Opinión

Criticar al gobierno


Transcurrimos en un sistema desigual, miserable, estructurado bajo el mando militar y la ansiedad codiciosa de riqueza, que obstruye pensar libre, sin temores, y promueve la palabra para caer en gracia a los poderosos, obtener dinero y alcanzar éxito.
Por esa razón ha sido imposible superar “nuestra cultura” sustentada en egoísmo, verticalidad, exclusión. Esa cultura, ese sistema, está diseñada para cooptar el pensamiento, restringe información que contribuya a crear la identidad no sujeta y ensalza las ideas del ser objeto.
Las oscilaciones del pensamiento, de algunos generadores de opinión política, no son variantes para adecuar la práctica a las condiciones que facilitan la superación social; en la mayoría de los casos responden al acomodo, la sumisión, el servilismo. Algunos de ellos anteayer se concibieron comunistas, después clericales capitalistas. Otros avalan el concepto al cual se oponían cuando sus antiguos contrincantes les llaman a ser parte del grupo, entonces cambian el discurso y se encorvan. Son vividores políticos, denotan la búsqueda de superioridad financiera.

El mismo cuento
Con el inicio de cada gobierno, a quienes viven en la miseria les emerge con más fuerza la esperanza de ascenso. Sin embargo, casi veintiocho años se cumplen desde el derribo de la dictadura somocista y el país continúa debatiendo sin llegar a establecer un modelo aceptable y efectivo, luego de miles de muertos, daños humanos y “destrucción colateral”.
En la historia de Nicaragua, la revolución sandinista, tratando de construir un sistema más justo para los pobres, ha sido el fenómeno político que más cerca ha estado de beneficiar a las clases explotadas. Guerra de clases, entre pobres y ricos, que se fue convirtiendo en guerra contra la dictadura somocista.
Sin embargo, el sandinismo en los ochenta, a pesar de surgir de y por los pobres, respaldado por la mayoría debido a su intención de poder popular, no logró mantener el respaldo de la inmensa mayoría de populares. No se desligó del arquetipo absolutista, vertical y excluyente.
El poder se alejó de la mayoría. Conoció y censuró la reacción del pueblo, principalmente de los campesinos inmersos en el fenómeno revolucionario. Los líderes imperaron con sus dictados y rechazaron consejos o críticas que expresándose constructivas razonaban las órdenes. Se rodearon del séquito.
No es posible equiparar la dictatorial actitud somocista con el absolutismo revolucionario sandinista. Durante el gobierno sandinista se abrió espacios a la sociedad, pero no satisfizo las demandas, las expectativas de libertad y bienestar creadas o reforzadas por el mismo sandinismo. Justificaciones esgrimieron, algunas muy dudosas como censurar por la guerra, otras totalmente cuestionables como la veneración o servilismo al mando por la defensa de la revolución.
Las inhabilidades para convencer con un nuevo modelo justo y las ostentaciones de una buena parte de dirigentes generaron descontento, lo cual fue aprovechado por Estados Unidos. Se creó una realidad que, beneficiando a miles de personas, muchos ahora desprecian olvidando logros sociales y económicos, y la calidad de humanos alcanzada por un considerable porcentaje de habitantes.

Cuidado con viejas concepciones
De nuevo en el gobierno, aun cuando impulsa sus ventajas con base en su experiencia negociadora, en el FSLN todavía algunos directivos actúan con intenciones absolutistas, lo bueno es que las valoraciones políticas sociales no les facilitan sus imposiciones en este nuevo escenario.
La crítica debe elevarse por encima de cualquier interés particular. Está en juego el bienestar de ese 70% de personas que viven en pobreza. Todavía hay que batallar contra la certeza del análisis crítico de cada uno de nosotros, la recepción de los funcionarios del Estado y quienes se benefician de éste, y la represión sutil, económica y social.
El problema principal es que surge la censura al expresar ideas contrarias o impugnadoras de una parte del todo o la totalidad. Los poderosos no dejan de creerse infalibles. No saben de relación equitativa, ni en el pensamiento ni en la práctica social. Es la voracidad pecuniaria o el sentido de autoridad aplastando a los demás.
No todos los sandinistas del FSLN están preparados para escuchar críticas. Un ejemplo claro es el del actual director del FISE, Nelson Artola, quien siendo alcalde de Matagalpa desestimó y excluyó como oferente publicitario a un medio que develó sus desaciertos administrativos y abusos políticos, aunque no logró descalificarlo como pretendía. Debemos continuar criticando al gobierno, proponiendo acciones para la mejoría de los miles de excluidos. Criticar para alertar, para destruir lo incorrecto que se construye en bien de unos pocos. Indudablemente la crítica al adinerado, que ve afectados sus ingresos, provoca la represión y difiere del pobre que necesita superar su miseria.
Sería mucho más favorable si los ricos se desprenden de su avidez y “orgullo de clase”, y los pobres superan la postración a la cual han estado sometidos o encuentran interlocutores que expresen por ellos su verdadero sentir y pensar, sin manipulación. Construir una mejor sociedad para todos debe ser el principio crítico de nuestros ideales.
A los gobernantes y gobernados hay que estimularles o presionarles a ser diferentes, exigirles crear otro orgullo, el honor de servir al país, y no promoverles la autoestima a partir de la reverencia y la servidumbre. Condenemos lo que afecta a la mayoría. Reflejemos lo bueno que realiza el gobierno. Elogiemos la transformación de las relaciones injustas de poder si éstas al fin cambian nuestro sistema político dominado por corruptos.