Opinión

Fin de las ideologías: importancia de la ética


Se dice que a nivel globalizado hemos empezado la época histórica del fin de las ideologías tal como las teníamos entendidas: de manera dicotómica. Ya no existen las ideologías definidas y polarizadas que separaban a la humanidad entre lo que era concebido como el bien y lo que era concebido como el mal, lo justo y lo injusto, lo verdadero y lo falso; circunscritos en hemisferios geográficos que se autodefinían los depositarios de estas verdades, que eran transmitidas de forma piramidal a los diferentes centros del poder para ser reproducidas y perpetuadas.
Todos estos mensajes pasaban a través de símbolos definidos, reconocidos por todos, que representaban estas ideas.
La búsqueda de imágenes y símbolos es una necesidad del ser humano, quien para sentirse orientado en el significado de lo que piensa y de lo que cree necesita su representación. Todo esto es a la vez transmitido por un colectivo imaginario que alimenta estas formas de representaciones mentales. La religión no queda excluida. Por ejemplo, gran parte del mundo católico se ha buscado para la representación de Dios una configuración definida con un cuerpo o materia, atribuyéndole también una ubicación espacial: para muchos bastaba levantar la vista al cielo para representarse que ese era el lugar de Dios, de las nubes hacia arriba. Igualmente, el diablo ha sido ubicado en este imaginario colectivo de la tierra hacia abajo. Esto de alguna manera hace parte de la memoria de los pueblos, hecha de tradiciones, creencias, mitos.
En la actualidad todo esto también es cuestionado. Dios y el diablo no sólo son cada vez menos definidos como posible materia (basta pensar en la nueva representación de Dios como de un Él/Ella contemporáneamente), sino también una posible localización física: ambos están en todos lados. Ahora se recurre más a valores supremos o éticos como el bien y el mal, la armonía y la desarmonía, el amor y el odio, donde la existencia de uno supone la ausencia del otro o, aún más, se habla de un inimaginable o indefinible, porque ya el hecho de imaginarlo o definirlo es limitarlo.
Lo mismo que ha sucedido con la religión católica ha pasado con las ideologías: están siendo sustituidas cada vez más por principios éticos que adquieren relevancia universal, como por ejemplo: las ideas de libertad, justicia e igualdad. Las representaciones mentales que necesitamos realizar para dar una configuración a lo que creemos y pensamos se hacen cada vez más complejas, porque las áreas espaciales de estos principios éticos no pueden ser tan fácilmente materializadas y confinadas. Por ejemplo, ¿cómo nos representamos la igualdad?
Es difícil dar a los principios éticos una configuración mental que sea reconocida por todos. Su representación es mucho más personalizada y relativa, por lo tanto, más sujeta a una interpretación individual y a un sentido de responsabilidad. Todo esto crea un proceso mental diferente en la elaboración del significado, donde la palabra es fundamental en la búsqueda del sentido ético. Éste se vuelve un punto de referencia sea personal o colectivo.
Por lo tanto, en esta época de crisis de las ideologías la ambigüedad de la palabra y las contradicciones de los hechos o su sentido ético crean aún más desconcierto respecto al pasado. La ambigüedad por sí misma paraliza la interpretación de un significado, porque no se sabe a qué parte del discurso darle mayor relevancia y por consiguiente impide reaccionar de una manera completa. Esto crea a nivel emocional un estado de estrés y de abatimiento. A nivel de su representación mental crea un sentido de desorientación, porque siendo cada vez más personalizada y relativa, no se sabe dónde ubicarla.
La necesidad de salir de la ambigüedad tiene así un significado existencial aún más profundo. Los puntos de referencia, necesarios para todo ser humano, se transfieren de las ideologías seguras y visibles --externas al individuo-- a principios éticos que llaman al sentido de responsabilidad, individual y comunitaria, en un mundo de lo relativo y de lo transitorio.