Opinión

Las negociaciones con el FMI


Por lo que se conoce, la propuesta del FMI de “reforma” para negociar con el gobierno es devastadora, semejante a las que firmaron los gobiernos neoliberales precedentes, en la línea de consolidar el modo de producción de la pobreza.
Lo esencial en la propuesta del FMI es que el gobierno tenga una amplia holgura fiscal para pagar la deuda externa y la mafiosa deuda interna. A costa de:
-) Que no se permita elevar la masa real de los salarios, lo que ata las manos para satisfacer los derechos salariales de maestros, médicos, trabajadores de la salud, policías y otros trabajadores del Estado.
-) Que se impidan las transferencias del Gobierno Central a los municipios.
-) Que si hipotéticamente se lograse una reestructuración de la duda interna, los recursos liberados no pueden ser usados como inversión en fuerza de trabajo o infraestructura, porque serían catalogados como “ruptura de la responsabilidad fiscal”.
-) Que se elimine la autonomía municipal y universitaria.
-) Que se realicen las llamadas “reformas paramétricas” del INSS, que no son otra cosa que aumentar la edad de jubilación, los años de cotización para jubilarse y una severa reducción en el porcentaje del salario que las personas en retiro recibirían como jubilación.
-) Que se indexen las tarifas de la energía según los aumentos en el precio internacional del petróleo, lo que implica una monstruosa elevación de los márgenes de beneficio de las empresas generadoras.
Se trata de un paquete diseñado para avasallar los derechos humanos de los nicaragüenses y afectar la esencia del más elemental proyecto de democracia, en cuanto su imposición impedirá que los ciudadanos nacionales decidan su propio modelo de desarrollo.
Me parece excelente la posición del gobierno de cambiar las reglas del juego de la negociación: que se negocie sobre la base de una propuesta gubernamental y no sobre la base de la propuesta del FMI. Sin embargo, no conozco los detalles de la propuesta del gobierno. Espero sí que antes de negociar exponga ante el pueblo su propuesta y explique sus fundamentos, y que durante la negociación se dé un proceso de información transparente de las posiciones, las diferencias y los acuerdos. La peor carta que puede jugar el gobierno en esta negociación es la del secretismo y los consensos de cúpulas, en la mejor tradición de las gestiones anteriores. Por el contrario, debe apuntar a un involucramiento de todos lo sectores dispuestos a defender los intereses nacionales.
Pero una negociación exitosa no es un asunto de exclusiva incumbencia del gobierno. Es un asunto de todos, por lo menos de todos los que queremos construirle viabilidad a una comunidad política nacional. Éste es el evento más importante de la coyuntura, del cual depende en gran parte la orientación futura del país, y demanda que todos los actores se quiten las máscaras. Que las organizaciones civiles de todos los perfiles, los intelectuales, las iglesias y los medios tomen una activa posición delante de la independencia nacional, la auténtica democracia y los derechos humanos de nuestro pueblo.
*) Agradezco a Adolfo Acevedo Vogl la información que se utiliza en este artículo. Los juicios son de mi exclusiva responsabilidad.