Opinión

El humanismo en la posmodernidad


La historia del pensamiento es paralela a la de la humanización del hombre; el concepto humanismo ha evolucionado cada vez que ha surgido una nueva concepción del mundo y de la vida, es decir, cada vez que el pensamiento se ha renovado, la noción humanismo también ha sido renovada.
En la Grecia antigua, por ejemplo, surgió la noción (antropológico) de que el hombre era la medida de todas las cosas. Con esto se descalificaba a los dioses, ya no era sólo a partir de la intervención de éstos que el hombre podría actuar, ni serían modelos a imitar, sino que el hombre sería modelo de sí mismo.
Aun de modo inconsciente, nos estábamos conduciendo hacia una humanización, y precisamente debido a esa inconsciencia fue que caímos después en la trampa de la revelación.
Tuvo que correr mucha agua debajo del puente antes de que surgieran los pensadores del Renacimiento. Fue en medio del florecimiento de este movimiento generalizado que se adoptó la postura humanista de modo consciente. Fueron estos pensadores los primeros en hacer un gran avance en la humanización del hombre. Contrapusieron la razón a la revelación, causando con ello, por primera vez, una duda generalizada acerca del poder de intervención en nuestros asuntos por parte del dios judeo-cristiano.
Pero tuvimos que esperar hasta el advenimiento del Existencialismo para ser testigos de cómo el hombre toma definitivamente el lugar de Dios.
Jean-Paul Sartre afirma que no existe más mundo que el del hombre, el mundo de la subjetividad humana, no existe más legislador que el hombre mismo.
Dostoievski había dicho antes: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
Concuerdo con los principios humanistas de Sartre, en el sentido de que no hay más mundo que el del hombre y que no existe más legislador que el hombre mismo, pero no estoy dispuesto a adoptar el principio de Dostoievski de que si Dios no existe, todo está permitido.
Propugnamos por una humanización más profunda que la experimentada en el Renacimiento y la del Existencialismo, pero nuestro principio básico será que: si Dios no existe, estamos obligados a hacernos responsables de nuestros propios actos, pues nos humanizamos cuando dejamos de fundamentar nuestra existencia en un ser ahistórico (fuente de pensamiento vertical) y asumimos nuestros actos, malos y buenos, como responsabilidades propias, contraídas en nuestra confrontación con las cosas de nuestro entorno.
Una vez que adoptamos esta actitud humanizada no queda nada en el cielo y todo depende de nosotros.
En el contexto de nuestra filosofía, que pretendemos que sea una filosofía de la acción, fundamentamos nuestra existencia en un haz de creencias, adquiridas una a una (dentro de un espacio-tiempo) de modo experiencial.
Ya no nos mueve el deseo de cumplir ninguna ley moral, ni ningún mandato del más allá, sino el deseo de hacer mejor las cosas, ajustándonos a cada situación de la mejor manera posible.
Cuando trasladamos todo a la tierra, renunciamos también a la posibilidad de alcanzar una existencia absoluta.
Estamos atrapados en una red cósmica, nuestra existencia es relativa, nuestra existencia depende de que otras cosas existan y de que podamos narrar una historia (así como acerca de nosotros mismos) acerca de ellas.
Si no somos imagen de un ser no humano, somos simplemente cosas reales, reales en el sentido en que se nos puede atribuir una forma, en que se nos puede dar una distinción.
Nuestro humanismo radica, precisamente, en saber que no hay nada fuera del espacio-tiempo y que como seres humanos que somos y nada más que eso, hemos tomado conciencia de que dependemos de nuestro contacto directo con el mundo y que es nuestra sensibilidad la que nos permite ese contacto.