Opinión

¿A qué se debe que existan enfoques tan diversos de desarrollo?


En realidad los enfoques de desarrollo de hoy tienen sus raíces en un momento de la historia y corresponden siempre a intereses determinados y muchas veces determinantes.
Una característica común en la mayoría de enfoques de desarrollo es que consideran a las organizaciones gubernamentales (sean centrales o locales) o a las organizaciones internacionales como los únicos o los principales protagonistas e impulsores de iniciativas de desarrollo, sean de carácter local, regional o nacional.
Aquí se encuentra una diferencia fundamental entre esos enfoques y el enfoque de desarrollo local, pues este último considera que son las personas, la población (rural, urbano marginal) los actores principales del desarrollo y no sólo los eternos “beneficiarios o receptores”.
Obviamente el enfoque de desarrollo humano local no excluye a otros actores, entenderlo así sería un error. La sociedad se fortalece cuando las iniciativas de la población son valoradas y puestas en común con otros actores de la sociedad.
Los ejemplos expuestos muestran a la gente construyendo relaciones y espacios de diálogo con otros actores por el desarrollo, reconociendo la variedad de actores que intervienen en una propuesta de desarrollo, si consideramos que la población debe tener un rol protagónico, ejerciendo su derecho a proponer y decidir como una actividad cotidiana y ciudadana.
Además, cada visión del desarrollo, sea el crecimiento económico o el desarrollo humano local, lleva dentro un enfoque de comunicación.
¿Dónde está entonces la diferencia? El desarrollo humano local asume a la comunicación como una práctica natural y participativa en la toma de decisiones, teniendo como base el respeto o reconocimiento de los otros actores.
Pero hay otros enfoques de desarrollo que asumen la comunicación como un mecanismo para imponer propuestas y proyectos y, en su versión más extrema, de utilización de la gente.
Que nadie se escandalice, pues estas prácticas “comunicativas”, en esencia autoritaria o participativa, no son exclusividad de las propuestas de desarrollo.
En la sociedad hay una práctica errónea y generalizada de entender la comunicación. Va desde el hogar hasta la escuela y las universidades, y sigue por los centros de trabajo, cruza los medios de comunicación y alcanza los órganos de gobierno.
A pesar de la cantidad de medios masivos, de la infinidad de publicaciones, seminarios, conferencias y centros de información, todavía hay un mal ejercicio práctico de la comunicación en nuestra sociedad.
Veamos a la familia y la manera como se toman decisiones. Ésta se caracteriza muchas veces por una actitud autoritaria entre los padres y de éstos hacia los hijos, obligándolos a cumplir con lo que les dicen. La comunicación supone sólo informar sin dar mayores explicaciones o razones.
Este mismo criterio sobrevive, a inicios del tercer milenio, en los colegios y en las universidades. La manera de enseñar está basada en que el profesor o la profesora tienen la verdad, por lo tanto, lo que informan no puede ser cuestionado por los alumnos.
La comunicación también se mal entiende en los centros de trabajo, pues se fomenta una actitud pasiva de los trabajadores a quienes se les ordena cumplir con sus funciones preestablecidas. Una errónea noción de jerarquía impide que exista un diálogo entre jefe y empleado.
La comunicación así mal entendida cruza también a organizaciones sociales, sindicales, vecinales, comunales y políticas.
En los niveles de gobierno es también evidente la ausencia de una práctica comunicativa, por estar bajo la mirada de los medios masivos y la opinión pública.
Así, un alto funcionario de gobierno en la década de los noventa dijo: “Un presidente o un alcalde tienen que ser autoritarios ya que no pueden estar preguntando a todo el mundo qué es lo que deben hacer, eso sería una pérdida de tiempo...”
No hay ninguna diferencia entre esta afirmación o aprobar leyes sin la consulta ciudadana. Eso refleja lo que se está entendiendo por comunicación y desarrollo.
Son muy escasos los espacios en la sociedad donde existe una verdadera comunicación. La confusión empieza cuando se entiende comunicar como el sinónimo de informar. La cosa resulta peor cuando en nombre de la comunicación se manipula la realidad.
La falta de respeto por las ideas de los demás, la intolerancia por incluir las opiniones de otros en las decisiones, la convicción de que consultar a la ciudadanía es una pérdida de tiempo son prácticas cotidianas que niegan la verdadera esencia de la comunicación y la democracia.
Si los gobiernos (centrales y locales) pusieran en debate las leyes o mejor aún recogieran las propuestas de la ciudadanía, es seguro que habría más confianza en la democracia, se tendrían más espacios descentralizados de diálogo y más estabilidad y aplicación de las normas.
Son estas prácticas de comunicación, como intercambio, debate y respeto por la opinión del otro lo que los comunicadores deberían de promover a través de los medios de comunicación y estar atentos a cubrir la necesidad de espacios de diálogo en la sociedad.
El respeto por la otra persona, así no piense como uno, es la base de la comunicación. La comunicación nace de la gente y se propone entender a la otra persona o personas.
(Extracto del libro: Comunicación para el Desarrollo Local)