Opinión

Atacar Irán


Cada día más voces alertan del peligro y las consecuencias de un ataque contra Irán, que sería poco más que un suicidio. La preocupación no es gratuita y las razones en que se asientan los temores tampoco. Ante el desastre sin paliativos en Iraq, del que Irán ha sido el mayor beneficiario, el gobierno Bush parece cada vez más proclive a una fuga hacia delante, que incluiría una guerra contra Irán. Para ello cuenta con el apoyo férvido de Israel y los llamados neo-cons, empeñados en frustrar la emergencia de la vieja Persia como potencia económica, militar y nuclear en Oriente Medio y Próximo.
Hace escasamente diez meses, este diario publicaba las declaraciones de Joseph Cirincione, experto estadounidense en asuntos nucleares, quien afirmó que el Ejército de EU venía haciendo, desde hacía varios años, juegos de guerra sobre Irán, cuyos resultados ocultaba a la opinión pública. La causa, decía Cirincione, es que casi todos los ejercicios salían mal. Las fuerzas estadounidenses no alcanzaban los objetivos propuestos y los juegos de guerra terminaban en desastre. Sus resultados eran peores que los de Irak.
Consciente de los riesgos de una agresión, Irán no ha cesado de fortalecer su capacidad militar. Hace un año anunció el éxito de las pruebas de dos nuevos misiles de uso múltiple y plataforma móvil. Informó también de la prueba exitosa de un misil submarino, capaz de moverse a 100 metros por segundo. Ni el barco más rápido, aunque detectara el misil, podría escapar al impacto. El pasado enero, Rusia completó la venta a Irán del sistema antiaéreo Tor-M1, uno de los más potentes del mundo, capaz de detectar, seguir y destruir objetivos hasta a doce kilómetros de distancia. Por su parte, el almirante estadounidense William Fallon, futuro jefe de operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, declaró, hace pocos días ante el Senado, que Irán “está dotándose de una fuerza de bloqueo a fin de impedirnos el acceso al Golfo Pérsico si la situación llega a un punto que lo consideren necesario”. Irán, por tanto, podría cerrar ese estratégico golfo, lo que provocaría un caos energético y un aumento exponencial de los precios del petróleo.
En EU estudian azuzar las rivalidades étnicas, apuesta disparatada viendo Iraq y de escasa relevancia entre los iraníes. A diferencia de Irak, Irán es un país étnica y religiosamente homogéneo. El 80 por ciento de su población es irania y el 98 por ciento de sus habitantes son chiíes. Nada que ver con el tablero étnico-religioso-lingüístico de Irak, que facilitó la ocupación del país y hoy lo tiene en guerra civil. Irán, además, triplica la población de Iraq: 62 millones de iraníes por 21 millones de iraquíes. Y cuadriplica la extensión territorial. Irán posee 1,645.528 km2 por apenas los 434,128 km2 de Irak.
Una aventura militar contra Irán requeriría cuatro o cinco veces más soldados que los empleados en Iraq, es decir, más de medio millón de efectivos, y una cantidad casi infinita de recursos económicos y militares. Dado que el ataque tendría un efecto dominó, sería preciso incrementar las fuerzas militares en los dos países vecinos ocupados por tropas occidentales. A 250,000 hombres en Irak y 100,000 en Afganistán. Haciendo números, EU necesitaría desplegar un millón de soldados para enfrentar una guerra que se extendería de Afganistán a Irak y que terminaría arrastrando a Líbano y Siria.
Estaríamos ante el mayor esfuerzo militar de EU desde Vietnam, con la diferencia de que en los años sesenta existía el servicio militar obligatorio y en el presente no. Las Fuerzas Armadas estadounidenses tienen graves problemas para llenar las cuotas de reclutamiento, a tal punto que consideran abrir oficinas en Latinoamérica, para reclutar soldados a cambio de la residencia en EU. Como no es creíble que los latinoamericanos acudan en masa a inscribirse, una guerra contra Irán obligaría a restablecer el servicio militar, lo que provocaría un cataclismo político en el país.
Existen planes que contemplan ataques con armas nucleares tácticas sobre las centrales iraníes. Aquí se aposentan en la locura. Un ataque nuclear rompería la regla no escrita de no uso de armas atómicas. Provocaría una hecatombe humana, contaminaría toda la región y desataría una carrera desbocada para adquirir armas nucleares, único medio de evitar ataques. La humanidad se hundiría en la barbarie y la guerra devoraría la economía mundial. No se equivoca la gente cuando, en un 49%, afirma que EU es un factor negativo mundial. La encuesta, mundial, la publicó la BBC en enero de 2007.

* Profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid

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