Opinión

Una buena actitud



“Se requiere el esfuerzo conjunto y coordinado de todos, superando intereses particulares y partidistas para caminar hacia un progreso moral, espiritual, humano y social basado en la educación, en los auténticos valores capaces de hacer de Nicaragua una nación que sobresalga entre todas las del continente”

Juan Pablo II

Hago remembranza de estas palabras de Juan Pablo II porque en esta coyuntura nuestro país necesita que toda la sociedad en toda su estructura invierta desinteresadamente en la medida que se pueda sus recursos morales, éticos, profesionales, sociales, económicos, humanos, de solidaridad, en el bienestar de toda la población, es decir, que cada ciudadano aporte su grano de arena para construir una Nicaragua próspera, soberana e independiente, como la soñaban Darío y Sandino y todos los hombres y mujeres que derramaron su sangre con el sueño de ver grande la patria.
No es tan fácil deponer intereses particulares y más aún partidistas, pero no imposible si después de hacer profundas y serias reflexiones nos apropiamos de ellas y agregamos voluntad, equidad y responsabilidad para lograrlo; la voluntad para hacerlo, la equidad para saber ponderar con el ojo de los intereses comunes las normas, políticas, acciones, metas, etc. y la responsabilidad para también saber reclamar los derechos o señalar los errores las veces que sea necesario.
La transformación del país no es sólo un asunto de los gobernantes, sino responsabilidad de cada una de las personas que dieron su voto para llevarles al poder. Es la continuidad del trabajo desarrollado durante la campaña electoral, solamente que ahora no es para ganar las elecciones, sino para mantener el poder en manos del pueblo, ganando la batalla en contra de la pobreza, del desempleo, de la salud, de la educación; y eso no es tarea sólo de quienes ocupan los diferentes cargos en los distintos ministerios e instituciones o de los diputados en la Asamblea Nacional, es un compromiso de todos aquellos hombres y mujeres que aportaron su tiempo y trabajo para ganar las elecciones y también de los que no pudieron participar por distintas razones, pero que dieron su voto y que han mantenido su férrea voluntad política e ideológica y la esperanza del futuro. El apoyo es imprescindible y necesario para que cada funcionario haga bien su trabajo, brindando ideas, haciendo críticas constructivas, participando activamente y sobre todo vigilando para que no se cometan errores. El trabajo no ha terminado, hace falta mucho por hacer. Es la transformación del Estado neoliberal en un Estado en función del bienestar social, al servicio de toda la población. Debemos romper con todo el esquema pasado, obsoleto y corrupto y anteponer actitudes personales por una actitud de servicio. Ahora tenemos la gran oportunidad de rehacer la revolución. Es nuestra obligación desempolvar todos aquellos principios que con mucho entusiasmo levantamos como estandarte desde los años sesenta, que fueron el motor y fundamento para con valentía empuñar las armas y derrocar la dictadura a cualquier costo, con nuestras propias vidas. Ahora debemos retomar el pensamiento de Sandino, de Carlos Fonseca, de José Martí, de Darío y de todos aquellos hombres y mujeres que aman la paz para transformar Nicaragua, para hacer realidad los sueños. La lucha continúa.
Hay que dar un poco de cada uno sin esperar recompensas, más que la recompensa de legar a nuestros hijos un mejor futuro construyendo una patria diferente, hecha con la participación de los campesinos, de los obreros, de los estudiantes, de los profesionales, los empresarios, con la participación de la iglesia, como dice la canción: “Juntemos todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos”, y reconstruyamos la patria en reconciliación.