Opinión

La cohesión social: un reto para América Latina y el Caribe

“El contrato de cohesión social que se asienta en valores democráticos debe partir de la pluralidad de las identidades sociales y de que una identidad no debe obstruir la importancia de otras” Amartya Sen

Quisiera por este medio dar la bienvenida a la más reciente propuesta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre la realización de un “Contrato de Cohesión Social” para que mediante las políticas públicas en la región, con todo el respeto a las idiosincracias nacionales, los países aseguren un sostenido largo aliento en la implementación del desarrollo. Los argumentos a favor de esta iniciativa se encuentran en la publicación “Cohesión Social: Inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y el Caribe”, de enero de 2007. http://www.cepal.org
Las razones son más que evidentes. América Latina y el Caribe han experimentado cierto avance económico en los últimos quinquenios; pero éste se ha reflejado fundamentalmente en un saneamiento de sus macroeconomías, habiendo mayor responsabilidad que en décadas anteriores en el manejo de las cuentas nacionales. Sin embargo, los niveles de inequidad continúan siendo muy elevados, ya que “la región registró en 2005 el mismo nivel de pobreza de 25 años atrás, alrededor del 40%, y se proyecta que en 2006 habrá bajado al 38.5%”; en Nicaragua el 45.1 por ciento sobrevive con un dólar al día. Asimismo, el diez por ciento de la población con mayores ingresos continúa teniendo acceso al patrimonio y a los activos (tierras, capital físico y social, educación y calificaciones), lo cual incide en la reproducción social de esta situación (capítulo III de Cohesión Social…”).
Las consecuencias de estas inequidades no se reflejan solamente en el deterioro material de la mayoría de estratos sociales. En el capítulo IV de dicho libro, la reflexión se enfoca en cómo estas inequidades se han convertido en realidades culturales que fortalecen la falta de cohesión social, lo cual constituye, en buen nicaragüense, un “cuello de botella” para el desarrollo; entre ellas, la generalizada falta de confianza en las instituciones estatales, la percepción negativa sobre el desempeño de los partidos políticos, sobre la discriminación de grupos minoritarios, mientras que la percepción de la solidaridad de los connacionales es bastante heterogénea (solamente Chile, Uruguay y Paraguay superan el 75 por ciento positivo), y la participación activa en organizaciones sociales se ha volcado mayoritariamente hacia las organizaciones religiosas, como una expresión de la búsqueda de trascendencia respecto a las dificultades de la población.
No hay duda de que para avanzar hacia un desarrollo integral y sostenible, América Latina y el Caribe requieren de políticas que vayan más allá del radio de acción de los partidos políticos, y que trasciendan la visión del mero fortalecimiento formal de las instituciones. La propuesta de un “Contrato de Cohesión Social” por parte de la Cepal plantea la necesidad de una mejor distribución de los bienes y servicios para superar las inequidades; pero, a la par, el fortalecimiento institucional de la democracia y el estímulo a los diferentes grupos sociales para su participación e inclusión.
El énfasis está en la inclusión y el sentido de pertenencia a un proyecto común, pues solamente así las naciones avanzan hacia su propio desarrollo. Es decir, se requiere estimular una participación representativa de la pluralidad social, política y económica, donde la formación de consensos cuente con mecanismos de operación, seguimiento, monitoreo y evaluación, de modo que los diversos sectores sociales puedan reclamar el cumplimiento de los acuerdos. De esta forma, se estaría construyendo un Estado de Derecho, un orden social democrático y gobernabilidad.
La propuesta plantea tres pilares para la cohesión social, cuya falta de respuestas integrales explica de otra manera la actual falta de cohesión. El fomento de la producción, el cual debe hacerse junto con una estrategia para la superación de los desórdenes e injusticias de la informalidad laboral; la educación debe posicionarse como un factor de equidad social en el acceso, con eficiencia en la preparación para el empleo, y como factor de desarrollo mediante la formación de valores para la convivencia en la diversidad; asimismo, el tratamiento a los excluidos mediante políticas de protección social que se enfoquen como un derecho; pero también con mecanismos sociales de prevención e inserción que faciliten el tránsito de las poblaciones vulnerables hacia la producción y el desarrollo (capítulo V).
Sobre estos planteamientos el libro adelanta una primera versión de indicadores para el monitoreo y la evaluación, aportando la novedad de indicadores de calidad relacionados con las percepciones y sentido de pertenencia social, que permiten medir el avance y el grado de cohesión social que cada sociedad va desarrollando. Finalmente, pone en agenda la necesidad del compromiso de financiar las acciones para la cohesión social, mediante la redistribución del gasto, con apoyo de sistemas fiscales progresivos.
*Consultor en educación y desarrollo