Opinión

Un discurso que obvió a Latinoamérica


El discurso del presidente George W. Bush sobre el estado de la nación ha sido poco analizado en América Latina y en países que deberían ser tan importantes (ahora) para Estados Unidos como Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Chile, Ecuador y probablemente más adelante El Salvador.
Se supone que es el más importante durante todo el año del presidente más poderoso del mundo, porque es donde delinea la política, en todo sentido, a seguir en el corto y mediano plazo.
Dicho discurso tiene doble connotación para los latinoamericanos, la América de la izquierda y la América de la derecha. Para los primeros es de extremo gozo porque en el discurso de 50 minutos ni una palabra se dijo sobre nuestro continente, con excepción de Cuba. Y para los segundos, la derecha es de alta preocupación porque sufrirá el abandono por un largo período, en tanto el pantano donde se ha metido en Irak (y probablemente más adelante en Irán y Corea del Norte) no termine aún.
Con la fuerza demostrada por los demócratas en estos primeros días del año, la mayoría ahora en el Congreso, el problema del Medio Oriente se continuará profundizando. Y eso es bueno para la izquierda y malo para la derecha de nuestro continente.
El problema se continuará profundizando, porque por un lado el presidente Bush quiere terminar de una vez por todas con el conflicto, pero el “detente” de los demócratas le creará contrariedad al presidente.
Vamos por parte. Analicemos el discurso que dictó Bush en el congreso esa noche del martes y de ahí saquemos nuestras propias conclusiones.
Fue, efectivamente, de 50 minutos. Empezó hablando del tema económico, que es la base sobre la que se sustenta esta superpotencia económico-militar del mundo. Le dedicó 14 minutos y en ella se delineó los pasos a seguir en materia de salubridad y saneamiento de las relaciones económicas (balanza comercial) con los demás países, que aunque no mencionó a China, imagino que es el principal dolor de cabeza para Estados Unidos, en tanto la balanza comercial la domine los orientales.
También trató asuntos de la economía doméstica que poco o nada atañe a nuestros países.
Luego, cuando iba por el minuto 16 de su discurso y cuando mencionó la palabra “inmigración”, millones de hispanos se pegaron al televisor pensando en una nueva propuesta. Y nada nuevo. Tardó tan sólo dos minutos para decir que apoya una reforma y resolver el estatus de los ilegales (en Estados Unidos) “sin animosidad ni amnistía”.
Hay miles de nicaragüenses ilegales en este país, hay millones de centroamericanos y mexicanos. Los hispanos ilegales suman más de 15 millones y en su totalidad le inyectan a las economías de nuestros países una gran dinámica, pero le crean una dependencia. Este aspecto ya ha sido analizado por los organismos financieros internacionales y por Estados Unidos. Salen miles de millones de dólares de esa economía para nuestros países y eso es lo que más le preocupa a la administración Bush.
Luego, el presidente dedicó cuatro minutos al tema energético y al fin aprobó que se usen nuevos combustibles y vehículos con energía alterna, algo que lo tenía postergado por la esperanza que algún día ganaría la guerra al Medio Oriente. Parece ser esto un paso atrás.
Dedicó un minuto, óigame usted, al tema de la justicia americana.
Entró de lleno al tema de Irak y el terrorismo del cual habló por largos 20 minutos. Este tema es harto conocido sobre el tratamiento de la administración Bush en este país. Fue la parte que menos aplausos recibió.
Habló durante dos minutos sobre cooperación externa y siete se dedicó a destacar valores humanos.
En total, el discurso duró 50 minutos, tuvo 63 aplausos, y ni una mención para América Latina. “Por la víspera se saca el día”.
Por ahora, la izquierda está celebrando porque Estados Unidos tendrá, al menos uno o dos años más, una completa desatención de su patio trasero. Los únicos dos temas que le interesa son: narcotráfico y Cuba. Sobre el narcotráfico es obvio y a Cuba porque fue el único mencionado en el discurso.
Es así como en Colombia jamás llegaría a gobernar una izquierda por la inyección económica que este país recibe de parte de Estados Unidos y Cuba, el eterno rival.
*Periodista y economista nicaragüense.