Opinión

El Estado de Nicaragua en la globalización


Después de 17 años de globalización y de sumisión a las políticas o programas del FMI, atraso, pobreza y desigualdades, Nicaragua se mantiene igual o peor. Es tiempo de analizar esos programas, cuyos detalles y cifras son desconocidos por el público, así como los parámetros iniciales, 1990, que permitirían evaluarlos al finalizar 2006.
El Estado se minimizó, centrando la atención y la acción en el mercado, y sólo el mercado, como suficiente para superar problemas y asegurar el crecimiento económico. El Estado se hizo cargo de la deuda externa que se heredó de la década de los 80, deuda que ha sido la llave para que el Fondo tomara la dirección del país. Una parte se ha pagado con el presupuesto, y otra, a cuentagotas se ha cancelado o disminuido por condonación; todavía hay saldos pendientes.
Los países acreedores no tomaron una decisión de condonación al inicio que hubiera sido muy beneficiosa para luchar de inmediato contra el atraso y pobreza, montaron un suplicio que lleva 17 años.
Por medio del FMI nos han impuesto privatizaciones, leyes, reglamentos y muchas disposiciones más, y de no cumplirse las instrucciones, Nicaragua se paraliza en sus operaciones financieras con el extranjero. Un Estado que no es Estado, porque da órdenes al Ejecutivo, al Legislativo y a la justicia. Instruye a los funcionarios correspondientes para que después éstos saquen la cara y hagan creer que es el gobierno quien lo solicita.
Ha-Joon-Chang, en su libro sobre la evolución de los países hoy desarrollados, que no siempre lo fueron, y las recetas que con frecuencia imponen a los países que están en proceso de desarrollo --que en su momento ellos no adoptaron-- concluye que: ¨El problema común al que tuvieron que enfrentarse los países hoy desarrollados es que el moverse a actividades de mayor valor agregado --que es lo que constituye la clave del proceso de desarrollo económico-- no sucede de manera natural¨.
La historia demuestra que en el desarrollo económico de todas las naciones prósperas, el Estado ha jugado un papel clave.
El Banco Mundial en su informe l997 afirmó que el Estado es un mundo en transformación, que las enseñanzas de los grandes éxitos conseguidos desde la industrialización de algunos países en el siglo XIX hasta el crecimiento milagroso alcanzado por Asia Oriental, lejos de respaldar la teoría del Estado minimizado demuestran que el desarrollo exige la existencia de un Estado eficaz.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe sostuvo que ¨uno de los más serios errores cometidos en el último cuarto del siglo XX fue el de proveer una sola solución¨ que se apoyaba en el principio de la liberalización plena del mercado. La tendencia a equiparar una integración exitosa al mundo globalizado con la liberación económica no considera el hecho de que muchas estrategias exitosas no se han apoyado en una apertura total al mercado, sino, más bien, en varios caminos para armar, articular ¨un círculo virtuoso¨ entre el Estado y el mercado.
Las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en 2004 propusieron la necesidad de un “Estado capaz de conducir el rumbo general de la sociedad, procesar los conflictos conforme a reglas democráticas, garantizar eficazmente el funcionamiento del sistema legal, preservar la seguridad jurídica, regular los mercados, establecer equilibrios macroeconómicos, fortalecer sistemas de protección social basados en los principios de la universalidad y asumir la preeminencia de la democracia como principio de organización social. La reforma del Estado tendría que orientarse a resolver la pregunta sobre qué tipo de nación aspira a construir una determinada sociedad”.
La primera dimensión del proceso de globalización se refiere al mercado financiero y al de las monedas. Estos mercados de dinero y de capital, en verdad globales, tienen la capacidad de pasar por encima, realmente abruman a los controles gubernamentales de los diferentes países y también a la suma de los esfuerzos que varios de ellos hagan.
Otro caso de irrespeto a las autoridades del país se encuentra en privatizaciones como el caso del monopolio comercial de Unión Fenosa, que hace lo que quiere y le vale lo que manden las autoridades.
En Nicaragua saquearon bancos nacionales, los controles no se dieron cuenta a tiempo o se hicieron de la vista gorda, y las pérdidas corrieron por cuenta del Estado con una deuda interna que se está pagando con fondos del presupuesto de la nación. El banco que quebró, quebró, no tenía el Estado por qué asumir el robo en bancos privados
Y el FMI qué dijo, nada; cómo se afectaron sus programas, cuál fue la incidencia en la deuda interna que toma millones de córdobas de los impuestos del presupuesto nacional.
En la actualidad se vuelve a reconocer --por todo el mundo y en todas partes-- que la economía requiere para funcionar de una mayor presencia y acción del Estado para así tener de manera combinada un mayor crecimiento económico, un mejor y sustentable uso y aprovechamiento de los recursos, una más equitativa distribución del ingreso y una disminución de la pobreza.
Una segunda dimensión del proceso de globalización está en la caída de las barreras comerciales y en la internacionalización de las estrategias de producción e intercambio de las empresas que operan en la economía global.
Las dos dimensiones mencionadas arriba han dominado en Nicaragua el proceso de globalización con un Estado sumiso que no se ha atrevido a fomentar la producción física ni a desarrollar políticas efectivas para combatir la pobreza.
En esas condiciones, Nicaragua no tiene futuro para mejorar su situación de atraso, porque la libre economía por sí sola no genera desarrollo, se enrumba sólo donde sus intereses se lo indican. Así vemos, por ejemplo, cómo a bancos que iniciaron con un capital de dos millones de dólares el proceso financiero les facilitó su venta a bancos extranjeros por varios cientos de millones que indiscutiblemente no beneficiarán al país.
Los países del primer mundo en su tiempo desarrollaron sistemas financieros hoy fortalecidos y sus respectivos procesos de industrialización que ahora, con la globalización, les facilitan incrementar su comercio internacional.
Es de esperar que el nuevo gobierno pueda cambiar las políticas seguidas en los últimos 17 años, y principalmente impulsar un nuevo Estado sin el tutelaje del FMI, organismo que sólo habla de clima para la inversión, sin puntualizar cuáles son los tipos que le convienen en el corto, mediano y largo plazo.
Si en verdad existen países u organismos acreedores extranjeros de deudas viejas que piensan condonar, que lo hagan de una vez; y por otra parte, que instituciones como el BID, el BM, el BCIE no sigan otorgando nuevos préstamos a la loca, ni para consultorías dudosas.
Un nuevo Estado para salir del hoyo en que nos encontramos debe planificar de inmediato su plan para corto plazo. Los 17 años acostumbraron a los funcionarios a la fiesta, a la pachanga, y para corregir semejante situación hay que tomar medidas duras, muy duras, para poner punto final a un pasado de despilfarro.