Opinión

Posibles soluciones al problema energético


El agravamiento del problema energético nicaragüense habla claramente de incoherencia gubernamental, falta de perspectiva de largo alcance e involuntariedad en resolverlo por parte de aquellos funcionarios que han sido designados para rectorar las diferentes instituciones del Estado nicaragüense. Hemos sufrido en carne propia una actitud que se ha convertido casi en ley de parte de cada gobierno entrante, implementando medidas reformatorias que lo único que logran es inestabilidad laboral y discontinuidad de planes y proyectos iniciados por gobiernos anteriores.
Se hace necesaria una generación eléctrica de bajo costo mediante el uso requerido de aquellos recursos naturales de los que, con gran magnanimidad, Dios ha proveído a Nicaragua: caudalosos ríos para una generación hidroeléctrica, raudos vientos tropicales para una generación eólica y activísimos volcanes para una generación geotérmica. Estos tres tipos de generación, además de no contaminar el medio ambiente, nos librarían de las imposiciones arbitrarias de la tenebrosa OPEP, cuyo primordial objetivo es mantener lo más alto posible el precio del petróleo, dando ésta trato igualitario tanto a países pobres como ricos, y una onerosa factura petrolera que nos hace desviar recursos económicos que podrían dirigirse a solucionar otros problemas sociales o efectuar inversiones necesarias de infraestructura.
Al bajo costo deberá emparejársele una generación de óptima calidad, carente de perjudiciales incrementos o decrecimientos de voltajes y sin prolongados períodos de corte, mediante la adquisición de equipos de prestigio internacional y con amplio historial de desempeño técnico, asistencia tecnológica, asesoría y capacitación del personal nicaragüense, continuo abastecimiento de repuestos originales, rigurosa calendarización del mantenimiento preventivo y correctivo y, lo más determinante, una periódica actualización con tecnología “de punta” que nos facilite avanzar al mismo ritmo de la globalización.
Complementariamente, la amplitud de generación deberá ser lo suficientemente holgada que no solamente sobrepase a la demanda nacional, sino que además permita la posibilidad de poder vender energía a hermanos países de la región centroamericana que en determinadas circunstancias lo soliciten.
El gobierno nicaragüense debe coordinar, contribuir y liderar todo esfuerzo conjunto, asumiendo acciones encaminadas a incentivar toda inversión nacional y extranjera que posibilite iniciar o desarrollar proyectos concretos de generación eléctrica, exonerando de impuestos la importación de ciertas maquinarias y equipos, pero utilizando convenientemente nuestros valiosísimos recursos naturales. Nuestro Poder Legislativo deberá tramitar ágilmente todas aquellas leyes que sean requeridas en las diferentes actividades de este sector industrial, y enmarcarlas dentro de un área de confianza y seguridad. Este último aspecto deberá garantizarlo nuestro Poder Judicial con un desempeño resuelta y exclusivamente apegado a todas nuestras leyes. Que todo empresario e inversionista experimente justicia pronta y certeza de que toda inversión realizada en nuestra nación está jurídica y funcionarialmente resguardada.
Otras acciones meritorias ya encaminadas y que forman parte de la “marcha” nacional hacia la independencia energética han sido las de algunos empresarios nicaragüenses que con visión emprendedora han decidido diversificar sus particulares bregares industriales, a pesar de todas las dificultades de estos tiempos y la incertidumbre después de las periódicas elecciones nacionales, y han entendido la necesidad de aunar esfuerzos y arriesgarse en producir nuestros propios biocombustibles, teniendo presente que el potencial de electro-generación nicaragüense ronda los casi dos mil megawatts, según entendidos en esta materia; el etanol, sustituto de la gasolina, proveniente del cultivo y procesamiento de la caña de azúcar; el biodiesel, igualmente de la palma africana, frijol de soya e higuerilla.
De ahí la importancia del Decreto Presidencial 42-2006, emitido por el ex presidente Enrique Bolaños en el pasado mes de julio declarando de “interés nacional estratégico” la producción de biocombustible y bioenergía, propiciando a través del MagFor el cultivo de 200 mil hectáreas de palma africana, así como la promoción de industrias extractoras y refinadoras de aceites vegetales y de alcohol etílico.
Resulta muy alentador comprobar que algunas empresas nacionales han estado efectuando inversiones en la generación eléctrica a base de biocombustibles, entre las cuales puedo mencionar a Palmares del Castillo S.A. (Palmasa), Fraccionadora de Occidente (Fracocsa), dos compañías del Grupo Pellas conformadas por la Compañía Licorera de Nicaragua S.A. y Nicaragua Sugar States Limited (propietaria del Ingenio San Antonio). Y qué decir del proyecto más ambicioso de generación hidroeléctrica conocido como Copalar, con una generación aproximada de 800 a 900 megawatts, un requerimiento de inversión calculado en 1,000 millones de dólares y que todos los nicaragüenses estamos esperanzados en que constituya a largo o mediano plazo la solución definitiva a este problema, el cual algunos pensadores nacionales lo catalogan ya como de seguridad nacional.