Opinión

La mujer nacida tiene derecho a la vida


La mujer debe defender su vida y su libertad, y los médicos especialistas deben decidir.
A las dos de la mañana llegaron a buscarme a mi casa. Al entrar a una pequeña vivienda, me impresioné muchísimo cuando en la semipenumbra, inclinada hacia adelante y en cuclillas en el suelo, encontré a doña Rosa Balmaceda. Ella llevaba casi dos horas de haber parido una niña que estaba arropando en el suelo. Luego me dijeron que no levantaban de allí a doña Rosa porque tenía “pujo” y no podía levantarse. Me acerqué a ella y vi que estaba en estado de shock. Pedimos ayuda a vecinas y pusimos a la señora en su tabla de dormir.
Sin saber nada de medicina, a la luz de la única vela, corté el cordón umbilical.
En medio de contracciones, ella seguía sangrando y “pujando”, ya le costaba respirar. Una vecina dijo: “Le he dado masajes, pero no puede parir el otro niño”. ¡Santo cielo! ¿Qué otro? Entonces comprendí, y subimos a doña Rosa al jeep que logré conseguir y la llevamos al hospital. La madre desangrada presentaba asfixia y se moría. En ese tiempo estaba vigente el aborto terapéutico y los médicos no tuvieron tiempo de preguntar a nadie, salvaron a la mujer madre nacida. Al día siguiente recogí del hospital a doña Rosa, iba muy débil pero ya llevaba pegada al pecho a su hijita Rosa María.

Autonomía y moral del ser humano mujer
Comprendo que se busque la unidad con la Iglesia y se diga que se quiere respetar la Constitución; perfecto, pero no a costa de exponer la salud de las mujeres. Allí hay un error, porque hemos visto que sin derecho constitucional ni cívico, “la moral religiosa” intervino y manipuló. No está bien, cuando por esa manipulación religiosa se abolió el aborto terapéutico. En esta acción se promueve la mortalidad materna.
Y si de verdad se quiere entrar a un debate, les transmito esta información: en mi peregrinar como poeta pude conversar (entre otros) con teólogos y teólogas, profesores de universidades, de varias religiones. Y fui invitada a participar a un análisis y comentario posterior a una Conferencia Internacional de Teología, realizada en Alemania, donde se cuestionó que en algunos países: “La paz y los Derechos Humanos estaban amenazados por algunas religiones”. En esta Conferencia, entre otros profesores exponentes, participó la Dra. y profesora en Teología, Dorothee Solle, quien sostuvo que: «Según la religión cristiana, los seres humanos tienen derecho a defender su vida y su libertad”.
También conversé con la Dra. y profesora en Teología: Gabriele Specht (Alemania), quien mantiene el respeto a la decisión de la mujer al optar por su propia vida y su salud: “Es precisamente la moral cristiana la que nos indica que cada persona debe decidir según su propia conciencia, entonces las mujeres como seres humanos también tienen ese derecho”. Eso pensamos dijo, y repitió enfáticamente: “Así pensamos y proclamamos nosotros los estudiosos laicos católicos”.
Regresando a la enorme inquietud sobre la potestad que se han tomado los jerarcas religiosos, que por su influencia nos regresaron a las cavernas borrando la ley que autorizaba el aborto terapéutico, como ciudadana mujer dadora de vida humana integral (cuerpo, pensamiento, raciocinio y sentimiento) demando el restablecimiento de la ley que permite el aborto terapéutico. Eso será lo sensato, lo justo. Y si los religiosos se mantienen en contra les ratifica a todos como déspotas mercaderes del templo, a quienes Jesús sacó apaleados de allí.
Mientras estoy en el seguimiento de estos debates, por enésima vez leo el libro: “El Cáliz y la Espada”, escrito por la Riane Eisler, antropóloga y teóloga originaria de Viena y cuyo libro está catalogado como el más importante después del Origen de las especies, de Darwin. El texto en partes dice algo muy sencillo, real y tremendo: “El problema es que en las sociedades de dominio masculino, la pobreza y el hambre de las mujeres están hondamente arraigados”. Allí está la base para que la religión católica nos manipule.
Señores, para que dejen de meterse los jerarcas religiosos: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 10 mujeres mueren cada minuto por complicación de embarazo, parto y puerperio en países donde no se cumple con las reglas de salud preventiva y curativa para la mujer. En estos momentos las condiciones que ustedes recetaron a las mujeres pobres son insanas y brutales.
Señores de la Asamblea Nacional, ¡caramba!, salgan del retraso de una política religiosa mal dirigida. Las mujeres somos ciudadanas, pagamos impuestos, merecemos respeto, justicia y equidad en calidad de vida.
Ustedes deben aceptar que se tomó una decisión acelerada, las leyes son para proteger la salud, la educación y el bienestar y desarrollo económico del país, como veo que están avanzando, pero con esta ley contra el aborto terapéutico se expone a más de la mitad de la población de mujeres. Se les quita su autonomía. Como algunos de ustedes son abogados, conocen las leyes. Reconozcan, se equivocaron y no habrá más problemas, deben rectificar y seguirse la decisión de los médicos especialistas, éstos y éstas son la autoridad científica en la materia y quienes enfrentan directamente el dilema de dejar morir o no a las mujeres nacidas, que en el momento de parir están desvalidas.
Personal de la Asamblea, si de verdad quieren que colaboremos con la paz y el desarrollo de Nicaragua, como vamos viendo en otras acciones como la gratuidad en la medicina y colegios, y tenemos energía, eso me llena de alegría, pero deben ponerse a trabajar y corregir el grave error que se cometió, manipulados por la jerarquía religiosa (eso sí es contra la ley de la República). Entonces, en santa paz procedan con los mecanismos legales para restablecer la ley que autoriza el aborto terapéutico.