Opinión

¡Hay logros de incalculable valor, pero…!


El 10 de enero del presente año asumió un nuevo gobierno en Nicaragua, un cambio del gobierno de la “Nueva Era” de Bolaños al gobierno de “Unidad y Reconciliación Nacional”. Después de un mes, tiempo relativamente pequeño para valorar o juzgar con propiedad a las nuevas autoridades, lo que diría es que el balance es positivo, muy positivo para amplios sectores de la sociedad nicaragüense. Dicen que lo normal es dejar transcurrir 100 días para valorar el desempeño, no obstante, por lo trascendental del cambio operado, me atreveré a emitir algunos comentarios, juicios y recomendaciones al respecto.
Pensando en función del plan de gobierno, estimo que en esta parte inicial se dedicaron a la organización del gabinete y al delineamiento de las políticas con sus correspondientes estrategias de hacia dónde ir, cómo hacerlo y qué recursos se tienen y cuáles se requieren conseguir. Lo altamente positivo es la definición de que el combate a la pobreza, y todo lo que éste vinculado a ello, es prioridad número uno, razón por la que los recursos disponibles deberán estar en función de eso.
Otros logros y los más visibles, que han impactado de manera extraordinaria, son la restitución de la gratuidad de la educación y la salud. Las medidas adoptadas tienen un incalculable valor real y moral para la sociedad. Se agrega a esto la reducción de los megasalarios en el Estado y el ahorro de hasta un 10% de los gastos en las instituciones para redireccionar los recursos liberados a las prioridades nacionales, eliminando el uso de las tarjetas de crédito, las dietas, la asignación de teléfonos móviles a ministros y otros cargos, así como la prohibición de compra de vehículos nuevos para uso estatal. También es visible el inicio del programa Hambre Cero, que pretende beneficiar a 75 mil familias campesinas en un término de cinco años, así como la búsqueda de soluciones o paliativos energéticos para disminuir los efectos de los apagones en la población. Se observa una clara intención de explorar alternativas diferentes y complementarias de cooperación internacional, incluyendo mantener lo acordado en el Cafta, logrando, a mi leal entender, inspirar confianza al empresariado local y a los inversionistas extranjeros.
Lo que no miro claro es la disposición de compartir dicha estrategia con la sociedad o actores políticos fundamentales, una estrategia de comunicación y transparencia institucional pública. Hay una tendencia a la toma de decisiones por sí y ante sí. Quisiera pensar que es desconocimiento y no mala intención, pero eso no evidencia la dilatada experiencia de estadista que el actual presidente tiene. Entonces, pienso que están obligados a explicar, y la población tiene el derecho de conocer, el porqué de las cosas que suceden. No se puede seguir jugando al gato y al ratón, a la estrategia de la “secretividad gubernamental”, porque ésta aumenta la especulación y las interpretaciones bienintencionadas o malintencionadas.
Esto que fue una virtud en la campaña electoral es el talón de Aquiles de la actuación gubernamental. El silencio electoral de la “Unida Nicaragua Triunfa” fue una estrategia meritoria para evitar caer en la provocación de sus adversarios. Hoy en día, adoptar esa misma estrategia parece no dar resultado, porque lo primero que debe existir es confianza y comunicación recíproca entre gobernados y gobernantes.
También es negativa para la imagen del gobierno la dualidad en la toma de decisiones. Me refiero al pago o no de los Comités Intersectoriales; al uso del escudo o una recreación del mismo; a despedir a personal y después decir que están siendo reubicados. No se puede guardar silencio ante los reclamos públicos disfrazados de verdades a medias y mentiras verdaderas, hay que dar la cara y explicar el porqué de las decisiones. En caso contrario, cualquiera pudiese pensar que el que calla otorga. Y si se están cometiendo errores, rectificar, porque de humanos y sabios es corregir o enmendar las fallas cometidas.
Para nadie es un secreto que el personal existente en el aparato estatal es insostenible por razones económicas ni funcionales e inclusive de confianza profesional y ética. Tampoco es posible ni sostenible, después de revelar los datos de la “mesa servida” del gobierno anterior, encontrar una serie de irregularidades en el uso de los recursos disponibles, incluyendo la concentración y el exagerado destino de fondos para la publicidad estatal y, peor aún, con una distribución inequitativa. El pueblo es inteligente, si se les explica el porqué y para qué de las cosas, no sólo lo entenderá, también lo apoyará, no cayendo en la trampa de la crítica que pretende convertir en problemas nacionales nimiedades, colocando en segundo plano las necesidades y prioridades de todos.
Insisto, el balance es muy positivo, es prudente renovar el voto de confianza hacia este gobierno que es de todos, razón por la que debemos contribuir a su éxito y no procurar su fracaso, porque los efectos recaerán en las personas más desposeídas de nuestro país. Esperemos los casi 70 días restantes para completar el tiempo prudencial y poder así evaluar y calificar el rumbo y los destinos de nuestro país. Ojalá sea promisorio, el pueblo lo necesita y merece un presente y futuro mejor.