Opinión

Materias que faltan en la educación


Hay dos materias importantes que faltan en los programas educativos: aprender a escuchar y aprender a amar. Es paradójico que aún no existan programas educativos estatales, ni siquiera en los países más desarrollados, donde sea reconocido un espacio destinado a estos temas y que serían fundamentales para el desarrollo no sólo de la personalidad, en el concepto de una educación integral, sino también en el fortalecimiento de una comunidad humana.
Si partimos del concepto que la educación es un proceso que dura toda la vida y por esto es permanente, sería de esperar que la escuela fuera uno de los promotores de estos valores. Si bien es tarea de la escuela ofrecer los instrumentos necesarios para dar una educación de calidad de manera que los jóvenes puedan enfrentar los retos del futuro, cada vez más complejo, también es cierto que no sólo basta con la tecnología, la ciencia y la cultura; además, hay que tomar en cuenta las cualidades humanas, éticas, indispensables para crear un mundo vivible, solidario y compartible.
En la cultura occidental en la que vivimos no se da espacio al silencio y a la escucha. Desde que nacemos, una de las preocupaciones principales es si estamos aprendiendo a hablar. No nos preocupamos si aprendemos a escuchar. Cuando se empieza la escuela, las materias fundamentales van dirigidas a la capacidad de expresión sea a través de la lectura o de la escritura. ¿Y cómo medimos la capacidad de escucha? El silencio generalmente es visto como un acto de castigo, no como un componente positivo importante al cual darle espacio para que a través de él podamos estar en contacto con nuestros deseos profundos que necesitan ser escuchados, o para comprender a quien está al lado. Basta pensar que en una visión mística el silencio es la plenitud de la palabra.
Muchos problemas que se generan en el futuro, a nivel de relaciones interpersonales, que según los estudiosos de la comunicación alcanzan al menos el 70% de los conflictos, son porque ha hecho falta la capacidad de escucha y de entendimiento. Si esta capacidad se desarrollara desde que estamos pequeños, seguramente contribuiríamos a la disminución de tensiones, conflictos o violencias, porque seguramente tendríamos más una visión de lo relativo y de la importancia y riqueza de la diversidad de los diferentes puntos de vista.
Otra materia que falta es la de enseñar a amar: amarse a sí mismo, al prójimo, a la naturaleza y a todo lo creado. Existen clases de ética, educación cívica, religión, educación afectiva, sexual, socialización, etc., pero no existe una clase que sea sólo sobre el amor y los obstáculos del mismo; y pensar que es un término universal y permanente en el ser humano que podría disminuir, como la capacidad de escucha, los conflictos. Aprender lo que es la tolerancia y el respeto, el sentido de responsabilidad, sentir que todos hacemos parte de una única comunidad humana. Probablemente una materia de este tipo ayudaría a desarrollar más una capacidad crítica, de atención, de escucha, de compasión. Además, porque hablar de amor (*) es hablar de paz, de justicia, de libertad, de igualdad.
Cuando se habla de desarrollar una educación integral se considera la persona en su totalidad: psíquica, física y espiritual. El elemento unificador de estos tres aspectos es precisamente el amor, donde no hay una edad ni un límite. Es permanente y constitutivo en el ser humano y nunca se termina de aprender a amar, así como nunca se termina de aprender a escuchar y va más allá de las aulas escolares. Involucra a la familia y la sociedad.
¿Por qué no se enseña a amar? Probablemente porque en esta materia somos todos un poco analfabetos. Se enseña lo que se ha aprendido, sea a nivel de estudio o de experiencia vivida.
Aprender a escuchar y aprender a amar son “materias” didácticamente económicas. No se necesitan inversiones en material didáctico. Se requiere simplemente personas que sepan transmitir con pasión y competencia el tema. El problema principal es dónde están. Los desafíos de una educación integral pasan también por estas preguntas que son transversales a toda la sociedad.
*Hablamos del amor en su aspecto de amor ágape.