Opinión

El socialismo del siglo XXI


Al leer el artículo de Edwin Sánchez en EL NUEVO DIARIO, o más bien las entrevistas a tres personas con presencia histórica en el quehacer político y del socialismo histórico en Nicaragua uno se da cuenta que tanto los entrevistados como el entrevistador no saben mucho del socialismo del siglo XXI. Lo que no quiere decir que sus repuestas no sean acertadas o no estén cargadas de los fundamentos del socialismo histórico o lo que se llamó socialismo “realmente existente”. Tampoco quiere decir que yo sepa mucho o que haya otros en Nicaragua que sepan mucho. El que sí sabe es el que inventó el concepto: Heinz Dieterich Steffan. Mi interés en esto es el de afinidad política y de curiosidad intelectual, y por la lectura de su libro El Socialismo del siglo XXI, que es la consecuencia de su libro anterior, Fin del Capitalismo Global, de sus entrevistas y escritos posteriores a su publicación inicial en México en el año 2000, y en casi toda América Latina, así como traducido y publicado en muchos países del mundo. Así como también el hecho de haber estado presente en una interrumpida charla, a un grupo de sandinistas, sobre el tema en una rápida estadía de Dieterich en Nicaragua hace algunos años.
En su libro Dieterich explica la gestación de su proyecto histórico y la teoría de los sustentos ideológicos de ese proyecto, su punto de partida: “el agotamiento de los proyectos sociales de la burguesía y del proletariado histórico y la apertura de la sociedad global hacia una nueva civilización: la democracia participativa”. También en él fustiga tanto al capitalismo como al socialismo “realmente existente”. En una de sus entrevistas recientes a la pregunta concreta “¿en qué consiste este nuevo socialismo? contesta con la frase: “En que las mayorías tengan el mayor grado de decisión históricamente posible en las instituciones económicas, políticas, culturales y militares que rigen su vida”. Al hablarnos de de-sacralizar el poder nos dice: “Un anti-autoritarismo racional y ético es la sal del socialismo del siglo XXI”… y nos recomienda “que los presidentes tienen que vencer las tentaciones del comportamiento del poder, mientras que los pueblos tienen que superar el complejo de inferioridad ante la razón del Estado y ver a los políticos como administradores temporales del poder y patrimonio público, no como sus dueños… el equilibrio es delicado y resulta de una doble identidad: la de ser, al mismo tiempo, seguidor de un líder nacional presidencial y sujeto soberano del poder popular. Ambos papeles son necesarios”. También nos deja caer su propia piedra advirtiéndonos: “que la ignorancia no tiene derecho a ser tratada de igual a igual con la razón” y una de Lenin: “Confianza es buena, control es mejor”. Casi al final de la introducción a su libro, en el párrafo que sigue, Dieterich suena un poco apocalíptico, como tal vez sonaba Marx, a sus contemporáneos a mediados del siglo XIX. “El más poderoso indicador del agotamiento estructural de la civilización burguesa es la realidad creada a su imagen, en la cual la existencia humana carece cada vez más de un sentido de vivir. Abrumado por la angustia existencial y cotidiana de su reproducción precaria, sin trascendencia espiritual más allá del consumismo trivializador, el enajenado sujeto tiene sus días contados en la sociedad burguesa… Nadie que tenga ética y sentido común puede creer que el capitalismo o la democracia formal van a solucionar los grandes problemas de la humanidad. No menos ilusorio es pensar que las doctrinas del socialismo “realmente existente” sirvan aun como banderas de lucha y organización mundial, capaces de superar al capitalismo global”. Esta tarea, según Dieterich, corresponde al Nuevo Proyecto Histórico.
El Proyecto de Dieterich es mucho más que eso, es contundente e indudablemente controversial. Aquí en Nicaragua no sabemos mucho de él, ni algunos nihilistas atorados, mucho menos los dueños, directores, editores y periodistas de los medios de comunicación masiva. Todos parecen horrorizarse hoy con la palabra socialismo o el concepto de democracia participativa, aun aquellos dizque dirigentes políticos que en los años ochenta abrazaron e impulsaron ardientemente el marxismo-leninismo y que hoy han abandonado, el cual en Europa ha campeado por más de ciento cincuenta años y que hoy en sus variantes socialistas domina gran parte de Asia, África y América Latina. Nadie se horroriza allí y más bien aquellos países donde hay mayor profundización del socialismo son los de mayor desarrollo económico y prosperidad, rompiendo récord casi todos los años, sin Banco Mundial y FMI, y a los que ahora se han unido Cuba, Venezuela y Argentina.
Yo no estoy planteando aquí si debemos o no abrazar el socialismo del siglo XXI, no estoy calificado para ello, no es oportuno, no es ese el objetivo de este artículo, sino el de que observemos y estudiemos los caminos que están marcando las sociedades modernas, sin temor ni horror al futuro social y político de la sociedad actual. En Nicaragua estamos en el fondo del barril neoliberal que ha profundizado la miseria y la pobreza de las grandes masas a nivel global. Las mayorías nicaragüenses, también empobrecidas, no tienen seguridad alimentaria, ni en salud, educación, vivienda y mucho menos seguridad económica. No tenemos nada que perder. Si hay un gobierno y un liderazgo político, con el valor, audacia y el apoyo popular suficiente que nos pueda insertar en un camino de desarrollo social integral, todos debemos de aportar. El gobierno nos ha invitado.