Opinión

Un nuevo modelo educativo es posible


Arrancar el año lectivo 2007 ampliando la cobertura de la niñez en las aulas es un indicio de éxito para el año escolar en la educación primaria. En realidad, la matrícula inicial es importante, sin descuidar la complejidad que encierra el alcance de otros indicadores, como la retención o el número de estudiantes matriculados que se mantienen en las aulas a través del período lectivo, así como la promoción, que es igual al porcentaje de niñas y niños que pasan al grado superior inmediato.
La experiencia ha venido demostrando que el desarrollo del proceso educativo enfrenta año con año una amenaza denominada deserción o abandono de las aulas por parte de las y los alumnos. Ésta tiene diferentes causas, entre ellas la pobreza, el trabajo infantil, la familia disfuncional y la propia desmotivación de estudiantes por efecto de la aplicación de metodologías inadecuadas en las aulas. Sin embargo, los factores asociados a la deserción pueden ser contrarrestados mediante la aplicación de estrategias, como las siguientes:
1. La gratuidad de la educación, que de manera oportuna está impulsando el nuevo Ministerio de Educación. Ésta se debe mantener, no sólo en la matrícula, sino a lo largo del ciclo, pues es sabido que en años anteriores las exigencias de dinero fueron sistemáticas, provocando la exclusión de niñas y niños de las escuelas. Cabe recordar que la gratuidad conlleva aspectos relacionados, como el acceso de los estudiantes a los materiales educativos, sobre lo cual hay que avanzar en soluciones, pues un niño sin cuadernos, por ejemplo, está en riesgo de abandono escolar.
2. La aplicación de metodologías adecuadas y lograr que el hecho educativo parta de las necesidades, experiencias y vivencias del alumnado, profundizando en la realidad de ellas y ellos, para que encuentren sentido a la educación y promuevan acciones propias en mejora de su vida familiar, social y personal.
3. Promover el trabajo social en las y los maestros y otros actores involucrados, de manera que se logre atender a estudiantes que se ausenten de la escuela y a sus familias. Esto a fin de identificar las causas de los retiros y las posibles alternativas que renueven el entusiasmo por el proceso educativo.
4. Proporcionar atención sicosocial, pues es frecuente que niñas y niños sufran de episodios de violencia, como el maltrato en los hogares. En nuestro país niñas y niños también sufren de abuso sexual y explotación laboral. Estos atropellos ocasionan baja autoestima en los educandos, por lo que desatienden su autocuido y autorrespeto, así mismo pierden la objetividad en el análisis de su realidad. Por lo anterior, la atención psicosocial es fundamental para la inclusión plena de niñas y niños en la educación.
5. Incluir a las familias como apoyo al proceso educativo, pues muchas veces las madres y, sobre todo, los padres participan poco en los planes de los centros escolares y en la defensa del derecho a la educación que tienen sus hijas e hijos.
6. Promover la articulación de otros actores, como las autoridades municipales, las organizaciones comunitarias, los comerciantes, asociaciones gremiales, Organismos No Gubernamentales y empresarios presentes en la comunidad, en beneficio del desarrollo educativo.
Posiblemente se pueda pensar que este modelo es muy ambicioso, para un país empobrecido y desarticulado como Nicaragua, pero la verdad es que se está aplicando con éxito, desde hace algunos años, en la educación de grupos de niñas y niños trabajadores en Managua, Estelí, Ocotal, Somoto y Jinotega, donde se ha demostrado que es posible. El reto es descubrir los aprendizajes de esta experiencia, para propiciar su aplicación en el Sistema Educativo Nacional.