Opinión

Carta al comandante Daniel Ortega Saavedra


Señor presidente de la República de Nicaragua, comandante José Daniel Ortega Saavedra, elegido el cinco de noviembre, posesionado en el cargo el diez de enero de este año y a un mes de su investidura, he sido y seguiré siendo sandinista de la manera que el pueblo me ha enseñado, eso significa estar orgulloso de llevar en mi corazón la figura épica del general Sandino.
Mi insurrección la llevo en mis ideales, en el sentir, en ese sufrimiento que convivimos antes y durante la época de los años ochenta y la más dura, por supuesto, de todas ellas, la que se inició con la ascensión al poder de doña Violeta Barrios de Chamorro. Esos tiempos fueron de racismo, desprecio, expulsión y sin ningún tipo de oportunidad para poder trabajar en el Estado, ya no se diga en la empresa privada, que todavía sigue arrastrando rencores y vicios que le siguen caracterizando igual.
Sandino enfatizó que sus principios eran los de no reclamar un palmo de tierra para ser escuchado, hoy usted tiene la posibilidad de poder prorratear la riqueza de esta nuestra nación, que todavía sigue siendo bendita por gracia de Dios, pues su misericordia ha llegado con propiedad y justicia; recordemos cuando pidió la oportunidad de ser creído y tomado en cuenta para dirigir los destinos de la nación.
Nuestro pueblo es cristiano, pero eso no lo es todo, se necesita dialogar, lidiar y converger, pues existen tantas maneras de pensar y hacer, resulta entonces demasiado difícil tratar de salir con la diestra en alto cuando todavía no se tienen los elementos, factores o personas a los cuales recurrir para empezar a soliviantar las tantas demandas de la sociedad y del pueblo mismo.
Tiene la experiencia de ser revolucionario, político y humanístico, pida y será escuchado, dice El Señor, según Santiago. El consenso no puede esperar, todos sabemos que somos un pueblo exigente que lleva sobre sus espaldas décadas y siglos para querer vivir a como Dios manda, sin asonadas, ni preludios de guerra, alejados de las presiones. Nuestra niñez urge un espacio de tiempo en donde pueda conjugar su futuro con la ternura y la esperanza, y si bien es cierto que no todo es fácil, pregone la palabra fácil para que ésta responda a la confianza que demanda el ciudadano.
Equivocarse está dentro del presupuesto de las actitudes humanas y lo mejor es que jamás terminamos de aprender, usted es demasiado valiente y estoico. Su historia es digna de ser considerada como de las mejores, pero los tiempos nos hacen cambiar precisamente es el mismo pueblo que lo provoca, es él certero en sus demandas que luego se convierten en exigencias.
Construir un patria es de hombres, usted lleva más de 40 años luchando por ella, estamos seguros de que su espalda va paralela a los ideales de seguridad y confianza que todo líder tiene como punta de lanza para vencer los obstáculos y mitos que como los de Sísifo tendrán que ceder ante el imperio del trabajo, la solidaridad, al amor y la flexibilidad, que sólo nace de la identidad cristiana, esa misma que debemos de sustentar con fidelidad en el espíritu y la materia.
Docente Honorario UNI
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