Opinión

De Tropeles y Tropelías


La obra literaria de Sergio Ramírez es simplemente monumental. Siempre he coincidido con muchos en que los buenos libros son eternos. La vigencia de los mismos se va presentando en el mismo contexto en que se escribieron en un momento determinado de la historia; nuestro país no es la excepción a esta regla. Podemos sentirnos orgullosos, sin lugar a ningún tipo de dudas, de que contamos con una vasta base de datos escrita y salida de las manos incansables de escritores, poetas, narradores, periodistas, críticos, articulistas, y todo aquello que pueda leerse.
De todas estas obras se puede sacar la mayor coincidencia en los aspectos políticos. Los nicaragüenses somos expertos en repetir los mismos errores del pasado. Me invade la duda el hecho de que no nos hayan otorgado el premio de Guiness Record como país frente a estos hechos de la repetición de grandes fallas cometidas por la misma persona y por el mismo partido.
La literatura política es inagotable a través de la historia de nuestro país; muchos nos han tratado de enseñar partiendo de los desaciertos, es una lista de honor con la que contamos: Darío, De la Selva, Calero Orozco, Pablo Antonio Cuadra, Manolo Cuadra, Pedro Joaquín Chamorro, Fernando Silva, etc., etc., etc. y, por supuesto, quien me motiva hoy a escribir: Sergio Ramírez. De todas sus obras he escogido hoy De Tropeles y Tropelías, un libro de cuentos que su autor publicó en 1971; es una lectura llena de sátira política, en ese entonces enrumbada contra la dictadura somocista, sin embargo, más trascendente, ya que perfectamente era similar a las historias y anécdotas de todas las dictaduras latinoamericanas que gobernaban en esa época.
Ramírez a través de sus letras va construyendo un entorno que, como una telaraña, va enredando y mezclando con su tela todo aquello que no tiene ningún asidero con la legalidad, típico de los gobiernos arbitrarios el hecho mismo de legislar para sus propios intereses. Se narran las más variopintas historias que rozan con lo irónico y lo ridículo, sin embargo, todas ellas tienen un denominador común: la posibilidad de ser reales, de ahí lo irónico de su contenido.
Digo que el denominador es la realidad en cuanto a que en muchas ocasiones no influye la percepción de lo correcto o lo incorrecto, ya sea desde el punto de vista lógico o jurídico; lo que prima es simplemente la obediencia irracional, que motivada por un servilismo ilimitado hacia el caudillo o el supremo jefe es capaz de hacer un servil funcionario de Estado; el mejor ejemplo de esto se encuentra en el cuento “De los modos de divertir al Presidente aburrido”.
El caso es que como el señor Presidente luego de una fiesta en su honor y no encontrando cosas que lo divirtieran, un Ministro le propuso un juego llamado “Guillermo Tell”, en el que al igual que el cuento clásico se probaba la puntería del arquero con una manzana colocada en la cabeza de su hijo y que éste acertó creando con ello una leyenda. Pero en el caso de este Ministro, él mismo sirvió como blanco y le pusieron un mango en la cabeza ante la ausencia de la manzana; el Presidente al probar su puntería --que por cierto era malísima, típica de los generales y comandantes que sin haber tirado un balazo en batallas se gradúan con el mayor grado cuando toman el poder--
le voló la tapa de los sesos, con ello termina la historia.
En los cuentos que en forma de tratados normativos propios de un estilo de los clásicos del derecho se toman como orientaciones de lo que supuestamente debe hacerse en cada caso, la mezcla de sátira y “legalidad” es inigualable, es inevitable el estallido de una carcajada ante tantas ridiculeces emanadas de una autoridad como la del Presidente de la República. La base fundamental de estas normas radica en lo ilegal de cada propuesta normativa, el legislar sobre casos banales y fuera de todo contenido que valga la pena utilizar el tiempo de los legisladores, esto se refleja en la parte llamada “Suprema Ley”, la cual es un tipo de código de conductas frente a hechos concretos que tratan de reglamentar los hechos más cotidianos y sencillos, que aun en contra de las mismas costumbres se pierde el tiempo regulando cosas insignificantes para una labor que en la realidad debería merecer la mayor seriedad: legislar en beneficio del pueblo.
Pero entonces, ¿cómo cobra hoy vigencia esta obra? Es sencillo, en menos de un mes del nuevo gobierno se vienen llevando a cabo tropeles y tropelías con la misma talla de las dictaduras que provocaron estos escritos. Podemos señalar el significado de estas palabras: tropeles: conjunto de personas, animales y cosas que se mueven de manera rápida y desordenada. Son exactamente los mismos tropeles de antaño con los que han llegado los nuevos funcionarios de gobierno, esto se manifiesta de manera más evidente en los diferentes departamentos del país, los virtuales delegados de gobierno están tan desesperados de ocupar sus nuevos cargos, aunque no tengan ni la más mínima idea de lo que van a hacer cuando lleguen ahí, claro, esto porque su elección obedece a la más pura de las expresiones del clientelismo político.
Tropelías: acción ilegal y violenta cometida por alguien que abusa de su poder. Lo que está ocurriendo en este momento es más que evidente, se manifiesta en una violación flagrante, realizada con premeditación, alevosía y ventaja al igual que el más duro delincuente. En este caso, hay víctimas, la primera llamada Constitución Política y las otras, leyes de la República; lo más inaudito es que frente a todos los argumentos demostrados en sus propias narices, les importa un bledo, por no decir otra cosa, y se hacen los locos, como si no hubiese pasado nada o como si se creen con un poder regio o “chapista” para gobernar por decreto.
Y cada vez lo hacen peor, primero nombrar el Presidente a su esposa en un cargo público, luego desviar fondos que le competen de manera exclusiva al manejo de los propios ministros, sacar un reglamento en el diario oficial sin haber reformado la ley. ¿Y qué le pasa a esta gente? ¿Cuándo va a parar o cuándo alguien la va a parar en sus tropeles? ¿Y los diputados de la oposición, dónde están?
Las prohibiciones normativas son claras en estos temas, en el caso del nombramiento de familiares ya lo dije en una ocasión, el Arto. 130 de la Constitución, además el Arto. 8 de la ley de 438, “Ley de Probidad de los Servidores Públicos”; lo de la concentración de los presupuestos de publicidad está prohibido en los Artos. 155 y 156 de la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República, en la cual se establece cuáles son las atribuciones, obligaciones y deberes que tienen los ministros y titulares de los diferentes entes que manejan presupuesto del Estado y entre los cuales se señala que la máxima autoridad o el titular de cada entidad y organismo tiene entre sus deberes: “Asegurar la implantación, funcionamiento y actualización de los sistemas de administración financiera, de presupuesto, de determinación y recaudación de los recursos financieros, de Tesorería y de contabilidad, cuidando de incorporar el control interno dentro de dichos sistemas, en las áreas de su competencia”.
Entonces, este tipo de disposiciones, ¿son o no tropelías? Estoy convencido de la vigencia que este gobierno le da a la obra de Ramírez, creo que ni él mismo hubiese pensado que tras treinta y seis años de haber escrito esta producción literaria se haga necesaria su reedición masiva para no seguir cometiendo los mismos errores que cometieron las dictaduras de hace muchos y pocos años de distancia de nuestra historia nacional. Los invito a leer esta bella obra, ustedes juzguen quién tiene la razón y quiénes siguen en tropeles y cometiendo más tropelías.
León, febrero de 2007