Opinión

¿Festivales de poesía coloquial o intimista?


Inobjetablemente, los tiempos favorables para la poesía lamentablemente han pasado a la historia como una reminiscencia o anhelo que vale la pena pronunciar. Otrora existían variados temas y formas que revolucionaban el sentido y expresión poética del mundo y que se reflejaban a todas sus anchas entre aedos, juglares, bardos o poetas errantes cuya manera de dirigirse a la humanidad hoy se ha perdido irremediablemente. Estos hombres, que en medio de un contexto histórico incipiente para el conocimiento científico (nada comparable con la modernidad), pero con verdadera emoción poética de antiguas civilizaciones, sabían el mecanismo de cómo llegar a las masas, se hacían escuchar por todos los estamentos y eran entendidos desde la aristocracia hasta el más marginado de los parias; todo a través de un método excepcional de comunicación o lenguaje dirigido de manera directa para que fuera no solamente entendido, sino también asimilado por el pueblo.
Estos mecanismos, géneros o formas de expresarse se concentraban en la poesía geórgica, bucólica, didáctica y la inspirada en todos los temas cautivadores de atracción a la plebe. Ello explica que con toda libertad se pudiera forjar o hacer tan popular una poesía conversacional “de masas” o “de calles” pregonada en las esquinas, avenidas reales y vericuetos de toda la urbe, de la llamada Atenas, la Acrópolis, o Roma. De manera que todo lo que predicaban o narraban los poetas de ese tiempo era entendido fácilmente quizá porque relataban las grandes hazañas de los héroes nacionales en sus aventuras por lejanas tierras, ya fuera por razones de cultura o guerra, o porque los mensajes concretos dentro de su esencia poética eran verdaderamente artísticos en el sentido estético de la palabra, o porque al final lograban calar en la conciencia y el corazón sensible de la gente.
En otras palabras, los juglares o aedos hacían inteligible su poesía con auténtico desarrollo artístico, para que se captara su sentido y mensaje. No vagaban entonces por las calles exteriorizando sus intimidades, interpretaciones personales del mundo o impresiones propias de la realidad; simplemente abordaban temas o material poético que interesara al público en general, sin caer en lo vernáculo o ridículo. Pero ello tiene una explicación que los dizque poetas que celebran festivales o se resbalan fácilmente en los tabloides literarios no han logrado entender: las grandes contradicciones del capital, que ahora son una constante como el pan de cada día, no eran tan visibles en las civilizaciones antiguas, las cuales gozaban acaso de un sistema más justo y evolucionado, con una equitativa distribución de la riqueza bajo cualquier forma de gobierno, ya fuera éste el de las polis democráticas, principado, república, imperio o monarquía.
Ahora llevar la poesía a las masas de esa manera (coloquial, vulgarizada, callejera) se configuraría como una burda y patética ridiculez que debe ser evitada a toda costa, ya que la gente de nuestro tiempo vive en un contexto de supervivencia, donde su principal objetivo desde el alba es luchar en un mundo hostil de palpables contradicciones sociales, de injusticia e iniquidad. Era obvio entonces, y aunque parezca paradójico, que en esas civilizaciones antiguas existiera mayor conciencia social, mejores niveles de vida, más armonía y convivencia que permitían orientar las variadas formas de cultura y de expresión poética a cada uno de los estratos sociales. Quizá ello explique también por qué las obras de los poetas de ese tiempo hoy sean inmortales y hayan pasado a la posteridad.
Ahora muy poca gente entiende y quiere saber de poesía, no por falta de interés, inteligencia o debida instrucción (porque se ha avanzado significativamente en la alfabetización o el libre acceso a la tecnología y la educación superior), sino porque la expresión poética contemporánea prescinde del contexto de supervivencia que al pueblo le ha tocado afrontar, soslayando los temas tan agobiantes de miseria y pobreza dentro de un hábitat invariablemente adverso a su triste realidad y que a cualquiera obliga a trabajar a tiempo completo.
¿Cómo explicar entonces que algunos quieran hacer llegar inútilmente su nimia producción poética a las masas, cuando todavía no tienen la capacidad de percibir la verdadera necesidad del pueblo? ¿Cómo enderezar su arte y hacerlo un poco digerible a la realidad de la gente? He ahí un factor importante que tiene que ver con la calidad poética de estos innovadores del escarnio popular.
La poesía coloquial como medio de expresión accesible al vulgo debe de despertar su interés tocando temáticas que lo incluyan o le busquen propuestas y alternativas a sus necesidades, pero nunca recitándole intimidades propias como autor de una pieza lírica. Es lícito deducir, entonces, una clasificación poética en tres tipos:
- Subjetivismo intimista extremo: característico de quienes creen que poesía es elevar al plano literario sus experiencias personales, gustos, tendencias, opiniones, formas de ver el mundo, carácter o sensibilidad propia, sin generalizarlo al medio exterior, ni tomando en cuenta la realidad o condición de los demás. Es una poesía egocentrista e individualista, donde prevalece “el yo”, pero nada parecido al Canto de mí mismo de Withman o el Diario personal de Ana Frank.
- Subjetivismo exteriorizado: el que desde una impresión cósmica de un medio circundante determinado crea imágenes o aborda temas que hacen sentir al lector como si fueran propios, por estar identificado con el mismo hecho u objeto del acto creador; es decir, se identifica la misma forma de vida, estado anímico o mundividencia del poeta con el interés del receptor, de manera mediática.
- Ausencia total de subjetivismo: es la poesía objetiva que interpreta la realidad exterior de manera neutral y generalizada, abordando temáticas de interés común acerca de problemas globales, sin utilizar la primera y segunda persona. Es de inspiración universal, propia de los autores que trascienden los límites de su imaginación para pasar a la posteridad. Esta última calidad de poesía es la única aceptable, de carácter popular, colectiva, que puede llevarse a la gente sin inconvenientes y que es sin embargo la que menos recitan o publican los autores que intentan hacerse oír en las calles de ciudades coloniales y suplementos literarios.
Para que la poesía pueda renovarse dentro de su normal proceso evolutivo y vuelva a despertar el interés de otros tiempos, se necesita enfocar nuestra imaginación creativa autocorrigiendo defectos y componer con sobriedad de subjetivismo o ausencia de intimismo para aprovechar el vasto repertorio temático de interés general o común a los problemas globales. Sólo así podríamos atrevernos a publicar, por no decir a pregonar a todas luces, una verdadera inspiración poética en provecho de la humanidad. Recordemos el axioma: “El auténtico escritor se estima más por lo que rompe o engaveta que por lo que publica”.

mowhe1ni@yahoo.es
Abogado y notario
Autor de Teoría de la Nada.