Opinión

Venta Social de Medicamentos, una realidad que puede ampliarse


La Venta Social de Medicamentos (VSM) surge como una respuesta de la sociedad civil frente a la crisis de los años noventa, cuando el Minsa disminuyó considerablemente su capacidad de ofrecer medicamentos esenciales a la población, y pasó a ser uno de los 30 países del mundo con el presupuesto estatal más bajo para la compra de medicamentos (inferior a dos dólares por habitante). Más del 40% de la población no tiene acceso a medicamentos, a esto se le suman los altos precios de las medicinas en las farmacias privadas, a veces mayor que en países de Europa, y los altos costos en que incurren los y las ciudadanas al tener que viajar en busca de la solución a su problema de salud personal o familiar.
A lo anterior se agrega la costumbre de la automedicación y/o consumo de medicamentos con dosis y duración inadecuadas, que si no está acompañada de una educación sobre el consumo racional de medicamentos puede ser perjudicial para el paciente y en general para la población, por la creación de resistencia de los microorganismos a los antibióticos. Igualmente los/as médicos estamos influenciados por la propaganda y se ha creado una cultura de consumismo exagerado, sin tomar en cuenta las posibilidades económicas de la población a la cual estamos sirviendo.
La VSM asegura a personas de escasos recursos el acceso a medicamentos seguros, de calidad y a precios accesibles, ya que la compra se realiza en conjunto a distribuidores y laboratorios nacionales de medicamentos. Existen actualmente alrededor de 200 VSM acompañadas por un programa de control de calidad, tanto de los productos que se ofertan como al personal despachador, el cual puede ejercer la función de dispensar entre 50 y 150 medicamentos esenciales que se corresponden al listado del Minsa. A este personal se le capacita en el manejo de medicamentos y en la promoción del uso racional de los mismos, igualmente se le crea habilidades de almacenaje, inventario, control y despacho de medicamentos, y recibe supervisión periódica por licenciados en farmacia. El porcentaje de utilidad de las VSM permite contar con un fondo revolvente que les permita reponer su existencia de medicamentos y pagarle a la persona que está atendiendo al público, la idea básica es lograr la autosostenibilidad financiera y contar con una supervisión y capacitación periódica al dispensador y de ésta al paciente para que consuma sólo estrictamente lo necesario, recordando que el medicamento es parte pero no el todo de la curación de una enfermedad.
En Nicaragua se tiene acumulada una experiencia de más de 14 años, que debe revisarse y potenciarse, pues es una manera de asegurar una cobertura mayor del acceso a medicamentos con exigida educación sobre su uso. Es una estrategia donde todos ganamos, las empresas farmacéuticas nacionales aumentan su volumen de venta y tienen un control externo de calidad que las ayudará a superar, el Minsa aumenta su cobertura, promueve el uso de medicamentos genéricos y cumple con la Ley General de Salud, la VSM porque genera empleo para una familia y es una microempresa con fines sociales, y la población porque accede a un producto de calidad, de bajo precio, y obtiene la información adecuada sobre el uso del mismo, solventando una necesidad básica.
Sin embargo, para que todo esto sea realidad es importante contar con una ley de VSM debidamente consultada con los diferentes sectores, donde se discutan los mitos y las realidades, donde se defina y reglamente su quehacer, impidiendo que ésta se vuelva una competencia desleal con las farmacias privadas, pero sí privilegiando a la población más pobre urbana y rural.
*Médico epidemiólogo