piensan que semejante relación es necesaria o indispensable.
¿Se continúa hablando, hablando nada más, de un clima favorable a la inversión, pero palabras, nada más? Los empresarios repiten como loros el mismo cuento de lo que hay que hacer para favorecer la inversión, pero con qué se come eso. Pasó por aquí el magnate de la comunicación telefónica en el continente americano, un hecho muy positivo según unos, pero esa inversión sólo traería consumismo y pocos puestos de trabajo, no todas las marías son iguales y hay que puntualizar las que Nicaragua necesita, y no estarse engañando con cuentos y canciones.
De la política fiscal no existe ninguna planificación, a como tampoco existe una planificación social, y por supuesto, una planificación económica. Se da la impresión que se marchará de salto en salto, y que hay que vivir en expectativa diaria.
De planificación nada se sabe, lo que se decía en la campaña eran puras palabras; del contenido del panfleto “programa del gobierno de reconciliación y unidad nacional” del 28 de mayo de 2006 que se presentó al III Congreso FSLN, apenas un listado de frases, eso no es programa. Los funcionarios no dicen nada concreto y pareciera que no se atreven a elaborar un programa en sus respectivas áreas, con las frases de la campaña y el folleto citado.
De la deuda interna el gobierno debe meditar profundamente el caso de los Cenis, cuya génesis espuria y estar en poder de bancos hay que pensar dos veces para resolver. Sobre el mantenimiento de valor en otros valores fue una estupidez de un gobierno quebrado, sin reservas en dólares comprometerse decidir el pago de confiscaciones con esa características, si acaso era suficiente con pagar a la par con los impuestos quitados a consumidores, al pueblo, pero se lavó la cara al sandinismo por las confiscaciones o robo.
La historia de Nicaragua muestra una dependencia de por vida y los políticos se acostumbraron a vivir de la caridad para una vida fácil y alegre. Hasta el cansancio repetiré que mientras los nicaragüenses no hagan su propio sacrificio y trabajo, seamos independientes, la pobreza y las desigualdades no comenzarán a resolverse.