Opinión

Calidad de vida en la vejez sin sonidos


Con frecuencia se habla de aumentar la esperanza de vida para las personas de la tercera edad; eso a veces es contradictorio, pues puede aumentar la vida pero no la calidad. Y muchas veces son vistas como estorbo o no se les da atención. Es lo que sucede cuando pierden la audición.
Según investigaciones, el 33 por ciento de las personas mayores de 60 años y el 50 por ciento de las mayores de 65 presentan algún grado de deficiencia auditiva (Miyara, 1999) y a medida que avanza la edad, se incrementan los problemas de audición, porque mientras se envejece, la exposición de toda la vida se va acumulando, y con ella sus efectos.
La pérdida de la audición a causa de la edad se llama presbiacusia. Si es total, se habla de anacusia. La disminución de la capacidad auditiva es la hipoacusia. Hay que recordar que la pérdida de la audición no llega sólo con la edad avanzada, sino que los ruidos intensos y constantes también afectan el oído, como en los ambientes laborales. Es la hipoacusia profesional; y en actividades sociales, hipoacusia social.
La pérdida de la audición, además de los problemas directos, como no poder escuchar, si no es tratada, tiene efectos secundarios en la salud, como cansancio, dolor de cabeza, tensión muscular, vértigos, insomnio, problemas de presión y estomacales, estrés, etc.
También tiene repercusiones en el ámbito social. No poder oír significa buscar otra forma de comunicación o aislarse. No es igual quedarse sin escuchar a edad avanzada que no escuchar desde niño/a o desde joven; en estos casos aprenden a comunicarse mediante el idioma de señas; pero en la edad adulta, tanto el afectado como su familia tratan de continuar comunicándose a través del lenguaje oral. Y a veces se les grita, pero esto más bien puede molestar. Según los especialistas, si se quiere seguir con el lenguaje articulado, lo mejor es acercarse y hablarles de frente y despacio, para que vean los movimientos de los labios. Es decir, la voz se convierte en movimientos de los labios y la escucha se hace con los ojos, como en el cuento de Cecilia Ruiz “Óyeme con los ojos”.
Como vemos, la pérdida de la audición ya es un trauma personal, y a ella se suman muchas consecuencias. El problema repercute no sólo en la vida personal de quien los sufre, sino en la vida familiar, en las relaciones sociales. Los especialistas afirman que esto trae cambios psicológicos, entre los que señalan: aislamiento, depresión, mal humor, inseguridad. Al no entender, pueden volverse desconfiados, con temor a ser personas dependientes y hasta de que se les maltrate; pueden sentir vergüenza, tristeza, ansiedad, estrés, y no sólo causado por su auto aislamiento sino que se siente solo. El problema emocional no es visible y lo sufren en silencio. Pero no es que se sientan solos, sino que realmente los dejamos solos. Y es que a veces se nos hace difícil comunicarnos, pues dependemos del lenguaje articulado; sin embargo, podríamos aprender el lenguaje de señas, ya hay organizaciones que se preocupan por difundirlo, como la Asociación de Sordos y la UNAN-Managua.
En cuando al trato indebido a la persona con deficiencias auditivas, se habla no sólo de abuso psicológico, como insultos, maltrato, humillación, amenazas; sino también de abuso físico, sexual y financiero, inclusive robo. A esto se suma la falta de capacitación para brindarle los cuidados básicos necesarios. “La eficiencia, paciencia y el cariño con que se trate a una persona mayor con problemas auditivos es muy importante”, dicen los expertos.
¿Qué hacer para ayudar al adulto mayor a disfrutar de sus últimos años? Por lo anterior, la posibilidad de vivir más años viene a ser algo contradictorio si las expectativas de vida no se corresponden con una mejor salud y atención de parte de la familia y la sociedad al adulto mayor. No basta aspirar a vivir más años, sino vivir más con mejor calidad de vida. Por lo tanto, hay que buscar alternativas para mejorar la vida sin sonidos de nuestros seres queridos, ya de por sí golpeados por la vida. Porque la pérdida de la audición no es sólo problema de no poder oír, sino de todo lo que conlleva. Y perder algo tan importante ya es bastante.
Los especialistas dan algunas recomendaciones para una mejor atención: instruir a los familiares y cuidadores para evitar el aislamiento y la depresión del adulto mayor que ha perdido la audición y con ella la comunicación mediante el lenguaje articulado; hablarles de cerca y de frente, mirarlos a la cara, procurando lugares sin ruido e iluminados, para que vean fácilmente los gestos y los movimientos de los labios. Mirarlos de frente, hablar lentamente y vocalizar correctamente. Hay que cerciorase de su atención, tocándolos si es necesario. No es preciso hablar en voz alta. Utilizar frases sencillas y cortas. No cambiar el tema rápidamente. Acompañar lo que se dice con gestos. Agregar señales visuales a la comunicación y al ambiente, como luces, amplificador para el teléfono, timbres, audífonos para el televisor o radio. Darles atención médica, especialmente audiológica, y si se tiene posibilidades, instalarles audífonos.

(Fuentes: F. Miyara, Control de Ruido; D. Martínez Neira. El viejo que no oye; www/reader/alemana/pub/v03; www.spanish.hear-it.org)