Opinión

Al poeta PAC en sus 95 años


Pablo Antonio Cuadra, nombre machadiano, caminando con los caites de tus campesinos, pantalón azul y cotona blanca como su alma, redactando escritos a máquina, larga vida, nonagésima y siempre siglo poético en la poesía del gran poeta.
Dibuja y dibujo al espejo, sentir picasiano, rostro cubista, arquetipo milenario, fraguando el amanecer de la prosa y terminando de cifrar el color y calor del último poema del día. Otro día en la vida de Pablo, como todos los días, tan sólo con una diferencia, ya era más Pablo, observando con sus ojos lo que el cielo ofrecía por sus cuatro costados, tan delgados como sus manos y plumas: eran los monemas, sencillos, pero tan significativos como un grito en la montaña para luego unirlos tan despacito como sus pasos.
El alba junto al cuento y aquella su voz eterna, nica, viva, traslúcida, como su sonrisa dibujada en el rostro del poeta, el mismo Pablo con Cantos de Cifar, navegando en la Mar Dulce, cual música y olas entrelazadas como himno sin par, bajo la aureola ámbar de la luna; por qué no decirlo mejor, casi amarilla, algo así como la luna de los Chorotegas y sus jeroglifos, pétreo estreno de nuestra eterna cultura mesoamericana.
Pablo en diálogo con Rubén, en sus manos el guardabarranco, el zopilote, el zanate y el infaltable clarinero; ya no valía la pena seguir estrujando al cisne de cuello blanco y cuello negro. Fue el momento que todas las iglesias de Granada sonaban sus campanas anunciando que los poetas iban a empezar su tertulia, esa misma que ellos han amenizado siempre a través de los siglos, y que el mundo clásico aplaude y recuerda en cada instante, en cada verso, prosa y/o escrito de dos que son un mundo nuestro para disfrutar adherido a la cultura heredada.

Docente UNI
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