Opinión

Viva la poesía


Las pasiones políticas ocuparon poco espacio en mi mente esta semana. Del martes 6 al sábado 10 de febrero estuve en Granada participando en el III Festival Internacional de Poesía, al que asistieron más de ciento cuarenta poetas de cuarenta y cinco países, algunos tan lejanos como Tailandia, Egipto, Islandia, Israel y Nueva Zelanda. Este Festival es, hoy por hoy, el evento cultural más multitudinario y participativo que se produce en Nicaragua y hay que destacar que el mismo es una iniciativa que proviene enteramente de la sociedad civil. Año con año, la directiva y el núcleo de personas sobre las que recae el peso de la realización del festival trabajan de manera voluntaria y sin recibir salario para hacer realidad el sueño de convertir Granada en una especie de Meca poética. Organizar anualmente el peregrinaje de tanto poeta hacia Granada es una labor ardua que se ve, sin embargo, ampliamente recompensada no sólo por la asistencia masiva a las actividades convocadas por el festival, sino por el deslumbre de los poetas invitados. Tras esos días en Granada, todos ellos se van tremendamente impresionados por el amor de los nicas hacia la poesía y por las bellezas naturales de nuestro país. Les cuesta creer que exista un pueblo con la avidez del nuestro por escuchar poesía. Y es que resulta realmente impresionante ser testigo de cómo, cada noche, mientras dura el festival, cientos de personas, desde los más pobres hasta los más ricos, desde los más jóvenes hasta los más viejos, se congregan en los atrios de las iglesias y en las plazas de Granada --convertidos en escenarios maravillosos-- para escuchar la lectura de incontables poemas de la voz de sus autores. Siendo tantos los poetas, aun cuando cada uno lea solamente un par de poemas, el promedio de duración de las sesiones nocturnas es de dos y hasta tres horas. El público, sin embargo, conserva durante todo este tiempo un maravilloso y respetuoso silencio. Las únicas interrupciones suelen ser --como sucedió este año mientras el gran poeta brasileño Thiago de Mello leía su poema maestro “Los Estatutos del Hombre”-- las campanas de la catedral marcando el paso de las horas o, a veces, el sonido lejano del atabal que acompaña las gigantonas que, noche a noche, salen por las calles de la ciudad a sorprender a los turistas.
Las lecturas son al aire libre, abiertas a todos y gratis, como lo son los conciertos que tienen lugar después de éstas y que reúnen a artistas como Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, Norma Elena Gadea y Katia Cardenal. Este año tuvimos también un concierto ofrecido por una poeta de Senegal y varios espectáculos de invitados que han incorporado elementos teatrales y música a sus presentaciones.
Los poetas viajan también a ciudades y pueblos vecinos, entre otros Masaya, Niquinohomo y Diriá, donde se les recibe como huéspedes ilustres y de donde regresan conmovidos por la hospitalidad de sus habitantes.
El momento de mayor deslumbre y colorido del festival está dado, sin duda, por el “entierro” que, desde que se celebró el primer año, demostró ser uno de los atractivos más grandes de esta fiesta de la poesía. Y es que Granada, por si no lo saben, tiene la carroza fúnebre más bella del país, la cual es de madera labrada, tirada por cuatro caballos negros y conducida por un cochero vestido de frac y bombín. Dentro de esta carroza, durante el festival, viaja un ataúd donde simbólicamente colocamos los prejuicios y vicios que los poetas querríamos enterrar. El año pasado se enterró el olvido y la indiferencia. Este año le tocó el turno a la intolerancia. La carroza fúnebre entonces sigue un recorrido que arranca del mercado de Granada hasta la costa del Lago de Nicaragua, bajando por La Calzada y va presidida y seguida por comparsas del Guegüence, los Guisotes, comparsas de baile de la Costa Atlántica, chinegros, gigantonas y todas las expresiones del folklore nica. Los poetas van en un bloque detrás de una carroza cubierta de flores, a la que hemos llamado el poeta-móvil. En cada esquina, esta sui generis procesión --a la que acompaña masivamente la gente de Granada y sus visitantes-- se detiene y los poetas suben al poeta-móvil, que tiene un podio y un micrófono, y leen sus poemas. De esta manera, festiva y original, la poesía sale a las calles de Granada y se ofrece a todos los que se aglomeran en las aceras a ver pasar el “entierro”. Recuerdo cuando el cochero que lleva la carroza fúnebre dijo el primer año que nunca había estado en un entierro más alegre. Es, efectivamente, quizás el entierro más alegre del mundo, que culmina con una ceremonia donde se tira “el muerto” al lago y se guarda el ataúd para el año siguiente.
La tercera edición del Festival Internacional de Poesía de Granada saludó la obra de Pablo Antonio Cuadra, Manolo Cuadra y Fernando Silva. El festival del próximo año será dedicado a Salomón de la Selva.
Esta gran fiesta poética tiene la característica de ser financiada, casi en su totalidad, por patrocinadores de múltiples signos, desde bancos hasta personas privadas. Hasta ahora también ha recibido el auspicio del Ministerio de Turismo y del Instituto de Cultura. Este año ni los directores designados por el nuevo gobierno al frente de estas instituciones, ni el Presidente del país, a quien siempre se invita y se designa, por deferencia, como presidente honorario del festival, asistieron a la inauguración. Del Gobierno de Unidad y Reconciliación sólo llegó el señor vicepresidente, don Jaime Morales Carazo, como aficionado que es de la poesía. Pero, como ya mencionamos, uno de los grandes méritos del festival es ser una iniciativa ciudadana nacida dentro de un espacio de libertad y sin carácter oficial. Su éxito es un éxito de todos los nicaragüenses que celebran así una de las tradiciones más hondas de nuestra patria: el amor por la poesía.
Si no lo ha hecho, haga planes, querido lector, para asistir en 2008. Le prometo que no se arrepentirá.