Opinión

Opciones duras para San Juan del Sur


San Juan del Sur, anteriormente un pequeño y desconocido puerto del Pacífico, ahora un resort famoso en todo el mundo, descrito en el New York Times, es un microcosmo de todos los problemas del turismo extático.
Los peores problemas que sufre son agotamiento del agua, tala de árboles en las montañas, desempleo, construcción desordenada, aguas negras y la erosión de las características que dan al puerto comodidad para sus residentes y encanto para los visitantes. Éste era el consenso informal de los miembros de la sociedad civil que convocó la alcaldía el año pasado. Un oficial de la alcaldía nos dijo que el agua del acuífero está bajando tan rápido que entre 10 a 15 años San Juan del Sur no tendría más agua. Yo estuve asustada por las noticias compartidas en la reunión y también animada por la determinación de los participantes a encontrar soluciones.
El desarrollo de los grandes hoteles con muchas sábanas a lavar y de las mansiones con piscinas, así como el proyecto Palazios, recientemente anunciado con su plan de dos torres de 22 y 25 pisos en la playa, penosamente empeorarían los problemas ásperamente discutidos en 2006. El miedo de la gente está en que San Juan llegue a ser un Disneylandia para turistas, otra Miami. “Cancún” también fue mencionada varias veces como ejemplo de un sitio hermoso destruido por la fabricación de miles de cajas de fósforos, haciéndola parecida a otros lugares. El turismo no queda mucho tiempo extático, se aburre fácilmente.
La uniformidad es muerte, tanto al lado humano como al financiero. Lo ideal, según los participantes, es un San Juan de uso mixto. Dado que el desarrollo está desplazando a los residentes, una de las metas es mantener en el puerto un equilibrio de la industria (como pescado artesanal), hogares, hoteles, restaurantes y otros servicios turísticos. Lo que mantendrá San Juan como una atracción en el mercado global competitivo es su particularidad, su pequeña escala, belleza natural, mezcla de estilos arquitectónicos, su historia larga y su cultura actual, su delicioso paseo en el bulevar desde la Portuaria hasta el estero, la hospitalidad notable de sus residentes originales y la estructura apretada de sus familias.
Se mofó un alcalde anterior por haber permitido un hotel de cinco pisos que hace un cañón de parte del bulevar y priva a todos sus vecinos al este de la vista del horizonte, una parte del cielo y la puesta del sol. Contra ese tipo de pérdidas hay prohibiciones legales vigentes en el interés de la población, pero el alcalde eligió no usarlas.
Eva María Taller, la arquitecta y urbanista de Managua que organizó el evento de 2006, nos dijo: “Hay soluciones para todo”, y es mejor resolver todo simultáneamente. Ya tiene San Juan un grupo de ambientalistas llamado Conservadores, que están reforestando sus terrenos, cambiando el modo de sembrar e irrigar. Ya la gente sabe la urgencia de la conservación y las consecuencias desastrosas de la explotación del agua de los acuíferos. Taller describió cómo el modo de regular puede prevenir varios problemas: reglas, multas, impuestos. Otras ciudades limitan la altura y el tamaño de los edificios y el uso de las piscinas, otras protegen sus centros históricos; aquí ni se define lo que es el centro histórico.
El oficial de la alcaldía en San Juan no sabe exactamente cuándo el agua desaparecerá. Nadie lo sabe. El global warming no va a atrasar el día. El día vendrá. Pero el día antes todo será igual, las piscinas ruinosas funcionando alegremente y la gente en las lomas sin tanques y bombas levantándose en medio de la noche para llenar sus pobres baldes y sus barriles.
Según el libro canadiense Blue Gold (Oro Azul), por Maude Barlow y Tony Clarke, del que se aprende la ciencia y la ética del agua fresca global, las malas señales de una crisis son pozos cada año más bajos o secos, ríos cada año más bajos o secos, bajos niveles de lluvia, la pérdida del suelo, la reducción en producción agrícola. Todo eso ya pasa aquí. Incluso los congos están desapareciendo. Antes de la catástrofe hay que enfrentar en San Juan como en todo el mundo las dos duras realidades del agua: la desigualdad y la ley de la naturaleza.
*Margaret Morganroth Gullette, la gestora de fondos para el Instituto Libre para Adultos de San Juan, regresa a San Juan cada año desde 1989. Es la autora de tres libros y muchos artículos de la prensa en el New York Times, Miami Herald, y Boston Globe, entre otros.