Opinión

La guerrilla del mercado de Ocotal


OCOTAL
En la cabecera departamental de Nueva Segovia el mercado sigue siendo un buen tema de discusión. Mientras la Alcaldía, encabezada por el edil Marciano Berríos, ensancha las nuevas instalaciones con un nuevo galerón, el viejo sigue resistiéndose a desaparecer. Y no sólo eso, tiende a crecer.
¿Por qué la gente no acaba de irse del viejo mercado, que más bien comienza a parecerse a ese horrible cáncer de caramancheles de plástico negro y reglas que era hasta hace dos años, cuando ya no se sabía dónde estaban las puertas de entrada, las aceras ni las cunetas de las casas de la zona?
Cuando se trazó el proyecto del nuevo mercado se pensó en una instalación muy funcional para mercaderes y su clientela. Pero no se previó que su ubicación provocaría una crisis que no se resolvería satisfactoriamente. Tampoco las características económicas y culturales de unos 25 mil potenciales compradores.
La idea era recuperar el antiguo centro de esta ciudad para el turismo. Al menos fue lo que me dijo en cierta ocasión el ex alcalde Edward Centeno. Se imaginaba una serie de locales (cafés, tiendas, Internet, etc.) llenos de turistas deseosos de conocer y respirar el aún limpio aire de lo que queda de la cordillera de Dipilto, las antiguas minas y termales de Macuelizo y la belleza paisajística de Dipilto y Mozonte, donde se manufactura una de las mejores cerámicas del país.
Hasta la llegada del nuevo mercado, la gente caminaba hasta el centro del pueblo para comprar pequeñas cantidades de cualquier cosa. Lo que llamamos “el diario”. Yo fui uno de tales en mis años de chavalo. Luego de recoger la leche en la casa de Pablo Peralta pasaba por el mercado comprando las verduras del día y la carne.
La mayoría en Ocotal no tiene un refrigerador en casa. Además, no tiene suficiente dinero para llevarse provisiones para una, dos o tres semanas de una sola vez. Y si a eso se le suma que ahora la mayoría debe pagar unos quince córdobas si usa taxi o seis si toma el bus… Ocotal está rodeado por municipios extremadamente pobres (ojalá les llegue muy pronto el programa liderado por Orlando Núñez) y la cabecera departamental tiene al 65 por ciento de su población en la pobreza extrema.
Tampoco se tomó en cuenta que por más de un siglo los mercaderes de Totogalpa y Mozonte han “bajado” hacia el viejo mercado. Tal rutina es cantada en esa fea canción local que describe la transformación de un hombre llegado desde alguna comunidad del municipio de Mozonte y que luego de realizar la venta de los productos que cargaba en su burro “se mama” con abundante licor, pierde todo el dinero y luego, de alguna manera, vuelve a su casa para repetir el ciclo la siguiente semana.
Se les olvidó a los dirigentes que las tiendas de abarrotes, telas y vestidos más grandes de la ciudad y los supermercados se instalaron desde siempre en la periferia del antiguo mercado. Y siguen ahí. Es más, el antiguo Cine Segovia alberga ahora una sucursal de Palí.
Desde el punto de vista político a los alcaldes sandinistas Edward Centeno y Marciano Berríos les fallaron el sentido del tiempo y las comunicaciones, lo que ha sido aprovechado por líderes del PLC para alentar a quienes se resisten a salir del viejo mercado, localizado en el centro de la ciudad, e irse al nuevo, ubicado en la periferia sur. Todo ello ocurrió en medio de una campaña electoral. La pifia fue empeorada por el actual gobierno municipal, que pretendió al inicio de su gestión desmontar la guerrilla a punta de muy cuestionadas concesiones de taxis a los líderes de la resistencia.
Pero la verdadera resistencia la han ofrecido las vende tortillas y las mujeres que llegan desde las comunidades cercanas a ofrecer desde huevos de amor y tamales hasta plantas ornamentales y medicinales, y comales y ollas. A ellas poca gente les prestó atención y, muy calladitas, se quedaron como si nada en sus antiguos lugares: la esquina del Hotel López y la acera donde estuvieron la tienda de Zayda Altamirano y el taller de Ramón Espino.
Paralelamente, los antiguos dueños de las casas céntricas de esta ciudad --que bordea la ruina porque el gorgojo acabó con gran parte de los pinares en la cordillera, y el café dejó de ser lo que era hace años-- refundaron las tiendas que tenían hace tres y cuatro décadas. Los mercaderes del nuevo mercado clamaron competencia desleal y se armó la de San Quintín.
Ahora el problema es cómo recuperar el centro y fortalecer al nuevo mercado en una ciudad que ha crecido explosivamente en los últimos quince años, al punto que la gente se asentó donde le dio la gana. Cómo decir la antigua pista donde aterrizaban los aviones de los USA Marines y la Guardia de Somoza.
Pareciera que la actual administración municipal heredará el problema a sus sucesores. Ya llegó a la mitad de su gestión y nada. La gente no cree que Marciano Berríos sea el hombre capaz de desarticular a esta guerrilla, para que abandonen el centro y se vayan hacia el nuevo mercado.
Pero la naturaleza podría lograr lo que las autoridades no. Hace rato se desplomó parte del antiguo edificio del viejo mercado, que estaba dedicado a la unidad de las repúblicas centroamericanas. Tal vez si se cae el resto de edificaciones, casi toda erigida a inicios del siglo pasado, con puro taquezal, y que sobrevivió al examen que significó el bombardeo de los gringos en 1926. Tal vez. Y quién sabe.