Opinión

El gobierno de Enrique Bolaños: la desilusión


La bitácora del viaje presidencial de Enrique Bolaños comenzó con la esperanza, continuó en el desengañó y terminó en la ira nacida del agravio. Las grandes promesas de democracia, de lucha contra la corrupción y crecimiento económico se convirtieron, en los primeros meses de su gobierno, en restauración autoritaria y continuidad absoluta de las medidas económicas de sus antecesores. Intentó sustituir política por mercado, administración pública por gerencia, y fracasó.
La desilusión con el mandatario va más allá de sus políticas. Muy pronto, su estilo desenfadado y aparentemente fresco de comunicarse acabó ridiculizando la investidura presidencial y a sí mismo. Lejos de acercarlo a sus gobernados lo convirtió en presa fácil de los caricaturistas. A lo largo de los cinco años se ganó la animadversión de muchos.
Nadie puede objetarle que en su estilo personal de gobernar se traicionó a sí mismo. Desde un primer momento convirtió la política en espectáculo y al espectáculo en política. Nada faltó en la liturgia del marketing político: actos de fe, cenas de gala, tomas de protesta, promesas idílicas, encuentro con dignatarios y poderosos, discursos.
El estilo personal de gobernar del jefe del Ejecutivo fue: individualista, brincándose las instituciones, de culto a la personalidad, de reforzamiento del presidencialismo empresarial. Allí mismo, más allá del espectáculo, de la reiterada reafirmación de su figura, el Presidente mostró las cartas marcadas con las que jugó a lo largo de su administración: Dios, familia y patria.
Los valores familiares y el nacionalismo retórico son creencias que provienen del estrato más profundo de la Nicaragua tradicionalista que identificó al gobierno Bolaños con una parte del ciudadano común y corriente que busca seguridad y orden. Al lado de los conceptos de calidad total, productividad, competencia, eficiencia y administración por objetivos, se convirtieron en el instrumento para conducir la voluntad de cambio de la sociedad nicaragüense por el camino del conservadurismo.
Durante su campaña, Enrique Bolaños ofreció más empleo. Cinco años después, su promesa sigue a la espera de ser cumplida. En lugar de enfrentar el problema del trabajo informal, lo evadió, haciéndolo crecer. Este incumplimiento de su promesa fue la norma y no la excepción durante su gobierno en el trato con la Nicaragua de abajo.
Colocado frente a la disyuntiva de acabar con el régimen político corrupto heredado del alemanismo o pactar con el sandinismo para alcanzar la gobernabilidad, sacrificando las reformas, apostó por utilizar en su favor los instrumentos del presidencialismo autoritario. Y, en el colmo del ilusionismo, quiso hacer creer al país que las cosas habían cambiado porque Alemán había dejado de manejar el gobierno.
Efectivamente, casi ninguna de las facultades legales o metaconstitucionales sobre las que funciona el presidencialismo nicaragüense fue modificada por el jefe del Ejecutivo. En la designación de su gabinete prevalecieron los intereses de quienes financiaron su campaña a la Presidencia: los grandes empresarios. Los ministros fueron, en muchos casos, gerentes al servicio de los más poderosos grupos financieros y económicos del país, o funcionarios avalados por ellos. El interés privado se colocó en el puesto de mando del servicio público. A la herencia del presidencialismo se sumó la lógica de funcionamiento empresarial. En el gobierno de Enrique Bolaños sonó fuerte la hora del presidencialismo empresarial.
Enrique Bolaños intentó sustituir la política por el mercado, la administración pública por el manejo gerencial, la justicia social por el buen gobierno, la negociación por el orden y la disciplina, la ciudadanía por la clientela. En la “Nueva Era” trasladó mecánicamente la ideología de la empresa privada a las políticas públicas, pretendió presentar lo empresarial, al margen de cualquier evidencia, como sinónimo de un gobierno eficiente, moderno, no burocrático, no corrupto y responsable; sin embargo, más allá de la grandilocuencia discursiva, a la hora de la verdad su Administración resultó ser poco menos que un gobierno de amiguetes y parientes.

*El último libro de Oscar-René Vargas se titula: “Nicaragua 2015: Los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.