Opinión

Todos los sectores apostando al cumplimiento efectivo del derecho a la educación


IDEUCA
El debate de la educación como derecho es un tema relativamente reciente, y su contenido ha surgido, fundamentalmente, como una reivindicación de las organizaciones de la sociedad civil, en respuesta al discurso dual que, durante muchos años, han mantenido las administraciones de la política educativa del país. Más allá de lo que las leyes del país indiquen sobre este derecho, lo cierto es que se trata de un derecho natural con el que nace cada nicaragüense, lo que va más allá, incluso, de que sea o no reconocido por las leyes.
De alguna manera, para la filosofía que subyace al sistema económico del país, éste no ha sido un tema de interés, por lo que siempre ha quedado reducido a las falacias que han acompañado el discurso de la dirigencia política del país. Esto explica que las administraciones educativas no reaccionaran con la valentía, decisión y convencimiento necesarios ante la gran cantidad de niños, niñas y jóvenes que no asistían a la escuela o la abandonaban, ante el creciente índice de analfabetismo, y que adoptaran políticas inconsistentes con acciones y voluntades suficientemente eficaces para resolver las grandes brechas de equidad. Al parecer, a la par de la clase política, el país entero parecía haberse acostumbrado a escuchar y lamentar la triste situación que envuelve al sistema educativo.
De hecho, si revisáramos la política educativa de estos últimos dieciséis años, veríamos que el tema de la equidad siempre formó parte de ellas, pero las acciones y decisiones gubernamentales que se desprendieron de ellas nunca fueron las que la educación del país necesitaba para que la misma, tal como lo mandata la Constitución de la República, llegara a convertirse, en la realidad, en un derecho humano para todos los nicaragüenses. Es evidente, como lo reconoce la reciente política educativa, que la equidad educativa ha de atravesar un largo camino de logros, desde alcanzar una cobertura total hasta obtener las condiciones apropiadas para que este derecho humano sea a la medida de las necesidades y demandas que tienen los educandos. Como puede verse, de la equidad fácilmente necesitamos transitar a la calidad, de tal manera que no es posible el logro de la equidad si ésta no se funde con la calidad debida en las condiciones ambientales, físicas, curriculares, didácticas, pedagógicas y organizativas.
Los pasos agigantados que se están dando en menos de un mes para el logro de un primer paso para hacer realidad el derecho a la educación para todos son encomiables, a pesar de todas las incomodidades que ello pueda generar para algunas familias, directores y maestros. Hay que tomar en cuenta que no es posible, en un mes, transformar las concepciones, costumbres y formas de organización existentes en el sector; se trata de un proceso largo, sostenido, que requiere de gran apoyo y participación amplia de todos los sectores, para acuerpar crítica y propositivamente toda decisión que apunte al logro de este gran derecho. ¡Ojalá que nadie pierda de vista el horizonte, por entretenerse en los arbustos que obstaculizan el paso! Ojalá que la visión de futuro no sea anulada por una visión de corto alcance.
En este sentido, la comunicación frecuente del Sr. ministro Miguel de Castilla con la población por diferentes medios y sus asambleas con actores diversos para explicar las políticas y decisiones y escuchar reacciones, críticas y propuestas, puede infundir sanidad a la educación del país. Su persistencia y constancia en este diálogo abierto es una clave de éxito para que la sociedad entera llegue a comprender y asumir un compromiso consciente y creativo con todas aquellas decisiones que aporte al logro de una educación para todos, con igualdad de oportunidades y condiciones de aprendizaje para todos. Ojalá que la máxima dirigencia del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) haga de este ejercicio una práctica pedagógica sustantiva, en la que “quien enseña aprende al enseñar, y quienes aprenden enseñan al aprender” (P. Freire).
Este huracán arrollador de esfuerzos, conciencias y creatividad para cumplir con este derecho a la educación no tendrá éxito mientras no se logre plena participación de cada sector en esta dinámica, y mientras quienes aprueban el Presupuesto de la República no se encuentren alineados con esta gran empresa, ni mientras la gestión de colaboración internacional no sea rápida, ágil, sincera y responsable.
Desde la colaboración intersectorial, ahora más que nunca se impone seguir una lógica distinta en la gestación y articulación de las políticas públicas. Ello supone traspasar los muros de un paradigma muy arraigado en la administración pública, desinteresado en articular las políticas, que ha promovido la atomización e ineficiencia de cualquier programa, deviniendo en una visión fragmentaria, protagónica, unisectorial y falta de interdisciplinariedad. En tanto se logre alcanzar la articulación debida entre las políticas educativas, de salud, económicas y productivas, y se instauren los mecanismos de comunicación y coordinación, será posible aspirar a que las políticas educativas sean realmente las que el país necesita, y que las mismas estrechen lazos firmes con las políticas del resto de sectores. De esta manera, la educación se constituirá, realmente, como eje del desarrollo.
Desde el Presupuesto de la República urge que todas las fuerzas vivas del país vibren por el derecho a la educación y por su logro efectivo, por lo que las explicaciones y planteamientos del Ministerio de Educación y del Inatec deben ser prontamente escuchadas e incorporadas por los diputados en el nuevo Presupuesto; unido a ello, los sindicatos, sociedad civil, movimientos, asociaciones de padres de familia y de estudiantes del sistema educativo también debieran acuerpar y visibilizar estas iniciativas. Un ejemplo de lo importante que puede ser esta unidad por la educación lo tenemos en el caso del Inatec, que subsiste con el 2% de las empresas y no cuenta, prácticamente, con un presupuesto gubernamental. ¿Podrá el país avanzar con una educación técnica sin presupuesto, y sin conformar un auténtico subsistema completo y bien articulado con el resto del sistema educativo?
Este esfuerzo torrencial emprendido por el MECD no podrá tener éxito sin el apoyo de todos los sectores. En el nivel local, es imprescindible que las alcaldías se incorporen, con el liderazgo necesario, para aportar a la consumación del derecho a la educación. Las mesas educativas, el conjunto de instituciones públicas con presencia municipal y comunitaria, las organizaciones que impulsan el desarrollo local y comunitario, las iglesias, la Policía, los empresarios, en fin, que nadie se quede sin aportar alguna gota de agua a este torrente de vida. Urge que el Ministerio de Educación logre sumar y no restar, conciliando posiciones, motivando con un discurso positivo capaz de reconocer lo bueno del pasado y lo que es necesario transformar.