Opinión

De aedas, festivales y antipoesía


El III Festival Internacional de Poesía de Granada se realiza en homenaje a la obra de Pablo Antonio Cuadra, en saludo al centenario del nacimiento de Manolo Cuadra y a los primeros 80 años de Fernando Silva, obras cimeras y señeras en la literatura nicaragüense. La obra de PAC, poesías, dramas, ensayos y artículos, es fundamental en la creación de buena parte del imaginario del nicaragüense del Pacífico y su palabra iluminada de libertad, a pesar de sus conexiones y períodos castrólicos y fascitoides, para mí siempre se salvará por un humanismo cristiano capaz de leer e interpretar con auténtica belleza mucho de lo popular.
Manolo Cuadra, aunque tenga el mismo apellido y raigambre, es un poeta de resistencia frontal a la dictadura, de vuelo proletario y popular, con una extraordinaria capacidad de poetizar sus sentimientos y corroer la dura realidad con sus irónicas y precisas palabras. Fernando Silva, por su parte, también del partido de los granadistas, ha logrado constituir su obra como la más alta expresión literaria del habla nicaragüense. Obra cuya gran riqueza la podemos medir por los estudios académicos que provoca y las sesudas y apasionadas polémicas que se desatan en las mesas libatorias de las y los poetas.
Este Festival de Poesía se está convirtiendo muy merecidamente en parte de la tradición cultural y turística de Nicaragua. Nuestro país, aunque a las nuevas generaciones les quepan algunas dudas, es una potencia poética en lengua española, y de ser traducidos a otras lenguas algunos poemas de autores nicaragüenses gozarían de prestigio universal. Ni se les ocurra pensar que estoy padeciendo de un ataque chauvinista proclive a lo hiperbólico. Lejos de mi monsieur Chauvin. O que mi ignorancia tan supina me haga desbarrar con afirmaciones como la anterior. Si algo aprendí en la academia y la vida es pura literatura.
El Festival de Poesía de Granada es un festival no un concurso de poesía, ni tampoco un simposio de excelsos académicos. Es un momento de “comunión” de la poetería universal en la poética comunidad nicaragüense de Granada. Por supuesto, con todos los bemoles y derechos de un ser humano convertido en pavo real, como suele ser el o la poeta. Los poetas tiene derecho a reunirse donde ello(a)s quieran, leer las basuras sublimes que quieran, libar, comer y amar como quieran en una labor de promoción y comunicación de sus personas, obras, lenguas y culturas.
El público espectador tiene varias alternativas: el aplauso, la rechifla, la imprecación, el tomatazo o simplemente largarse de uno de los atrios de la iglesia e ir a llorar escuchando un ballenato en alguna cantinucha de Granada. Ocurre que los granadinos son muy educados y no han querido ejercer el derecho a la sana crítica lanzando un tomate podrido a un insufrible poeta.
Igual de bien y magnífico debe parecernos a nuestros ojos la labor antipoética que algunos jóvenes creadores nicaragüenses, rebeldes, alternativos o marginales están realizando este año en el contexto del festival. Este festival es tan bueno que ya produjo su antifestival. Así como en la Granada de inicios del siglo XX, el Parnaso señorial produjo la reacción de los vanguardistas oligárquicos y libertarios. De todo hay y debe haber en el jardín de Calíope y Safo. Si no la cosa sería demasiado aburrida. Y los poetas no han venido al mundo para aburrirnos, sino para hacer poesía que es la vida, su belleza y horror, convertida en lenguaje/escritura trascendentes.
Por eso al doctor Enrique Martínez Wheelock le aconsejo que vaya al ágora, donde se mercaban tomates y Sócrates filosofía, se compre una oblonga caja de ellos y comience a tomatear a los poetas dicentes de los versos no homéricos ni pindáricos que no sean de su gusto. Yo lo imagino a usted vistiendo toga, calzando coturnos, de lauros su cabeza coronada, bajo el céfiro leve de Eolo en la Acrópolis, empuñando una lira y recitando los más épicos versos de Homero. Pero tampoco necesitaba ir tan largo para encontrar la épica, en Nicaragua existe una excelente poesía épica, objetiva, sin yo como a usted le gusta, la de Ernesto Cardenal.
Y este santo padre de la palabra, le cuento que llena estadios, habla de las necesidades del pueblo, de su historia y de su utopía y la plebe, como usted la llama, delira con él. No es broma. Y no sólo la plebe local, en serio don Enrique, la chusma universal delira con Cardenal. ¿O es que Ernesto, porque es un cura comunista, un cristiano marxista, no le gusta porque su palabra no se levanta sobre la espalda de millones de esclavos como en su Grecia Antigua y es un aporte para la liberación de los millones de explotados por el capitalismo?
¡Larga vida al Festival Internacional de Poesía de Granada y más larga vida a la antipoesía de las/los jóvenes poetas rebeldes!