Opinión

Política de educación gratuita en escuelas públicas


Se inició un nuevo año escolar con una maratónica inscripción bajo la premisa que no deben andar niños o jóvenes en las calles en horas de colegios, sino asistir a la escuela y lograr un número de inscripciones superior a los años pasados.
Se prohibió pedir o exigir a los alumnos, por ningún concepto, contribuciones en dinero, vicio de muchos años; los uniformes no serán obligatorios, pudiendo asistir con lo que tengan o puedan.
Las anteriores medidas y la alfabetización fue todo lo que se dijo, parecen ser los pilares de una educación pública masiva que se tiene en mente.
¿Que es gratuita? Hay que comprar útiles escolares, libros, cuadernos, lápices, etc. que tienen un alto costo relativo, y año a año marcan una espiral de precios creciente. Para ser gratuitos esos útiles deberían suministrarse sin costo, no serán de la calidad del comercio, pero sirven igual y no se comprarían. Esta medida puede tener vigencia mientras la realidad económica del país permanezca atrasada.
También se podría dar a los niños algún alimento ligero; en una oportunidad se dio un vaso de leche, financiado por la Embajada de Japón, entiendo.
La solución de asistencia a las escuelas no es masiva ni política, los hechos están y sólo paso a paso podrán ir mejorando. El pasado ya hizo el daño, no es asunto de correr, ni que vengan profesores cubanos o venezolanos, tiendan carpas y los niños se sienten en el suelo.
Durante 17 años los ministros se la han pasado en pugna permanente con profesores, sindicatos y vicios en la institución, y los gobiernos olvidados del sistema educativo que ha acumulado deficiencias muy serias, de infraestructura y enseñanza. Por el arranque del nuevo ciclo, que no se acompañó de un acto o mensaje de algo nuevo, pareciera que la educación mantendrá el viejo camino.
Somos un país atrasado y pobre que debe producir su propio sistema educativo, a tono con sus circunstancias, nada de filosofar ni copiar prédicas de organismos mundiales de la educación, debemos preocuparnos por el futuro con un sistema que contribuya a levantar Nicaragua.
Es fundamental conocer un inventario para saber lo que realmente tenemos y lo que nos falta.
¿Cuál es el número de escuelas públicas en la capital y resto del país?
¿Cuál es el número de aulas para diurno y nocturno?
¿Cuál es la capacidad promedia por aula?
¿Cuáles son las condiciones físicas de los edificios y de seguridad para los alumnos?
¿Cuál es la capacidad total de niños para primaria y pupitres?
¿Cuántas escuelas tienen agua potable y servicios sanitarios funcionando en buenas condiciones?
¿Cuál es el número de profesores por grados o turnos de primero a sexto? ¿Cuántos son graduados y cuántos empíricos?
¿Cuál es la deserción promedia en el total de inscritos en primaria?
Siempre se comentan aspectos diversos en los medios de comunicación, pero el Ministerio de Educación nunca aclara nada. Se supone que el Ministerio maneja estadísticas que debería publicar, pero nunca lo ha hecho, y la opinión pública se maneja a la bulla con declaraciones de cuando en cuando, pero nada de fondo sobre el sistema educativo del país.
Hay que tener siempre presente que el ritmo de crecimiento de la población es mayor, acelerado y sostenido, que el crecimiento de la economía, que maneja una tasa anual en zigzag y que alrededor de esta situación debe definirse una estrategia.
Hay que mejorar la infraestructura en todas las escuelas y darles mantenimiento en cada ciclo. El ambiente en las escuelas estimula la conducta e interés del alumnado.
Debe calificarse al profesorado, entendiéndose que se recurre al empírico porque dicen existe un déficit en graduados, y el número de alumnos por aula debe bajarse a 20/25: el exceso por aula, los maestros no controlan la calidad de enseñanza ni la conducta.
Hasta 1978 la población creció muy por debajo del incremento de la economía y la situación escolar se mantuvo en excelentes condiciones, todo lo contrario a lo que hoy se vive, cuando existe una brecha harto difícil de corregir a mediano plazo. El país está sobresaturado de bachilleres y profesionales universitarios de diferentes capacidades, un desperdicio de recursos.
En la situación en que se encuentra la escolaridad, no hay que desesperarse porque la solución nunca será masiva, y no se cumple con la obligación de educar, actuando a la bulla y con infraestructuras derruidas.
¿Por qué deambulan los jóvenes por doquier, en especial en los cinturones de miseria? Son diversas la explicaciones que se pueden enumerar, y si esas causas no se van corrigiendo poco a poco, no se logrará lo que se busca: educación para todos.
En los ciudadanos de abajo, que son una gran mayoría de la población nicaragüense, no existe núcleo familiar, por lo general el jefe de familia es una madre soltera, abandonada con varios hijos, teniendo que trabajar duro para sobrevivir.
La pobreza desanima porque a los niños hay que alimentarlos, vestirlos, curarlos si se enferman y si es posible tienen que trabajar para aportar a los paupérrimos ingresos.
Desde que se habló de globalización, neoliberalismo y macroeconomía se viene cantando el combate a la pobreza, pero en Nicaragua se le ha cantado cero a la pobreza del pueblo.
Se condicionaron unas condonaciones de deuda externa para combatir la pobreza con el equivalente en córdobas presupuestado, de lo cual la opinión desconoce si eso se cumplió, igual los proyectos realizados. Los gobiernos se resisten a informar al pueblo, y piensan que ellos son dueños del país y no representantes del pueblo a quien suponen rendir cuentas detalladas.
Un grupo del gobierno pasado que organizó una asesoría elaboró un mamotreto sobre el combate de la pobreza, puras vaguedades, nadie sabe en qué paró ese documento que parecía un recetario sin sentido práctico para sacar algunas luces siquiera. Se ganaron miles de dólares en cinco años y para qué.
Sobre pobreza cada quien se echa su chagüite, y se habla de pueblo para arriba, pueblo para allá, para decir que la realidad del pueblo les preocupa, puras mentiras, guatusas. Quienes manejan el presupuesto se recetan grandes tajadas.
Nunca se ha escuchado a nivel mundial ni criollo qué entienden por pobreza, tampoco se han presentado proyectos específicos con resultados nacionales. La pobreza no es cualquier cosa, es un conjunto de carencias y desigualdades entre ciudadanos de una misma sociedad.
Las prioridades para la decisiones de proyectos y ejecución están en función de las características propias en cada caso o país, y en este tipo de decisiones los extranjeros u organismos internacionales no deben tener participación alguna.
La semana pasada el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) abundó en alabanzas a favor de la inversión, inversión por aquí, inversión…, la pastilla de la prosperidad. Bien sabemos que el FMI es agente de las transnacionales mundiales y que su actitud para combatir la pobreza es cero. No existe inversión milagrosa, sólo inversión necesaria para el crecimiento de un país.
La inversión por sí sola no resuelve el hambre, desnutrición, salud, educación, vivienda, seguridad social ni ocupación permanente.